Mi manager

-Si quieres seguir creciendo con el blog, ¡mejora el contenido!. Estás quedándote estancado... ¡joder!. En algunos textos pareces un Bukowski de segunda división, fusionado con un Easton Ellis con reúma y tutelado por un Palahniuk amateur. No hay quién se lo crea. Sí, claro que me parece bien que escribas borracho y drogado. Sí, lo de las gordas no es un mal gancho, pero puedes hacerlo mejor, mucho mejor. Debes tomar una posición política sutil, un estilo de vida que se confirma, una clave del éxito que te permita afrontar nuevos retos y situaciones. Vamos Vanity, sabes todo esto de sobra, no eres tonto. Mejora, crea, innova.

Eructé sonoramente y encendí mi cuarto cigarro matutino. Pensé en todo lo que acababa de decir mi manager e intentaba asimilarlo sin provocar un cruce neuronal.
Imaginé todo el dinero que había ganado a lo largo de 6 meses de duro trabajo, unos 19$. Eso viene a ser algo así como 3$ al mes. Me sentí terriblemente acabado. Algo iba mal, muy mal. Había abierto un blog de fotos y otro en catalán y un canal en youtube con la finalidad de expandir mi capacidad creativa y expresiva. Había hecho muchas cosas, muchos textos, de todo. Pero hacer del arte un modo de vida no es tarea fácil, pensé. Dí una larga calada al cigarro y sin querer la ceniza cayó encima de mi camisa Fred Perry a cuadros, cosa que me cabreó. Me serví una copa de Whisky y le ofrecí otra a mi representante, que rechazó con amabilidad.

Mi representante no me quita el ojo de encima. Lo lee todo, lo sabe todo, lo controla todo. Firmamos un acuerdo hará varios meses en el que se comprometía a prestarme toda la ayuda necesaria para que pudiera ascender hacia lo más alto posible en cuanto a fama literaria se refiere.

Se presentó como un recién licenciado en RR.PP y publicidad cuando una pelea que armé en un bar tuvo su momento culminante. Rompí una botella de cristal en la cabeza de un gordo calvo cuarentón que había estado mirando el culo de mi acompañante, una rusa rubia de lo más encantador y económico.
Mi representante quedó fascinado por mi actuación, pese a haberla llevado a cabo completamente ebrio y con el miembro erecto, y se lanzó hacia mi cuando amenacé al gordo con "¡escribiré sobre ti, maldito cerdo!".
-Tío, tu vales. Mira, no quiero andarme con rodeos, debes escribir lo que te ocurre y lanzarlo al mundo, que todos puedan saber lo loco que estás. Poca gente los tiene tan bien puestos como tú. Creo en ti.
-Mira, capullo, no estoy loco, solo soy un putero drogadicto al que no le gusta que le toquen las narices.
El tipo no se rindió.
- Te gusta escribir, ¿verdad?, te gustaría poder hacerlo sin límite, ¿o no?. Vamos, no me engañes. Es tu única salida para no caer en el fracaso absoluto y que hasta tu mismo te olvides de ti. Yo me ocuparé de ello. No cobraré nada hasta que tu no puedas vivir de ello, entonces yo cobraré algo.
En ése momento, me dormí encima de la mesa y cuando me levanté estaba sentado al lado del contenedor de un basura, con la tarjeta de visita del tío este y la rubia rusa haciéndome una mamada.
Lo llamé. Y de momento el tipo sigue tocando los cojones y no ha visto un céntimo y, si la cosa sigue así, no cobraré hasta el 2019.

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