Nouvelle Flash

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Todo era posible. Bueno, en realidad, todo parecía posible. A efectos prácticos, este matiz no nos interesa, puesto que cuando uno cree que todo es posible, aunque no lo sea, actúa con la misma determinación. Se generan situaciones que, afrontadas con vehemencia, pueden acabar convirtiendo aquello que parece posible en algo realmente posible. En aquellos tiempos, era posible encontrar la playa debajo de los adoquines, o ligar por la calle hablando sobre la última crítica de Godard en Cahiers. Otras cosas factibles era hablar de política siendo virgen o beber vino a las 10 de la mañana en un callejón con gente preparando cócteles molotov. Podías llevar chaquetas tweed y que ello no significara que las habías comprado en Zara o en las rebajas de El Corte Inglés.
Corrían tiempos de marxismo revolucionario y de maoísmo celestial. Los Black Panters eran más negros que nunca y tenían metralletas bien engrasadas en sus búnkers de los suburbios de las urbes americanas. Y no para, como suele creerse, robar.
Revisar los sesenta cincuenta años más tarde, medio siglo después, puede no tener más valor que haberlo hecho con nostalgia en los ochenta o noventa. Es común acercarse a la ebullición de aquellos años con un sentimiento de derrota, y señalar como tópico la ingenuidad de las gentes que se lanzaron a revolver los cimientos occidentales con tanto ímpetu y pureza. La nostalgia es un sentimiento necesario para los burgueses exrevolucionarios. No lo justifico, es lo máximo a lo que pueden aspirar para no subir la dosis del antidepresivo que paga a duras penas un Estado al que quisieron destruir.
La Nouvelle Vague, como fenómeno insignia de toda la serie de Nuevas Olas del cine moderno que tuvieron lugar en aquellos años, dejaron perlas ignífugas que, por mucho que algunos quieran enterrarlas, están para ser usadas. Hoy, en 2010, quizá es el mejor momento. Si no lo es, no me importa especialmente.
Adoptemos la NV con su ruptura de forma como imperativo categórico y el repensar la expresión artística como modo de vivir. ¿Acaso no es exactamente lo que permite Internet?
Lo que ocurre, como es bien sabido, es que los medios de comunicación, los anuncios de cerveza y los grupos indie con gafas de sol, así como los periodistas completamente desbordados por toda esta explosión de las redes sociales, dificultan y ocultan lo que realmente se está tramando.
No, no caeré en el "se está tramando". Regresemos a la primera línea del texto. "lo que podría o parece que podría tramarse". En este momento, en Internet, todo es posible y, por lo tanto, se están tramando cosas mucho más allá del anarquismo efectivista o los grupos de autoayuda de Facebook. Desde fuera, por ejemplo, desde el Stablishment, se trata de presentar los fenómenos virtuales como un conjunto caótico de sucesos no relacionados que asaltan la esfera mediática de forma casual y anárquica. Podrían estar pasando muchas cosas que sencillamente no pasan porque no se relacionan por falta de interés o, sencillamente, porque es laborioso y pesado.
Y la mayoría se lo cree. Aquí no pasada nada. Messenger, vídeos de un gordo eructando en Youtube, un poco de porno, y basta. Es lógico, en una sociedad en ruinas uno se cansa de pensar por sí mismo, y el cansancio mental lleva a creer lo que se dice que se tiene que creer.
Los manifiestos son aburridos, porque casi nunca llevan a los hechos que los justifiquen.
Nacer como movimiento artístico es presentar al mismo tiempo un certificado de defunción.
Por ello, la Nouvelle Vague resurge en el presente como una explosión de expresiones multidisciplinares que reinventan las cosas tal y como se han estado haciendo hasta ahora. Como decía, por X o Y, no tenemos a nadie que nos esté señalando con el dedo. Podemos ir haciendo, escuchando canciones de Murcof y fumando tabaco de liar e insultando a la teleoperadora de turno y comiendo sushi congelado y charlando con nuestro amigo de Pakistán y quemando ropa en los vestidores de los grandes almacenes.
El Nouvelle Flash es sencillo de explicar. Desde la caída de las Torres Gemelas, hubo un ciegazo mundial, especialmente en Occidente, que paralizó cualquier reflexión política, filosófica, artística, científica. Con el Crack económico del 2008, el impacto en la ya deteriorada retina de los occidentales llegó a tal podridura que dejó a la población ciega.
Mientras tanto, en las catacumbas, dónde apenas hay, hubo, ni habrá luz, es el momento idóneo para hacer, como en los viejos tiempos sesenteros, lo que nos venga en gana.
Vanity Dust
Junio 1968
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