Noche en el MACBA

El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona abre sus puertas hasta las doce de la noche los 3 últimos días de la semana. Antes de ir al museo, cené en la terraza de mi casa hablando acerca de Wilt (Anagrama); la novela construida por Tom Sharpe en los 80 no deja títere con cabeza. Henry Wilt, infelizmente casado con Eva Wilt, es profesor de literatura en una escuela de Artes y Oficios e intenta hacer leer "el señor de las moscas" a los estudiantes de carnicería y albañileria con escaso éxito.

-Tiene un cariz a "La conjura de los necios", pero Sharpe no se suicidó, con lo que pudo darle continuidad al personaje en otros libros -saco el papel, boquilla y tabaco y lio un cigarro recostado en la chaise longue- Wilt se convertiría en la mina de oro. El tipo vive ahora retirado en Catalunya, cerca de Figueres.

Nick Tales sopesa mi reflexión y, con la copa de cava en la mano, añade:

-Había muchas cosas por destruir y desmenuzar en los 80. El feminismo, el ascensor social, la homosexualidad, la política de Reagan y Tatcher, la sociedad de consumo. Algunos escritores, como Sharpe, se mostraban escépticos y lo planteaban en tono humorístico. Creo que ahora, en 2009, ya no es posible usar este estilo. Ahora el escepticismo es plena desesperanza, auténtica zozobra. Claro que puedes seguir siendo un bufón, o un escritorzuelo mermelada como Paulo Cohelo. Pero no necesitamos lecciones de nadie para encontrarle el maldito sentido a la vida. Ya nos machacan suficientemente por todas partes.

Motivado por una calada de treinta segundos y por las últimas palabras de Nick Tales, me lanzo a despotricar, deporte que practico a menudo:

- Paulo Cohelo, recién leí un par de líneas acerca de su visión de la vanidad. Lo entrevistaron en el festival de Cannes. Fue tremendamente original. "todos somos un poco vanidosos, pero el exceso de poder es el mal y la crisis es culpa de los ricos y la pagan los pobres". Chorradas seudoprogregistas para no decepcionar a sus lectores más desfavorecidos. Cabe recordar que vive en Ginebra. Es decir, en pleno paraíso fiscal.
Regresando a un tema más interesante; el sentido de la vida, querido Nick Tales, ya no queda ni uno al que agarrarse. ¿religión? ¿amor?¿sectas? ¿consumo?.

-Comprendo tu inquietud querido amigo -levanta la vista hacia el cielo y parece fijarse en las pocas estrellas que muestra el bochornoso cielo barcelonés- , el hombre es un animal religioso, su capacidad de abstracción lo lleva a necesitar de algo o de alguien. Cuando menciono la religión, no me refiero al cristianismo o el islám, sencillamente pienso en la búsqueda de un ente más o menos tangible que sosiege su desamparada alma. El fútbol, El corte inglés, Michael Jackson o Starbucks. Puede que para algunos sea la literatura, el cine o la bolsa. Entregarse a algo, eso es.

Nick Tales es un tío ubicado.

Terminamos las copas de cava y bajamos con el Audi TT al MACBA. Lo dejo en un parking privado, lejos de los flautaperros y vendedores de cerveza. Pasamos por la plaza delante del museo y contamos todos aquellos que parecen tener una renta inferior a los 13.000€ anuales. Unos 25-30. Entramos al museo y una chica poco agraciada nos vende las entradas. Saco alguna tarjeta, no recuerdo cual, y nos hacen descuento. El museo está practicamente vacío. Visitamos la planta cero :"El temps com a matèria". Las nuevas adquisiciones del museo plantean, como el nombre dice, el tiempo como algo corpóreo, que se gasta y se consume y es, en cierto modo, palpable. Paseamos sin prisa por entre los cuadros y las blancas e impolutas paredes.
Alcanzamos un curioso conjunto de mapas de Manhattan. Están enmarcados junto con una explicación anexa que narra cómo 90 compañías tapadera se vendían edificios entre ellas para generar dinero. El trabajo fue prohibido cuando se planteó exponerlo en NY. El PP no ha inventado nada nuevo.

Atravesamos algunas salas y negocio con el guardia de seguridad el robo de algunas obras. Me gusta un vídeo de un tipo barbudo que dice "Si la autoridad sobre lo que es arte recayera sobre mí, haría esto": simple y llanamente, pasea por un bosque y va rompiendo ramas de los árboles. Fabuloso. Pienso, "si la autoridad sobre lo que es arte recayera sobre mí nstauraría el bukkake como deporte olímpico".
Con dos pequeñas obras bajo el brazo y el guardia descolgando un 2x2, entro en una sala a oscuras sólo iluminada por el destello de 15 televisores antiguos que emiten los infinitos píxeles grisáceos de fuera de programación. El zumbido es considreable. Me situo a un palmo del primer televisor y recorro los 15 trastos notando como la vista se me jode la vista. Me entra una sensación de irrealidad, de fin del mundo. El día apocalíptico en el que todas las televisiones no serán más que eso, señales perdidas. Satélites sin rumbo ni misión y basura espacial en órbita.

El orgasmo visual y acústico se acerca. Los televisores infunden en mi un sosiego propio de un enfermo mental. La distorsión aguda que sale de los cacharros invade mi consciencia y me recuerda "polvo, todo será polvo". Como profundo acto de respeto, me masturbo ante las máquinas y eyaculo en la pantalla del televisor central. Reverencio el aparato y lo denomino "madre superiora".
Después de la paja me apetece una cerveza. Con las dos obras bajo el brazo voy al bar. Es un bar de modernos. De hecho, la mayoría entran a tomar algo sin apenas entrar en el museo; van directamente a lucir sus ropajes Custo y a contemplar a los pobres del barrio desde las alturas de la institución del Arte Contemporáneo. Pido una Estrella y me siento en el único sofá libre. Hablo con dos chicas alemanas. Me intereso por la caída del muro de Berlín, tema que ellas quieren evitar. Prefieren hablar de BCN y de los locales de fiesta y si hay alguna rave. Les doy mi mail y les prometo asuntos movidos. Intento hacer notar que me gusta más la que lleva el escote acentuado, parece más dispuesta al intercambio sexual.
Regreso al museo y visito la primera planta. Me encuentro a Nick Tales con una lupa pegado a un cuadro, analizando el trazo de una obra minimalista formado por un seguido de cuadrados tridimensionales pintados en tonos azules. El efecto óptico me transporta al LSD, y rindo homenaje en mi fuero interno a Huxley.

Paseando veo una doble pantalla que alberga la proyección de una chica reflexionando acerca de sus esculturas. Habla de la fuerte implicación y la plasmación de su estado anímico en la obra. Cuando te adentras en los parajes de la creación buscando en el interior puedes terminar exhausto y vulnerable. Una buena coraza puede dar mejores resultados. El humo virtual.
Van a cerrar el museo. Me apetece quedarme un rato más, aunque apaguen las luces. Mi amigo guardia se contenta con otra propina y me deja quedar en la sala de televisores. Los enciendo de nuevo. Sonido impersonal, frío y distante que embalsama mis oídos mientras sueño con...
ovejas mutiladas que, en vez de saltar la valla, se empotran una tras otra contra ella.

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