MAD antes de llegar a MAD [1]

Aeropuerto. Retraso de 1 hora por culpa de ni puta idea. Quizá un grupo de ratas están haciendo una rave en un reactor del avión. Y DEADMAU5 es el guest star DJ. Si el retraso es por culpa de una compresa mal puesta de una azafata, sintiéndolo mucho, no tiene tanta gracia. Las cervezas en el aeropuerto son demasiado caras. Por eso he comprado un barrilete de 5 generosos litros en el Puty Free. Pagado con dinero que saqué de un extraño reportaje de moda cuyo tema no me acuerdo. Si me permitís el juego de palabras, el aeropuerto está lleno de Putys Frees. Y no hablo de tiendas, sino de chicas que viajan y que son unas frescas alegres y despreocupadas. Enseñan escotes y llevan maletas de ruedas con muchos tangas, la mayoría sucios, y luego maquillaje y una carta de la madre "Hija, la pastilla, por favor. No queremos más sustos. Y acuérdate de no comer siempre guarradas de esas de hamburguesas y cosas así que tanto te gustan pero que te van mal para la barriga [sic]. Cuando vuelvas a casa te prepararé esa crema de verduras que te ayuda a ir de vientre. Te quiere mucho. MAMI". Y, curioso, también firma el PAPI. Aunque obviamente para él firmar esta carta es como para un forense una acta de defunción. Dos polis fuman y hablan de drogas. Son jóvenes y bastante capullos. Pero eso no es añadir nada nuevo. Hacen su trabajo, nosotros les pagamos. Así está montada la cosa. Puty Free para todos. 
Nadie entiende muy bien el criterio de (ahora sí) las tiendas Puty Free. Puedes comprar una revista tipo Cosmopolitan, chicles, el último libro de un zumbado enfermo tipo Ken Follet o una crema para labios disecados. También unas gafas graduadas, bombones, una guía de Cuba, condones, y peluches. Pero lo mejor en los Puty's es robar. Puedes salir tranquilamente con un par de pelis, la camiseta del Barça y dos prendas del Zara. Eso sí, tienes que camuflarte de ocioso japonés cincuentón, de esos tan frágiles que nadie se atreve a tocar, salvo los rumanos. Fíjate si son chungos, que ni las Puty's de las Ramblas les meten mano. Ni chupa chupa. Ni nada. Es lo que tiene ser japonés, mucha pasta pero consumo estrictamente material. Almenos cuando vas de viaje. Porque luego en Japón tomas Sake y vas a sitios donde las chicas llevan el sushi y el maki en los pezones y en las ingles. Pero no puedes tocarlas. Es una humillación culinaria por todo lo alto. Y mejor no hablemos de Hentai y vacas lecheras. 
Mi piti se acaba y también mi paciencia. Asi que voy a ir al mostrador, que lo he visto muy pulcro para hacerme una clencha en honor a los eventos literarios a los que siempre llegas tarde, por una razón u otra. Lo mejor, tampoco importa. La puntualidad es un don de la gente sin cosas que hacer.
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