$$$ / Paris Set Week VI /

Leyendo de nuevo a E.F.F, gran guía espiritual de la era afterpop y del hombre sampler, siento la cercanía del capital. De la pasta.
La pasta (de ahora en adelante $$$) es, cómo decirlo, el único bien material que vive realmente. Crece, se reproduce, fecunda, viaja, seduce, se pierde, se cambia, se falsifica. Sus propios movimientos, que fluctúan en bolsa (p.e), reflejan pensamiento, las variaciones bursátiles responden a miles de mentes humanas pensando en $$$ y los factores que mejor permitirán su reproducción exitosa. Todo se puede medir en $$$. No nos engañemos. El saber acabará traduciéndose en libros publicados, conferencias, recuerdos, camisetas con la cara de Platón. El saber en sí no tiene precio, pero su expresión mundana se cuantifica en $$$. El sexo, mucho más fácil, es dinero. Los hombres pagan, las mujeres también. El propio servicio, los vibradores, los chats de ligue (tan divertidos y lúdicos, por cierto). En fin, los ejemplos podrían diversificarse, expandirse, pero es deber de cada uno dedicar algunos centavos de sus neuronas a pensar en ello (siempre y cuando no esté hablando con Einstein por un teléfono interestelar). La música, la cerveza, el agua, el sol. Todo es $$$. El éxito del sol se resume en la cantidad de gente que compra gafas de sol, o bien relojes solares o navega cuando no llueve, o cuando se suicida con un cuchillo IKEA al llevar cuatro meses sin verlo.
Hace algunos días dibujé un graffiti en una esquina de París con el símbolo de la paz. Era una distracción para que la masa de $$$ se quedará ahí pegada, buscando cómo penetrar en ese símbolo tan bonito e inocente. Mientras tanto, me fui al bar de la mafia, me senté en el fondo, y saludé al dandy de la puerta. Saqué la billetera, y la dejé en la mesa. La $$$ que me sigue a todas partes. Me acosa, como a vosotros. Os caiga bien u mal, ahí está, tocando las narices. Si tienes, pesa, si no tienes, te jode. Es lo que hay. Salí borracho del bar de la mafia y regresé a donde había dibujado el símbolo de la paz. En efecto, la gente había ido depositando algunos céntimos de euro, un tipo se había sentado a tocar la flauta, con su perro. Un flautaperro que, ubicado en su lugar, siguiendo la señal de la paz, ganaba pasta con mi creación "paz". Otro día quizá lo haga en frente de un cementerio.
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