Currar sin complicarse * El periodista musical de campo y playa

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  Todos recordamos, con mayor o menor nitidez, cómo fue el día que nos sacamos el carnet de conducir. Si fue fácil, si la liamos o si el examinador era un cretino prepotente cuya misión era humillarnos y obligarnos a renovar papeles. En mi caso, de vez en cuando me viene a la mente una frase concreta que le dijo un profesor de mi autoescuela al mío, en el momento de cambio de alumnos. Mi profesor, mientras nos metíamos en el coche, le preguntó al otro: «¿Qué tal es esta examinadora? Nunca nos había tocado». El otro, apoyando la mano en el lomo de la puerta del coche, suspiró y sonrió mirando al infinito a través de sus gafas de sol. Lo resumió con tremenda facilidad: «Ha venido a que le den un paseo y a que no le compliquen la mañana». Aprobamos dos y suspendieron dos más. Quién me iba a decir que escuchar acerca de esa actitud de "que me den un paseo y que no me compliquen el día" me resultaría tan pedagógico y revelador con el paso de los años.

A lo largo de los viajes que he realizado para cubrir eventos, en su mayoría festivales y algún que otro viaje promocional, me he encontrado con multitud de periodistas cuyo trabajo se parecía al de la examinadora: que me den un paseo y no me compliquen la vida. Imaginemos un festival: obviamente, el trabajo que tienes que hacer es el de cubrir el evento, ya sea con una crónica o a través de un breve reportaje. El resto, bah, a gozarlo, como si fuese un festivalero más de estar por casa que va de un lado para el otro pululando con la sonrisilla del enchufao con pase VIP y bebidas gratis (con suerte).

El resultado de este particular flow pachanguero no es solo la publicación de crónicas monótonas, poco nutridas y con escasa relevancia, sino que, además, ese será el único trabajo que quedará plasmado como supuesto profesional y como alguien que tiene la oportunidad de contar algo. Todo lo que sea improvisar, intentar acceder a otros lugares, zonas o artistas, o incluso salir del plan que supuestamente te han preparado los organizadores, queda totalmente fuera de plano, como si sencillamente esa opción fuese impensable. No me compliques la mañana.

En uno de estos viajes, tuve la suerte de conocer a un periodista inglés, Michael Hunst, que no formaba parte de 'nuestro grupo' de periodistas, pero que sí estaba en el mismo viaje promocional. Su actitud era otra, todo el rato. Consiguió más rato para realizar las entrevistas, tenía una agenda de festivales en mente y preparada para los próximos meses, algunos de los cuáles yo ni siquiera había oído hablar, y no pensaba seguir al grupo porque no le interesaba en lo más mínimo ciertos protocolos que supuestamente debíamos seguir. Como solo hablaba inglés y no era de los nuestros, el resto de periodistas del grupo le ignoraron completamente. El interés que el tipo em despertó fue total, y al segundo día estábamos ya tramando la escapada nocturna hacia otro club diferente al que teníamos que ir si nos interesaba quedar bien. Nos escapamos y seguimos nuestro plan. La recompensa fue que, como era de esperar, en el otro club Michael encontró a otros colegas periodistas, managers y directores de agencias que venían de todas partes del mundo y con los que estuvimos toda la noche bailando, charlando y tramando posibles colaboraciones para, quién sabe, otra ocasión. Complicarme la vida de aquella manera, que para mí fue más bien tener la sensación de dejarme llevar por el lado de lo novedoso y lo desconocido, resultaría ser una acertada decisión que a día de hoy todavía recuerdo con especial cariño y que hizo que la resaca del día siguiente fuese mucho más llevadera.

De todos modos, tampoco quiero cargar contra las personas que viven su profesión con esa actitud de 'que no me compliquen la mañana'. Gracias a esa examinadora, aprobé el examen de conducir sin saber aparcar en batería.