Luz al final del túnel

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Escribir una novela no es, obviamente, tarea fácil. Estructurar, meditar, equivocarse, decepcionarse, ganas de suicidio. Dedicar horas y horas y escribir apenas dos páginas...
Uno se siente totalmente responsable de ello. Se asemeja a la paternidad, eres el único responsable de que todo funcione, con orden y seguridad.
Mil apuntes caóticos encima de la mesa, tazas de café vacías y ceniceros llenos de colillas. Porrazos a la puerta y a la mesa, intentando no cargarte el portátil. Pajas desesperadas. Llamadas a amigos en horas intempestivas. Ser escritor no es un sueño especial, es un sueño más. Hay quien quiere ser actor porno, futbolista, empresario, nadador olímpico, cervecero profesional, guionista de Los Simpson, novio de Amy Winehouse. Todo son sueños y sólo coinciden en un punto; hay que sudar para conseguirlos, hay que llorar para conseguirlos, no hay que desistir ni desfallecer. De la misma forma que cuando se muere, un túnel con una luz deslumbrante aparece al otro lado, con los sueños uno debe luchar para mantener esa luz al final de la oscuridad. Superar tiempos adversos, tempestades persistentes y vacíos y soledades.

Bienvenidos al Club de la Lucha.

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