-No sé qué hacer con mi vida. ¡Bienvenido al club!

-Verá, no sé muy bien qué hacer con mi vida.
-Le comprendo, yo tampoco.
-Perdonen, pasaba por aquí y he escuchado que no saben qué hacer con su vida. ¿Les importa si les acompaño?
-Para nada.
-Para nada.
-Así ya somos tres que no sabemos qué hacer con nuestra vida.
-Joder, eso es bonito. ¿Nos abrazamos?
-Aquí, ¿en medio del vagón de metro?
-No veo por qué no.
En el abrazo se suman otras cuatro personas que tampoco saben qué hacer con su vida. Y luego bajan al andén de plaza catalunya y se abrazan a otros transeúntes que reconocen, oh sorpresa, no saber qué hacer con su vida. Llegan a El Pene Inglés unas veinte personas que reconocen públicamente que no saben qué hacer con su vida. Al selecto grupo se suman unas veinte personas más. Sí, la cosa sigue en expansión, on fire. Deciden montar un comando llamado "No sé qué hacer con mi vida". Entran en las tiendas donde la gente está comprando de rebajas con dinero que ya no tiene y salen siempre armados con más voces silenciadas que no saben qué hacer con su vida. Llegan a las cuatrocientas personas. Deciden que no quieren ir a su casa, que se quedan sin hacer nada toda la noche. No quieren reivindicar nada ni claman por ninguna revolución de ningún tipo. Sencillamente, no saben muy bien cómo gestionar eso de ser humano, de tener que "hacer cosas", ni que sea random. Algunos tienen trabajo, otros no, pero resulta que todo cobra súbitamente un sinsentido muy ganso. Es como si, en realidad, no hubiera nada que hacer. Absolutamente nada. O, si lo hay, ni idea de lo que es. 
Al día siguiente, ya salen en los periódicos online, porque ya no quedan en papel. Ahora el periódico se llama Tweet Times o Los Ángeles Face. Y mucha, mucha más gente se suma al movimiento de no hacer nada, literalmente. Algunos los llaman "los vagos" pero, obviamente, no entienden el potente trasfondo sociocultural del fenómeno.
Todo genial, vaya. Gente tranquila, sin ducharse, sin querer a sus familias, sin pagar impuestos, sin llamar a nadie, con los bolsillos llenos de cosas inútiles, muriendo lenta y relajadamente de hambre todos juntos.
Un final discreto, pero muy digno, no me cabe la menor duda.  
-¿Hacemos algo?
-Paso. 
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