Mastercard

Me conecto a Twitter para escribir frases cortas a gente que no conozco, ni tengo ganas de. Tomo una cerveza en la terraza de mi casa con Spence y miramos pisos por internet y vemos uno por 600€ bastante interesante. Por ahora es lo que podemos permitirnos. Luego ya se verá. Saco un par de Zippo comprados en Hong Kong, uno pequeño azul y otro con caracteres chinos. Tiene gracia, aparece el logo de "no fumar". Creo que debería retomar No Logo, de Naomi Klein, para recordar mis tiempos como anticapitalista. Ahora me he convertido en un narcisista según las encuestas. No me importa, todos en el fondo queremos el bistec caliente del malo de Matrix. Algunos no tienen los cojones de reconocerlo. Nelson Mandela fue enchufado por su primo en la ONU que mueve muchísima pasta por temas de negocios turbios. Así es la vida, así son las cosas.

Sopla una leve brisa veraniega que me recuerda que hace mucho tiempo que no hay una mujer en mi vida que no dure más de una noche. O apenas una semana. En Ibiza he visto las chicas más increíbles que mi perturbada imaginación puede llegar a concebir. Vestidos escotados, pechos grandiosos, minifaldas y pantalones apretados por encima de las rodillas. Rubias, morenas. Altas, bajas. A cada cual más gilipollas, estúpida. En fin, eso no entra dentro de mis sueños, puede que para los de una noche. Eso sí. Una noche, una buena guarra. Para lo demás Mastercard. Bueno, para una buena guarra puede servir a veces una Mastercard.
Suena Antonia Font, que no me gusta nada. Una musiquilla floja con un tío que tiene la voz suave y parece que vaya de triunfador sensual. Nada, techno techno techno. Y música como The The, Kings of Convenience, Pinker Tones.
Ahora iremos a ver a una chica que está en el cine Verdi viendo una peli, luego quizá NITSA, pagaré 8€ en vez de 13€ que paga la gente "normal". Tengo el carné Plàstic y con él me hacen descuento por ser cool y responder a su perfil en su cuestionario por web. 
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