Pérdida de iPhone y noche de vástagos un 24 por la noche

Son las 9 de la mañana. La cosa no ha salido tal y como estaba prevista. Salir un 24 por la noche tiene su encanto. Las discotecas están medio vacías, se respira un aire anacrónico, es decir, todo el mundo sabe que no debería estar ahí. El 24 por la noche es un día para quedarse hasta las tantas repasando anécdotas familiares, preparando los regalos de Papá Noël, fregando los restos de langostino, tratando de indicarle al abuelo por enésima donde está el baño de su propia casa. Una noche de copitas de vino, de turrones. Pero no de techno ni alcohol ni meter a 15 personas el piso #hiptheraval. Era un día para ir a Razz. Pero acabamos en el Nitsa. En realidad, daba igual. En casa hay mucha birra. Todo está cerrado, menos los pakis ambulantes, los únicos que trabajan el 24, junto con las prostitutas y las camareras. Estamos casi todos. Un amigo que conoce a astronautas y que vive en Dublín. Un chico que estudió cine y ahora vende móviles y antes trabajó pilotando aviones teledirigidos en Toys r Us. Y también están Lolita y Monsieur, y una chicatechno y su amiga. La amiga tenía un escote muy bien escondido. Y también está Rockstar y su amigo de Puigcerdà. En el piso hace calor. El aire se condensa, el fumadero acecha.
Nos contamos movidas, ya que la mayoría no se conocen entre sí. Y mi amigo japonés a la segunda cerveza ya está de color rojo. Hablemos de Monsieur.
Monsieur, cuando escucha la palabra "Francia, francés, París" tiene una erección descomunal. Es como el perro Pavloviano pero en modo erótico-linguístico. Resulta que la madre de escoteescondido es francesa. Y esto le gusta a nuestro amigo Monsieur. Mientras el licenciado en cine, al que llamaremos cinexín, explica aquella vez en la que controlando el avión rosa teledirigido de barby atacó a un niño que quería bajarle los pantalones, pasa a desmenuzar sus dotes poéticas con su nueva amiga.
-Verás, chèrie, creo en el lenguaje. El lenguaje es como una muleta para los inválidos. Ante este mundo cruel que tanto daño nos hace, escribir poesía me permite descargar mi sensibilidad, darle cuerpo, una rima, un estilo. Cuando escucho la llamada de mis versos, me siento realizado. 
Y entonces me hace traer el libro en el que están publicados sus poemas. Lo voy a buscar tambaleándome. Me abro paso entre los invitados. Mi amigo japonés está levitando, ha entrado en el modo Zen. Suele hacerlo cuando no se entera de nada. 
Dejo el libro en las manos de escoteescondido. Monsieur sonríe y me guiña el ojo. 
Lolita y yo hablamos de Sónar día. Este año iremos, le prometo. Bailaremos la conga con todos los hipsters y visitaremos el baño del CCCB tantas veces como haga falta, en compañía de todo aquel esnifador que quiera acompañarnos.
Chicatechno no para de poner temazos. Y todavía tengo mi iPhone. Ese bien material preciado que tan útil me es. Envío twitts, hablo con desconocidos, saco fotos de cosas que veo por la calle, juego a Tintín con los ojos cerrados. Lo uso como abridor. 
Dan las dos de la noche. Rockstar sonríe, le veo relajado. Estamos en nuestra salsa. El 24 es un buen día para salir, los desubicados nos merecemos, de vez en cuando, días así.
Monsieur recita en voz alta la última estrofa de su más reciente creación ante la estupefacción de escoteescondido.
Escoteescondido estudió derecho, pero obviamente su capacidad de abstracción no estaba preparada para asimilar tal cantidad  de información, y mucho menos de comprender lo duro que es incorporar a tus genes la concepción moderna del ser humano que el derecho a organizado y burocratizado. Así que lo dejó después de tres años. Y se pasó a diseño de interiores. Uau. Es muy importante saber colgar cuadros y poner floreros encima de una mesa.
Salimos de casa. Nuestro amigo que conoce astronautas sonríe. Se parece a Goku. Lleva el pelo rizado muy largo. Está cachas. Estuvo saliendo con una amiga mía durante mucho tiempo. Ya no me hablo con ella. Pero no pasa nada.
El piloto de aviones barbie y él se retiran. Quedamos los rezagados. Más birra. Mucha birra. Demasiada birra.
Llegamos al Nitsa. No hay cola. Está bastante vacío. No pasa nada. Es lo bueno de no tener expectativas. Entramos y voy al baño. Bailamos cansinamente.
La chica escoteescondido lo muestra. Qué tetas más firmes y bailongas. Un lujo que una diseñadora de interiores en potencia nos acompañe esta noche. Y esto lo sabe Monsieur. Lleva tres horas empalmado. Y es hora de vaciar los bajos. Pero siente una especie de bloqueo poético. ¿Qué haría Rimbaud en este caso?
-Monsieur, tu amiga ya está rodeada de zumbados. No dejes pasar ni un segundo más. Lo has dado todo.
El uso del pretérito, a consciencia, "lo has dado todo", dándole a entender que es demasiado tarde, lo cataliza a la acción. ¡Zas!
Monsieur se avalancha encima de escotedescubierto, pega unos movimientos de cadera sublimes. Ella responde, de primeras, con aceptación. Pero luego la cosa se tuerce. Mi amiga techno me comenta que tiene novia. Mierda. Abortemos la misión.
Se lo comunico a Monsieur, sintiéndome muy orgulloso de su acción. No pasa nada, lo importante es darlo todo.
Recordemos que al andar por la calle escoteescondido estaba muy preocupada por saber el nombre de la calle por la que íbamos. Y también por el nombre verdadero de uno de los integrantes del grupo. Cosas de la edad.
Lolita baila y sonríe. Todo el mundo aparece con cubatas en la mano. Eso está bien. Todos bebemos más de la cuenta. Esto puedes hacerlo hasta los treinta. Si lo continuas haciendo después, bajo cuenta y riesgo de exclusión social.
Las horas pasan y salimos a fumar. Todavía tengo mi iPhone en el bolsillo trasero. 
Fuera compramos más cerveza. Una chica llorando nos pide el móvil para llamar a su novio. No le pilla el móvil. Está muy perdida. Le decimos que venga de fiesta con nosotros. No quiere. Sigue llorando. Tendrá 19 años y está muy triste. Su novio la ha abandonado. Mala persona.
Tenemos que negociar con los porteros para volver a entrar. Y también hemos conocido a un chico y una chica. Queremos drogarnos todos. Pero todavía no tenemos merca y todavía tengo mi iPhone en el bolsillo.
Cierran la sala. Salimos a la calle. Ya nadie habla con nadie, todos estamos perdidos ante nuestro etilismo. Gritos, frío, tambaleos. Nos ofrecen coca. Buena opción. Más cerveza.
Me voy a un callejón en busca de la merca, entro en un portal con un tío con gafas horribles. Debajo de una baldosa saca la merca. Qué bien. Regreso contento. Todo ha salido bien y no me han pegado. 
Pero entonces chequeo mi bolsillo trasero y mi iPhone 4G 32gb no está. Me quedo sin 1.200 fotos y sin whatsapp y sin un juego que permite controlar el semáforo y hacer que los coches pasen y, cuando te apetece, los haces chocar.
Todo se gira ante este suceso. Me encuentro mal. Todo tiene menos gracia. Caminamos hacia mi caso. Japoman, Monsieur, Lolita, moi. 
-No te agobies. Cosas que pasan. Ha sido ese tío de tez oscura que te ha venido por detrás. Ya robarás tú otro. No pasa nada. Yo he perdido 5 blackeberry-comenta Lolita.
Al llegar a mi casa, nos debatimos entre meternos las clenchas o dormir. Pero yo no estoy para clenchas. Mi vínculo con Steve Jobs se ha perdido y me siento triste. Nos acostamos los cuatro juntos.
Monsieur sigue con la erección, japoman levita, Lolita sí usa su Blackberry. Yo estoy mareado.
Pero tarareo este tema, y todo va mejor.

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