Operación finalizada

-Te  notarás un poco borrachín- me dijo la enfermera mientras me administraba un calmante intravenoso.

-¿Fumas?- prosiguió mientras cada vez veía más borroso.
-Sí, mucho.
-Bueno, la anestesia será global, así que te colocaremos un tubo en la boca. Al ser fumador, tienes más mucosa. Cuando te despiertes tendrás el cuello irritado.
Me levanto, miro a mi alrededor. Mi padre contempla el jardín trasero del hospital mientras saborea un Whisky con hielo. Mi madre duerme en el sillón. Carraspeo, tengo la garganta destrozada y me duele la cabeza. Pienso que mi estado es más parecido a cuando vuelvo de Monegros Desert Festival que no al de una operación por rotura de clavícula. Mi estómago se revuelve y un seguido de eructos indican a mis padres que ya me he levantado. Mi padre me mira sonriente y termina el Whisky de un trago.
-¿Cómo estás?- pregunta mi madre.
- No lo sé- Respondo sinceramente. 
Tengo el suero conectado en la mano derecha; me siento nenaza, pero me da mucha angustia. Un sin fin de gotas permean mi piel para proporcionarme ahora calmante, ahora antibiótico. 
Me levanto a mear con dificultades. Llevo unos calzoncillos blancos muy finos que me han regalado en la clínica. Mi padre, algo ebrio, se fija en mi pelo moreno despeinado, en mi bata blanca y en que ando jorobado y suelta:
-Pareces Jesucristo! jajaja!. Le miro de reojo, estoy cansado y quiero dormir.
Me despierta la voz de un amigo. Ha venido a hacerme un rato de compañía. Mis padres se van a la cafetería mientras él y yo nos ponemos al día y le explico con detalles cómo me encuentro. Responde por mi a los mensajes que tengo en el móvil. Nos reímos y en ese momento me da un blancazo. Sudor frío por todo el cuerpo y nauseas. Me abanica con el diario y lentamente se me va pasando. Me recupero. Me traen más suero y una ensaimada para merendar. Mi amigo se va. Me vuelvo a quedar dormido.
Después de cenar, miro House en la Cuatro. Muy apropiado para verlo desde un hospital (me asaltan todos los miedos posibles). Sobre las 24h es cuando aparece la enfermera más guapa que he visto en todo el día. Tengo ganas de hacerle la encuesta "¿cuantos pedos crees que te tiras al día?" pero me reprimo y sigo mirando la tele. 
Durante la noche tengo pesadillas. Sueño que una gorda se sienta encima de mi, obligándome a despertarme y mover los brazos sin querer. ¡Qué dolor! Es un sueño. No hay gordas a la vista.
A las 8h de la mañana recibo otra dosis de suero. Es la última. Termino de leer "El niño con el pijama de rayas". El médico acude puntual a las 12h. Un chequeo rápido certifica que estoy bien. Ya puedo irme. Tengo una placa metálica de unos 7cm de largo que une las tres partes de mi clavícula izquierda. Bonito cuadro.
PD: este post ha estado escrito con la mano derecha exclusivamente y con un humor de perros. A 37.5º de fiebre. Mañana será otro día.
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