Me visitan los de la ONG anti merca y una groupie rara

Mis editores me llaman preocupados.

—Hemos mandado a tu casa a los que han financiado tu novela para que pongan un poco de orden en tus últimas movidas que nos han llegado a nuestros oídos. Estamos preocupados por tu salud ahora que vas a tener que presentar algo por primera vez en tu vida.

Me los he encontrado a los tres, es decir, a los enviados de los editores y a una chica rara que me sigue algunas veces y que no sé ni cómo se llama, al entrar en casa. Tiene buenas tetas, es lo máximo que puedo decir sobre ella. Como decía, estaban en el rellano de mi casa, yo entraba con los patines en la mano y una Heineken en la otra.

—¿Pero cómo pollas os ha dejado entrar mi portero ¿eh?
—Estamos aquí porque nos preocupas. Nosotros dos porque nos han pagado de una fundación para drogadictos para publicarte el libro a modo de benevolencia, y ella...¿?
—Yo estoy aquí porque quiero follarte. Me ponen los escritores. Soy algo así como una groupie. Como todas las tías guays son groupies de músicos indie, yo quiero ser diferente y ser groupie de escritores.

Los editores se quedan mirando a la supuesta groupie.

—Vayamos por partes, anda, pasad y tomemos más cerveza. Tengo también unos restos del finde.
—Venimos porque nos preocupan tus restos. Te pasas la vida metiéndote restos, o eso nos han comentado.

Parecen incómodos ante el cuadro de tres metros por tres metros que está en la entrada. Como violentados por algo tan tocho nada más entrar. No entienden muy bien qué pintan 10 cartones de tabaco de liar tirados por el pasillo.

Les señalo los sofás. La groupie debe sentarse en el suelo, son órdenes.

—Veamos —me adelanto en tono teatral mientras reparto las birras y a la groupie le doy un abrelatas—primero, las quejas.

—Eres un desastre, tío. Vas a joder lo poco que has conseguido en cuestión de meses. Tienes que parar.
—¿Qué me dais a cambio?
—Eres un escritor de mierda, vamos a publicarte una novela. ¿Te parece poco?
—Bueno. Está bastante bien. Pero ¿Y para las presentaciones no pensáis que seré más gracioso drogado?
Intercambio de miradas. Uno de los dos envía un whatsapp. Espera la respuesta. Y dice:

—Es verdad, en eso no habíamos caído —cruzan miradas de nuevo. Hagamos una cosa, solo te drogarás para las presentaciones y a parte no tanto como lo harías si estuvieses en Berghain. O eso o llamaremos a muchos trolls para que te hagan reseñas de mierda.
—Eso lo hacen gratis, no hace falta que les llaméis. A parte, los trolls esta vez harán buenas reseñas. La gente honesta, la gente que me quiere de verdad, hará reseñas horrendas. Ya tú sabes.
—No nos lies coño. O llamamos a tus verdaderos editores y que te peguen un par de leches. Nosotros venimos de la ONG, para ayudarte. Pocas drogas. Lo que te pasa es que en el fondo

«Eres una persona con una autoestima baja, posiblemente de padres divorciados, que necesita llamar la atención porque se siente profundamente solo y desdichado. Además, vas a la moda de escritor moderno porque cuando tenías quince intentaste ir a la moda heavy pero te pillaron en el baño follándote a una pija -chica rica, para la edición argentina- y eso sentó mal en tu grupo, así que te pegaron una paliza y te quedaste por enésima vez sin amigos. Entonces, desesperado, tuviste un romance con la única profe que te hacía caso, la joven cachonda de las clases de castellano, y de ahí que esa petarda te metiese en la cabeza lo de escribir»
Les interrumpo. 
—Perdonad. Pero este relato es el más flojo que he escuchado en la última década sobre mí vida. Incluso peor que los argumentos que se enseñan en las escuelas de escritura. Creo que todo esto tengo que pensarlo bien, consultarlo con mi manager. Siempre está cuando no le necesito, y un día que tiene que sacarme a gente rara de encima va y desaparece. Os digo algo en breve. Gracias por la visita. Bajadme la basura, por favor. 

La groupie, mientras tanto, repasa libros de mis estanterías. Parece muy entretenida y algo cachonda.

—Bueno, ahora hablemos de ti. Mira, no tengo tiempo para groupies. Quiero decir, en realidad has venido a beber gratis. Como todas. Y eso está muy bien que lo hagáis en las presentaciones. Todo el mundo va a beber gratis en las presentaciones. Pero no en mí casa.

—He traído merca de la que te gusta.
—Hablemos. Cuéntame eso de las groupies de indie.
—Pues nada, que son todas iguales.
—¿Y tú te crees muy original? Las groupies de indie a veces están mega buenas. Las de escritores normalmente no están tan macizas, hay que recibir muchos spam para pillar algo decente de vez en cuando. Y esto es bastante coñazo, por eso es mejor pagar. A ver, seamos sinceros, tú tampoco eres ninguna maravilla.
—Pero la chupo muy bien.
—Eso dicen todas. Yo solo funciono por hashtags como #mouthfuck y #deeptroath. ¿Acaso crees que cuando busco en Youporn escribo cosas como 'chicas que la chupan bien'?
—He traído merca de la que te gusta.
—Es verdad, perdona.
—¿Qué te gusta leer?
—Escritores chungos.
—Así me gusta, como Paulo Cohelo. Gente entregada al lado oscuro de la vida.

—Mira, lo siento de veras, moza. No me encuentro muy bien. Si eso, cuando presente el libro en Barcelona, vete a saber cuando, traes la merca, compras cinco libros, y seguimos comentando, ¿vale? Y piénsate bien lo de ser groupie indie. Por lo menos te humillan a base de bien pero quizás te dedican una canción en un concierto.

Ya solo de nuevo en casa, sobre las cinco de la tarde, llamo a Karl, mi manager.

—Tú, Karl, hay mucha gente dándome la brasa últimamente.
—Te lo mereces. Estás más enfermo que nunca.
—Bueno, para que veas, acaba de estar una chica en casa y no me la he follado aunque tenía droga.
—¿Ves? ¡Estás loco! Si te ofrecen droga a cambio de sexo, ¡folla!
—¿He hecho mal, entonces? —Cada vez estoy más perdido.
—Pues claro que has hecho mal, joder. Folla y drógate tanto como puedas. Ahora que ya has publicado algo, intenta por lo menos aprovecharte de ello.
—Pero es que no sé exactamente qué he publicado. ¿lo has escrito tú?
—Bah, déjalo, ya lo hablaremos otro día. Mira si pillas a la tía todavía en el ascensor y a ver si se te pasa la tontería.

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