Normal que no pudiera dormir


Y no podía dormir. Había llegado la primavera y un montón de cosas ocurrían a mi alrededor, sometiendo a mi estado de vigilia a alargarse hasta aplastar las horas de sueño, erradicarlas y reducirlas a apenas 2 horas.

Y es normal, acababa de salir a la venta el disco de Digitalism, y la canción de Pogo retumbaba en mis oídos a todas horas del día, y de la noche. La revista Vice sacaba su primer ejemplar; cruda, cínica y erótica y gratis. Una revolución en el mundo de la prensa gratuita.

Por aquel entonces tenía que pinchar en una rave en el hospitalet, y andaba cada tarde preparando el line-up y los temas que mezclaría a altas horas de la noche.

Faltaba poco para que diera una charla en la universidad acerca de la globalización y las empresas transnacionales, y eso era una movida de nervios y excitación.

Y es normal que no pudiera dormir, porque estaba de exámenes y no podía estudiar, pasaban demasiado cosas a mi alrededor. El Sónar, el mejor festival de música, estaba a punto de tener lugar, y por las calles del centro miraba bien, para ver algún Dj famoso. Por allí a final de curso pincharía en otra fiesta en la universidad, y preparaba con minuciosidad el line-up y las mezclas.

Y no podía dormir; leía cada noche un capítulo de No Logo, sumiéndome en la desesperación posmoderna más absoluta.

Compré la Nintendo Ds y ejercitaba mi cerebro hiper acelerado hasta llevarlo a velocidades insospechadas.

Y no podía dormir, y no podía parar.

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