Los pantalones de pana nunca han estado de moda, dijo el catedrático hulai

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Pana.

-Los pantalones de pana nunca han estado de moda. Si alguien os dice lo contrario, miente.

Dicho esto, el catedrático en Literatura Romana, eructó. Es cierto, no estaba pasando por sus mejores momentos. Lo de haber salido del armario a los cincuenta años le estaba comiendo la moral. ¿A santo de qué tenía que darle gusto ahora dejarse follar por el latino de la limpieza en los baños del segundo piso, tocando a su despacho, donde tantas húmedas alumnas habían salido llorando ante una cursi y pretenciosa declaración de amor y sumisión? Siempre se las había dado de mujeriego, especialmente en los últimos diez años, ya con sus canas de fucker vintage, con los profesores de la facultad. Incluso se permitió el lujazo de comentar, en una comida en el bar de la facultad, que le habían invitado a ir de putas pero que, para su asombro, la puta no le quiso cobrar. "Habla tan bien que se la chupo gratis, caballero". Y eso que cuando iba de putas era un hombre de pocas palabras, ja ja. Esta broma ahora ya no le hacía ninguna gracia. 
-Los pantalones de pana siempre han sido y serán de pobres. Especialmente los beige -continua el brand new gay-, y os diré más, si veis a alguien, como un joven de esos modernos y con gafas de pasta, llevando unos seguro que si os despistáis os entrega su primera novela. Que os la mande por un tweet, ja ja.
El catedrático de Literatura Romana tenía varios problemas que gestionar a nivel emocional. Era racista, y le estaba petando el culo un latino. En segundo lugar, sus gracias ya no recibían los retweets habituales en el bar de la Universidad. En tercer lugar, la puta sí le cobró. Y detestaba al alumno que siempre llevaba pantalones de pana. Trataba de ridiculizarle en clase. Pero era imposible. Básicamente porque siempre sabía qué responder. Normalmente le respondía con chorradas, pero eso solo hacía que sus amigas groupies le rieran las gracias. Alumno 1 profesor 0. Por lo menos le podría suspender. Eso sí, el muy cabrón. Pero resulta que el tío venía por las tías, nada más. No estaba ni matriculado, aunque tomaba apuntes. Podía echarle de clase, pero entonces el alumno revelaría que le vio salir del baño, con las piernas arqueadas, bragueta en mano y resoplando, justo después del latino. 
Sí, el catedrático tenía varios problemas. Incluso podríamos añadir que era bebedor y jugador, y estaba a punto de la quiebra porque también coleccionaba zebras disecadas a tamaño real, que guardaba en un almacén que le costaba una fortuna mantener. No hace falta, porque ya intuimos que el catedrático brand new gay no es especialmente feliz, en general. Y quizá esa sea la idea del relato. Cómo el despertar de la sexualidad puede joderte la vida si no estás preparado para ello. Como a mí me sucedió cuando me volví devoto de las fake tits; me costó tiempo aceptar de nuevo las naturales, fue duro. Así que añadir más leña al fuego, sometiéndole a más penuria, podría lastimar el gran trabajo de realismo llevado a cabo en este relato. Un texto que como bien imaginamos podría llegar a ser una novela, de unas trescientas páginas, más o menos, que incluso tendría algún punto de tensión notable antes de las primeras cien. A mi me da palo hacerlo. Quizá el catedrático no de para tanto. Puede que lo de las putas gratis sí, quién sabe. 
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