Manoseando en el maletero

La fiesta tuvo lugar hace exactamente un año. En concreto, hace 363 días. Todos estaban allí, especialmente la beautiful people de la Universidad. Las guapas, los guapos, y la gente con dinero. Luego estaba la prole académica, mostrando un esfuerzo sobrehumano por mantener la atención de los demás con su ropa poco acertada para marcar estilo aquella temporada. En todo evento social encontramos dos tipos de asistentes.
1.
los que se sienten cómodos y en su salsa piemonte.
2.
los que han ido por obligación moral, creyendo que era la oportunidad que por fin cambiaría su status social después de arrasar en la fiesta con el ponche pero que, como era de prever, el destino no les prepara nada parecido a sus ilusos deseos.

En comunicación corporativa hay un principio muy respetable: puedes pasarte toda una vida construyendo tus valores e identidad, pero puedes perderlos en cuestión de segundos. Esto es lo que le pasó a Nick Jones, que murió ahogado en la piscina del Hotel donde se daba la fiesta. Su cuerpo quedó flotando durante algunas horas, y la gente apostaba dinero a que era capaz de darle en la coronilla con monedas de dos euros. Mientras, el chico más pobre de la fuckultad se lanzaba una y otra vez a la piscina para repescar las monedas y así tener pasta para comprar más cubatas. Las apuestas cambiaron de objetivo, y pasaron a ser lanzarle al chico pobre las monedas en la coronilla (en vez de a Nick). Al final, murió desangrado y fueron dos los cadáveres en la piscina.

¿Decadencia moral en la Universidad? No, sencillamente el dinero aburre. Cuando uno no lo tiene se pasa la vida elucubrando cómo defraudar a Hacienda y apostando en Internet para tenerlo. Cuando uno ya lo tiene, se aburre pensando formas lúdicas de gastarlo. A ser posible, ostentosas y fastuosas.

Olvidemos la muerte de los chicos en la piscina y hablemos de Kurt Kons, un buen amigo amo de la beautiful people y DJ especializado en Daft Punk y Boys Noize. El coche era un Golf GTI. 8 personas querían ir en el coche desde el Hotel alquilado en las afueras de la ciudad y así llegar al after hours previsto. Y lo lograron, gracias a que Kurt Kons y una chica con grandes tetas se metieron en el maletero. Estaban borrachos, el maletero oscuro, calentito, y una luz ténue iluminaba el interior del cubículo. Y Kurt veía las grandes tetas de la chica. Encendió un cigarro y le bajó el top sin previo aviso. Kurt tenía un día existencialmente vulgar, como los fontaneros que notan el vacío tras la jornada laboral de 10 horas redirigiendo el agua por los edificios de 9 plantas de la periferia. Las tetas de la chica de las tetas grandes saltaron a la palestra ofreciendo una dureza singular y malsana. Ella no pareció incómoda, así que Kurt puso la cabeza en el canalillo y soltó el humo del tabaco y cantó unos fragmentos de un rito ancestral taiwanés para calentar a las féminas y acelerar el acto coital del noveno de grado de Pànic en Cosas que hacen BUM.
Kurt celebró la embriaguez y la disponibilidad de la chica y cantó un himno regional que rezaba así:

La gente bien purifica su alma
con escotes dorados y saber fraudulento
La música de mi lengua suena ebria y atonal.
olé, olé olé. Bis. olé, olé, olé.

Por suerte, el himno lo cantó para sí mismo, consciente de no querer arruinar su presa bien.

Se me olvidaba, follaron el maletero y nunca más volvieron a dirigirse la palabra.

Olé.

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