Moonwalk

Llego a casa de NG, un loft en plaza real, de unos 90 m2, en el mismo edificio donde vive un famoso arquitecto. Me abre la puerta Ch. Viste botas de ante y pantalones negros de pitillo y una camisa Fred Perry. Nos damos un caluroso abrazo. Está borracho, lleva una botella de Whisky en la mano y me ofrece un trago. Ch es diseñador gráfico y el gran fucker del grupo. Es más alto y la tiene más grande y tiene un iPhone. Nunca he tenido problemas en reconocer lo jodidamente killers que son mis amigos. Caminamos hasta la cocina y abrimos la nevera doble, sacamos una cubitera plateada y me sirvo tres hielos en un vaso de tubo y lleno la mitad de ginebra y la mitad de tónica.

-Hoy nos marcaremos unos moonwalks para impresionar a las zorras.
-Joder, ¿por qué no te sacas la polla directamente y te ahorras el cortejo?
- Ya sabes, hay que darle un toque de gracia.

Salimos a la terraza y NG está fumando un porro. Tiene los ojos acristalados y esboza una leve sonrisa, supongo que está pensando en dinero, mujeres o en cambiar el mundo y convertirlo en un lugar mejor, con una sociedad horizontal y estatuas de Stalin en todos los parques públicos . Nos tumbamos en las amacas y contemplamos el cielo y sus pocas estrellas visibles; la luz que emana de los polos más habitados de la ciudad difumina el negro, dándole una escala de tonos azules.
Ch conecta el iPhone a unos altavoces Alteg Lansing, la música suena a un volúmen que nos permite hablar. Hace algunas semanas que no nos vemos. NG trabaja ahora en una empresa que estudia cómo reducir costes en los eventos de multinacionales. Le pagaban un 30% más de suelo y no pudo rechazar la oferta. Ch pone los pies encima de la mesa y enciende un Marlboro con su nombre grabado en el metal plateado. Leo en voz alta mi último relato de Vanity Dust, que recuerdo perfectamente, puesto que tengo memoria visual altamente desarrollada. Cuando era pequeño, me apunté voluntariamente a unos experimentos de la NASAL, esnifé polvo blanco durante una semana y adquirí más tamaño de pene y huevos y mucha memoria. Les gusta mi texto aunque no conocen a David Fotser Wallace. Explico que se suicidó y les cae mejor. La broma infinita tiene más de 1000 páginas. Escuchan esto y les cae peor.

Por encima de la terraza hay otro espacio con una mesa en medio de una pequeña piscina, para tomar champagne mientras los paquistaníes reparten cervezas del Carrefour por 1€ la lata, algunos metros más abajo. La plaza Real está infestada de guiris y gente que mea y vomita en las esquinas. Algunos camellos intentan timar a los ingleses y algunas zorras buscan pollas fláccidas y poco exigentes. Vivir (o pasar algunas horas) en esta zona puede ser algo deprimente y sucio, salvo si puedes contratar un buen diseñador italiano y comprar un piso lo más alto posible.

-He comprado CONTROL, ¿os apetecería ver el documental acerac de la vida del fugaz Ian Curtis esta semana?. Apoyo los brazos en el respaldo de la silla y dejo caer la cabeza hacia atrás.
- Está bien, podemos hablarlo. El martes es un buen día. ¿qué hay de tu nueva sesión con Live, quedaste ya con FFF?
- Estoy en ello Ch, tengo tiempo para presentarla hasta el día 10, si no caigo en coma etílico esta semana, creo que llegaré a tiempo.
- ¿os apetece ir a algún sitio en especial, ya sabéis, las guest list siguen abiertas hasta las 2.

Ch sirve una ronda de chupitos y pronuncio mi primer Haiku:

Soy vanidoso
amateur en la vida
como me gusta

Me miran, les miro, me miran, les miro. Abro la bolsa de filtros y saco uno, cojo un papel, reparto equitativamente el tabaco a lo largo del papel. Lo lío, lo enciendo. Doy una calada.

Les miro, me miran, les miro. Tomamos el chupito mientras una eternidad circula por entre nuestras cabezas.

- Si hubiera chicas nos podríamos bañar en tu piscina.
- Cierto, mas no hace calor, aquí estamos bien.
Ch se pone nervioso, necesita ver escotes.
-Creo que ya es hora de irnos. Llamaré al Hummer.
Asentimos.

Bajamos dando tumbos hasta la puerta del ascensor. NG activa la alarma y avisa al portero de nuestra partida. Bajando por el ascensor, me pongo las gafas de sol, hace dos días que no duermo y así puedo echar cabezadas sin desconcertar al personal.
Me despierto y me llevan a rastras por el pasillo hasta la entrada. El portero nos saluda incómodo.
Ch se gira compasivamente hacia el y dice: Morfina, ya sabe, señor.

Me levanto de nuevo y estamos en los camerinos de Razz. Un dj rapado al cero con una camiseta de Bpitch Control que no conozco prepara la sesión con Live. Charlo con él. Está trabajando un remix de Modeselektor. Le comento que podría distorsionar y ampliar la frecuencia para expandir el efecto ping pong delay. Me dice que le caigo bien pero que no tengo ni puta idea. Le pregunto cuanto tiempo lleva sin dormir. Se acaba de levantar. Le explico que llevo 3 días despierto y que me gustaría verle en esas circunstancias. Entramos en un debate acerca del tipo de vida que deben tener los djs, hasta que me canso y agarro una Heineken y le abro la cabeza. Hablo con su agente y le explico la situación pasándole un cheque de 1500€ y una tarjeta con un teléfono de zorras las 24h. Se hace cargo de la situación y la noche ya tiene nuevo dj.
Salgo al escenario con una capa negra y una máscara de Wrestling de colores negro y rojo.
Saludo al públicoa. Preparo el primer tema y subo los beats de golpe. La multitud aclama, sigo concentrado y pido 3 copas de Vodka Absolut con hielo y Red Bull (según me explicaron aumentan la capacidad de tener infartos, buena notícia). El primer tema conocido que suena es un reserva del 2007, de Cristian Smith & Selway. Algunos lo conocen y varios pares de tetas se situan en la valla de seguridad y comienzan a botar. Celebro la conexión con tantos pezones quitándome la camiseta y lanzándola al publico, no sin antes rociarla de alcohol y encenderla. Se escuchan algunos aullidos y aplausos (luego me comunican que ha habido quemadas de tercer grado, es decir, nada). La sesión avanza y entro en la pura producción en vivo. Un sin fin de ruidos electrizantes retumban por los altavoces y se distribuyen asimétricamente por todo el local. El encargado de vender la droga por la sala ha sido mi socio. Ambos nos aseguramos de ofrecer el ácido más concentrado y cargado, así que los primeros delirius tremens surgen como setas (luego me comican que ha habido 4 desmayos y dos comas profundos, es decir, nada).

La actuación termina a las 10 de la mañana. Una hilera de coches patrulla intentan desalojar el local-hora de cierre legal 6am-, una banda paramilitar a mi servicio dispara a discreción (luego me comunican que han explotado 5 coches patrulla, es decir, nada). En la sala, completamente húmeda y con el aire cargado, quedan dos centenares de personas pegando botes y asaltando en las barras todom tipo de brebajes, las camareras están bailando detrás mío en la tarima y los camareros se han sumado a la fiesta. Las otras 800 personas se han largado o han caído dormidas al suelo, entre vómitos y colillas y sudor y alcohol seco.

Radio, periódicos, televisiones están grabando el evento a la espera que salga por la puerta.
Me comunican que tengo una llamada del alcalde, suplicando que termine la locura. Cientos de ravers de improvisto se han desplazado hasta las cercanías, y quieren que siga pinchando en las calles.
Ante tal demanda popular, no puedo hacer otra cosa que apagar la música, despedirme de mi fiel público, follarme a dos guarras en el camerino y salir del club, haciendo, cómo no, un moonwalk.

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