Orgía en Berlín

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7.06a.m
-Una habitación doble, porfavor.-He entrado con Anne dando tumbos en un hotel cercano al club Watergate. El taxista ha sido comprensivo cuando ella me estaba haciendo una paja en dirección al hotel.
La conozco desde hace media hora. Es pelirroja, habla un inglés perfecto y viste al estilo raver, con minifalda tejana y medias negras y una chaqueta ceñida a juego. Lleva maquillaje en proceso de desaparición. Habitación 204. 198€. Pago con tarjeta. Para que funcione, la recepcionista tiene que quitarle unas motas de polvo blanco.

6:20 a.m WATERGATE CLUB (flashback)



Salgo del baño con Hans Van der Drogen. Me sorbo la nariz. Las rayas de Speed que acabamos de comprar sientan estupendamente bien. Nos hemos drogado con otro chico en el baño. Los tres. El tipo llevaba dos gramos de cocaína. En el baño de al lado estaban follando. Al salir hacia la sala principal una chica choca contra mí, de cara. 
-Chica, me has asustado-miento-. Consternada, me da un beso. Van der Drogue la anima:
-¡Dale otro, rancia!-la chica cumple. Esta vez me muerde el labio inferior y me mira sonriendo. Nos enganchamos y la empujo agarrándola del culo hacia una pared negra. Continuamos besándonos. Un tipo con la cara a cuadros se nos queda mirando fijamente. Le guiño el ojo. La pasión y la suciedad morbosa se adueña de nosotros. Hans van der Droge aprovecha para llamar a su amiga báltica, previendo que lo mío para largo.
7:10a.m
Tumbados en la cama de la habitación, Anne (nombre que he sabido más tarde) me desabrocha el pantalón con una mano. Mi polla pide paso, sus pezones exigen atención. Doy un sorbo a la cerveza mientras ella recorre mi cuerpo hasta la polla con la lengua. Miro al techo, pienso en la bienvenida que me ha propiciado Berlín. Hace frío, y por ello la juventud berlinesa opta por el sexo y la droga y el techno para sobrevivir. Y lo hacen de puta madre.
7:12a.m
Suena el móvil de Anne. Habla en alemán. Me mira. 
-¿Te apetece que venga una amiga? Así lo pasaremos todavía mejor.-El escenario sexual se multiplica. Una chica lanzada y abierta de mente. Me gusta Berlín. Viva los threesome.
Dos chicas para satisfacerme, y a las que satisfacer. La libertad sexual que propugnan estas mujeres es digna de suplantar los monumentos a Stalin de la antigua URSS.
Llaman a la puerta a los pocos minutos. Anne se levanta y abre la puerta, desnuda. Entra una chica y, oh, sorpresa, un chico, un compañero de pollazos. La chica es 100% alemana. Rubia, ojos azules, alta, con un cuerpo ligeramente por encima del peso anoréxico ideal. Me levanto con la polla dura a saludarles. La chica, Chris, me agarra la polla. Tiene un aro en el labio. Y quiere chupármela. El chico sonríe y asiente. Tiene pinta de italiano, pero habla perfecto alemán. Tampoco importa. Un compañero de batallas. Eso está bien. Compartir de vez en cuando mejora el karma sexual.
7:35a.m
La ducha es pequeña, pero cabemos los cuatro. Anne, agachada, le come la polla a Nico, y Chris a mí. Acaricio el cabello rubio de Chris y subo la temperatura del agua. El vapor glamouriza este tipo de escenas. La predisposición de ambas chicas y la normalidad con la que afrontan esta orgía improvisada me hace sentir más cerca de la condición humana. El mundo, a veces, gira en favor de los buenos.
Era inevitable. El cruce de miradas de hombre a hombre. Los ojos de Nico y los míos se encuentran. El sudor de nuestras pieles está siendo absorbido por dos bocas rendidas a nuestro respectivos prepucios. Asentimos, el uno al otro, y surge una sonrisa compartida que ocupa la extensión del ex muro de Berlín. El sexo en grupo con desconocidos debería ser una asignatura obligatoria antes de llegar a la Universidad. Y, como no lo es, buscarla puede ser una odisea, menos en Berlín y en las despedidas de solteras.
Chris y Nico salen de la ducha, los pezones de Chris apuntan en dirección crepuscular. Anne también sale de la ducha y se sienta abierta de piernas en la pica del baño. 
-¿Do you wanna fuck me now?
El doble juego de espejos. Me miro al espejo mientras Anne grita. El espejo del baño, con la puerta abierta, me permite ver el espejo de la habitación, en el que se reflejan los cuerpos de Chris y Nico. Nico está follándose a Chris a cuatro patas. Y escucho gritos de las dos chicas que se funden en uno, y todavía me llega el techno de Watergate como una reminiscencia lejana de otro tipo de placer.
Salimos del baño dejando varios condones a nuestro paso. Abro otra cerveza, fumo un cigarro, me reconcilio con la vida una vez más.
8:29a.m
Anne tiene 23 años y Chris 29. Ambas estudian en la Universidad diferentes cosas. Y Chris parece más relajada ante la situación orgiástica. Propio de su experiencia.
Chris abre las cortinas de la habitación y veo un Berlín nevado, entregado al frío y a la gelidez. 
Me agacho lentamente y recorro los pezones de Chris con la lengua. Ella permanece de pie, quieta, y posa las manos en mi nuca, y aprieta. 
Completamente rasurada, su coño es una delicia alemana, incluso más estimulante que tener un accidente ebrio con un Volkswagen Scirocco a 210km/h.
Aguanto el cigarro en mi mano derecha y el regusto de la nicotina se entremezcla con su flujo vaginal, en una diáspora sensitiva que mueve blogosferas.
Aprieta mi nuca con fuerza. La tumbo en la cama. Chris se acerca gateando hacia Anne, que está siendo follada por Nico. Chris le chupa los pezones a Anne, y yo beso a Anne. Anne es, en este momento, el epicentro receptor del placer. Nico me mira de nuevo, su polla arranca aceleradamente, y mientras él sale de Anne para metérsela a Chris, yo se la meto a Anne. Y así seguimos alternando como un buen equipo.
9:43a.m 
Nico apoya a Chris en la mesa auxiliar, y se la folla de pie. Yo hablo con Anne mientras ella me hace una paja.
10:09a.m
Los cuatro, tumbados en la cama, compartimos una cerveza. 4 cigarros. 4 sonrisas. 2 pollas servidas. 2 coños delirando.
Abandonamos el hotel despeinados, con ojeras, y no nos quedamos al continental breakfast incluido en el precio. Otro taxi nos espera en la puerta.
No creo que nos volvamos a ver. Este tipo de uniones no precisan continuidad. La elevada dosis de conexión pervive en el tiempo, se dulcifica, se integra en la manera de ser de uno, y Berlín y la excelencia ya no volverán a ser igual, el ascenso existencial repunta, y la felicidad es hegemónica.
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