¿No tienes otro casco mejor?

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El sentido del humor puede salvar casi cualquier situación en la que todo el mundo está perdiendo la paciencia. Y es la mejor táctica que puede adoptar un borracho si quiere salirse con la suya y no acabar en una esquina a base de empujones. La cola del guardarropa se está saturando por momentos. Es la hora del cierre, y con ello quiero decir que casi todo el mundo está algo tocado (cansado, borracho, ciego, etcétera). En nuestras tierras, en las que la mala educación y la impunidad moral han asaltado también a las jóvenes generaciones, cualquier situación social con aglomeraciones es vista como algo que puede y debe ser evitado salvaguardando el propio interés. En las barras, si vas a pedir una copa, frecuentemente te encontrarás con otros individuos que intentan ningunearte, incluyendo el plano físico. Es decir, con tal de pedir su cubatilla, cerveza o con tal de intentar tirarle los trastos a la camarera, simularán con absoluta frialdad que tú no existes. En caso de reconocer tu existencia con una mirada desdeñosa y con ínfulas de superioridad, supondrán que tú estás en la barra pasando el rato, mirando a la nada o contando las botellas. O, peor aún, si creen que también estás pidiendo algo, intentarán colgarte la etiqueta de loser al pasarte por encima y colarse. Como si eso fuese algo bueno para ellos y para su noche, dárselas de sibaritas del codazo y de superdotados de la libre competencia radical.

En esas que un tipo entra en loop mientras hace cola. Dice que está esperando para pillar su casco, y que sin el casco no puede volver a casa ni, mala cosa, ir al trabajo a la mañana siguiente. Literalmente, su ecuación es: mañana necesito la moto para ir a currar. Para ir en moto necesito casco. El casco está en el guardarropa. Si no me dan el casco, no puedo ir en moto. Si no puedo ir en moto, no voy al curro. Si falto en el curro, me echan. Si me echan, me quedo en el paro.

El razonamiento del borrachuzo motero es de una lógica aplastante, digamos que un niño de Primero de Primaria ya lograría alcanzar semejante complejidad atribuible a la lógica proposicional cotidiana. Pero, claro, cuando tienes algunos años más y vas borracho y estás un poco fuera de sí, explicarlo a voz en alto y mientras haces cola para pillar el jodido casco, puede resultar imperante, más que necesario.

La chica que finalmente pilla el tiquet del borrachuzo motero se demora un poco al buscar el casco. En esas que el borrachuzo motero se deja llevar por el nerviosismo: ¿y si no encuentra el casco qué?, pregunta al resto de gente que hace cola. Él mismo tiene la respuesta, muy acorde con el oportunismo contemporáneo y el joder, sería la hostia, ¿no?: entonces me podría dar otro de alguien que lo haya dejado y que sea mucho mejor que el mío.

La gente, en las colas, está que se sale.

#rejectedlines