Oh shit. Tocando fondo kicks again.

Si tocar fondo fuese como un equipo de fútbol comprado por un jeque árabe aburrido, este fin de semana habría vuelto a ganar su puto partido. El destroce mental y derroche de neuronas de ayer domingo fue tan absurdamente excesivo que llegué a preocuparme. Cuando me preocupo por este tipo de cosas, por estos ciegos totalmente gratuitos y pedestres, suelo hacerme muchas pajas. Me conecto con las pupilas apuntando a Saturno a algún chat guarro ruso y comienzo a soltar basura a cualquier chorba -o que se hace pasar como tal- hasta que termino aburrido de tantas mierdas enfermas que suelto. Que sí, que de rodillas, como si Stalin  te estuviese castigando por haberte escapado del gulag. Venga, moza, bota como si salieses de una fiesta en chernóbil. Mientras este festival enfermo se produce, El Filósofo, que siempre duerme sus horas y se levanta silvando la Quinta de Beethoven en versión Green Day o peor, prepara su desayuno y hace una especie de movimientos gimnásticos algo disturbing con la cadera .

En algún exceso de confianza provocado por una enfermiza lectura de filosofía de la ciencia, El Filósofo realiza ejercicios parecidos al del vídeo con resultados también parecidos.
Salgo de la habitación renqueando y tosiendo y voy al comedor. Donde ya hay luz y no queda rastro de la fiesta pero sí medio pollo de coca. Y techno. Me quedo mirando la pantalla del ordenador, con Spotify abierto, y soy incapaz de asociar el movimiento del ratón con la elección de temas. Me viene a la mente música de gente que toca la guitarra y canta en catalán y eso me pone muy nervioso así que pongo la lista de destacadas con un remix de Maya Jane Coles a la cabeza que me ha pasado Bret recientemente y enciendo un cigarro. 
Todo el rato regresa la misma pregunta: ¿qué es lo que estaba haciendo?
Es un poco desesperante pasarte cuatro horas preguntándote qué estabas haciedo hace dos minutos. Eso equivale a muchas pajas. Y a mucho rato sin escribir. Cuando las fiestas terminan pero la cabeza sigue on fire solo queda el desespero del colocón. Salir a pasear con gafas de sol para asustar a los niños. Ir de putas en bañador. Dormir un rato en la panadería del barrio. Dormir en terrazas llenas de turistas. Quién sabe. Hasta que el deterioro neuronal es tal que no queda otra que dormir de verdad, y pensar que quizás al día siguiente sigues más o menos vivo.
http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust