Otro piso de estudiantes. To avoid.

Mi amigo tiene una brand new novia rusa. Es guapa. Es simpática. Es más inteligente que él, como en la mayoría de los casos. Cruzamos la Ronda del Mig en moto superando el límite de velocidad y haciendo eses. Ella va en el asiento trasero y le acaricia la entrepierna. Encontramos la dirección gracias a Google Maps. Zona baja de Sants. La escalera del edificio está dividida en dos bloques, cerrados por una puerta metálica que recuerda a las de una cárcel. No sé quién está en esta fiesta. Mi amigo me ha dicho que habría gente y bebida, y algunas tías. No me da buena espina, quizá debería estar en casa fumando pipa y leyendo Ryu Murakami. Entramos en el piso. Al llegar al comedor veo unas 10 personas sentadas comiendo aperitivos, apalancados. En 3 segundos veo el percal. Están soberanamente aburridos. Analizo. 4 chicas, 2 gordos, 4 tíos completamente prescindibles. Uau.
He caído en mi propia trampa social. Me recuerdo a mí mismo que mi capacidad de socialización es limitada, y que cada vez soy menos tolerante a la hora de conocer a gente nueva que no me aporta nada. Nuestro tiempo es limitado, y no es gratis. Recuerda Vanity, joder:  es intrascendente la relación con personas de otros universos, ni que sean cercanos, cuya aportación recíproca roza la nulidad. Lo peor de todo es que mis prejuicios nunca fallan, sencillamente son juicios menos racionales, pero igual de acertados.
Saludo a todo el mundo con muy falsa afabilidad, y escucho con inquietud la radio en una minicadena con mal stéreo. La música es cualquier cosa. El sofá es cualquier cosa, las sillas son cualquier cosa. El ambiente es cualquier cosa. La comida es cualquier cosa. Cualquier cosa es cualquier cosa. Todos lucen sonrisas relajadas y hacen coñas fáciles, nadie explica nada y, lo peor, lo revisten de una normalidad insoportable.
Me entretengo mirando el escote de la brand new novia de mi amigo. Y hablo con una de las chicas.
-Hola, ¿es tu casa?
-Sí, aquí somos 4 chicas. Yo soy la que llevo más tiempo.
-Qué bien. Se nota.
-¿Por?
-¿A qué te dedicas? No estás del todo mal.
-Estoy en un máster de neuropsicología, y trabajo en un curro de mierda.
-Neuropsicología, lo que estudiaba mi ex. Y lo del curro de mierda, es todo un clásico, si no perteneces a una familia de trayectoria burguesa es difícil colocarte hoy en día, a no ser que tengas una 110 de pecho, que no es tu caso, por lo que veo.
Ya tengo una nueva amiga más. Confirmo para mis adentros que no regresaré a este lugar. Llega un chico que estudiaba conmigo en el instituto. Sigue igual de gilipollas. No, peor, ahora trabaja en una tele local de las afueras de Barcelona.
El ambiente rebosa mediocridad. Hay un tipo con ganas de destacar de manera adolescente que incicia la tertúlia del alcohol. ¡Tenemos alcohol de la República Checa! ¿Quien quiere birra? No seáis nenazas.
Saco el iPhone y busco mi nombre en Google, me tranquiliza ver que el puntocom sigue saliendo en primera posición.
Una de las tres chicas lleva minifalda y tiene los dientes un poco torcidos, parece la más niña de todos. 
Estamos sentados en las sucias sillas de la terraza, y todo el mundo alaba la suerte que tienen las propietarias de tener una terraza tan chula. A mi me parece una mierda, especialmente para el uso que le dan.
Sacan las botellas y los vasos y se supone que ahora vamos a hacer un juego con la bebida. De estos de los niños de 16 años. Es una trampa para mi cordura. Me mareo. Apoyo mi mano en las piernas de la chica de la minifalda, y su novio me mira mal. Le guiño el ojo y luego miro al cielo. No veo ni una estrella. Solo un gran reloj de arena que va goteando el paso de la noche sin sentido.
El primer juego consiste en ir haciendo gestos con las manos con la persona que tienes al lado, algo así como "KIA", y va pasando el turno alrededor de los presentes, hasta que cambia de sentido o uno se equivoca o no sé qué mierda más. Me da igual. Si me equivoco siempre, por lo menos podré emborracharme y pasar mejor el rato. Pero ni esto me apetece. Prefiero las piernas de la chica de la minifalda.
El juego avanza, el memo que farda con el alcohol está en su salsa. Mi áurea se eleva por encima de todos ellos y les compadece. Supongo que la cercana visita del Papa eleva mi espíritu compasivo. Lo que más me preocupa de este grupo es que 1)estoy con ellos 2)Son mayoría3)Son mayoría en la sociedad.4)¿Debería precuparme todo esto?5)No, en términos de excelencia, la mediocridad siempre nos beneficia.
En mi casa me esperan muchas cosas. Libros, música, cerveza buena, soledad, tabaco.
Me largo. Antes de abandonar el piso de estudiantes número 2.000 que he visitado, con la misma sensación de melodrama barato que tuve en el primero, hablo con mi amigo de la novia rusa. Gracias por invitarme, de verdad, pero no me jodas otra vez. Estoy harto de encontrarme a gente sin futuro que se queja de ello y luego tiran su puto tiempo jugando a esta mierda alcohólica y absurda. No soy una ONG, no ayudaré a esta gente a salir de su basura, ¿de acuerdo? Cada uno crea su propia basura. Mi vida es un vertedero de fracasos dorados, y este antro es un nido de mierda torrencial. No formo parte de esta generación de perdedores. No es que yo no sea un perdedor, pero juego otras batallas. Estoy harto de los pisos de estudiantes en los que abunda:
-El New Age barato: velas de IKEA, incienso de la herboristería del barrio.
-Ser de izquierdas y no haber leído a Marx (intolerable en los años 70, por ejemplo).
-Leer a Haruki Murakami por las noches sin conocer a Ryu Murakami.
-Montar fiestas que no terminan con una orgía ni con un polvo de reconciliación.
-Haber estudiado carreras y haber sido incapaces de ir más allá con los compañeros de clase que para jugar a las cartas en el bar.
-Ir de viaje por Europa en mochila y hacerse autofotos en las que se ve el brazo aguantando la cámara y las ojeras de los protagonistas. En sitios tópicos como Coliseo de Roma, Torre Eiffel, o en el albergue de turno.
-Mobiliario IKEA mezclado con la mierda de mobiliario senil que ya estaba en el piso.
-Pósters de Trainspotting y Scarface y Amélie.
-Una vida con sabor light que pretende venderse como "alta en cafeína"
-Una tele siempre encendida con cualquier teleserie que supuestamente todos odian.
La lista es interminable, hasta el hastío. Pero hace tiempo que intenté substituir el odio por la indiferencia. Encontrarme de nuevo con este tipo de realidades, que si mi vida hubiera sido de otro modo quizá yo mismo formaría parte de ellas, me sobrecoge más que ver a un pobre gatito atropellado en medio de la Diagonal. Los universitarios de este nuevo siglo dan más pena que en cualquier otra época. Se suponen que son más refinados que el resto de la gente de otros estudios. Más cultos, más viajeros, más interesantes, más atractivos, más abiertos. Mentira, no lo son. Únicamente son especialistas en juegos etílicos y conversaciones intrascendentes que pueden alargarse hasta las 6 de la mañana. Por suerte, a las 2 ya estaba en casa.   
Jugando de otra manera con la chica de la minifalda.

*anotaciones: se incluyen en le texto diversas generalidades, generalización, elitismos provocadores, calificativos exagerados, provcaciones gratuitas, desprecios voluntarios...Sí, con mucho gusto.

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