Manosear culos es electrizante


Al final se acostumbran. Cada mañana, cuando acudo al estudio, entro en el bar de la esquina y toco el culo a todas las camareras. Luego pido un café doble y me fumo un puro, siempre y cuando la publicidad en el blog funcione bien. Voy al baño, estudio mi cutis, me masturbo en el baño de mujeres y escribo en la pared "Fuck Myself". Salgo del baño, hago un nuevo repaso de traseros y, bastón dorado de importación etíope en mano, alcanzo mi palacio laboral. Llego con las manos cargadas de energía electrizante, es lo que tiene manosear culos. Pero ellas, las camareras, se acostumbran. Yo sólo hago lo que todos los clientes piensan pero ninguno se atreve a hacer. Palpar sus formas, reseguir su volúmen; es precioso compartir tus bienes físicos con los demás entes merecedores de ello. Sería injusto si no contara que antes de llegar al estudio toco más culos. Al estar en un ático soleado con terraza, quedan 5 plantas por debajo de mí. Y no puedo desaprovechar la ocasión para pasarme por la empresa inmobiliaria (primero), la academia de enfermeras (segundo), el bufete de psicología (tercero), un piso de mafiosos (cuarto). En cada piso hay buenos pechos y tetas, y los pellizco a diario, como quien enciende la radio para ducharse.

Llego con las manos repletas de joya y actividad y, gracias a ello, a la coca, a las pajas y a la panorámica de Barcelona que tengo delante, escribo, o lo intento.

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