Los anuncios de los fifties y de los sixties, lo cool y Grecia no se ha salvado aunque haya tenido filósofos con barbas muy cool

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Décadas de mierda. Pasan los años, se acumulan las muertes, los impagos, los sueños frustrados, la menopausia. Es el Universo de lo humano. Quizá las cosas podrían haber ido de otro modo. Con suerte, hubiéramos podido no existir. Un lujo para nuestro planeta. El muy vago. Pero lo bueno se acaba. Es muy fácil ser un planeta y vivir de plantas que limpian tus gases, y de pequeños bichos que te limpian los bajos del océano. Y de dinosaurios que hacen performances en tu terreno, dándolo todo, poniendo huevos, a modo de divertimento. Con un pedrusco te los cargas y otra vez en el paro. Pero se jodió, y aquí estamos. Acumulando décadas de mierda y de milenios putrefactos. Los griegos no iban mal encaminados. Escribían cosas y querían poner orden, tenían barbas que molaban. Lástima, como se ha visto, tampoco sirve de mucho.
Una generación puede cargarse en dos días lo que otras generaciones han construido en siglos. Y lo peor es que no sabemos quién tiene más mérito. 
Lo bueno es que para los que nos dedicamos, más o menos, a escribir, siempre quedará material. Las palabras son el refugio que constata el fracaso de todo esto. Embellecer con tropezones una pantalla, vilipendiarla tartamudeando y sin titubear, lastrar mentes y buscar complicidades preparadas para difuminar lo real, meterle sulfato en canal. O escribir cosas sin sentido camufladas de retórica, y dormir con techno.
Contar eructos. 
Dividir dividendos.
Empalmarse lamiendo incienso.
Arrastrar placer a navajazos.
Ser random por definición.
Y ahora hablemos de LO COOL.
La publicidad de los cincuenta iba dirigida a marujas y tíos banqueros. Compraban coches rancios y las drogas estaban mal vistas. Todo era como muy light, profiláctico. Nadie se preocupaba de gran cosa. Cumplir era el deseo. Trabajar, la norma. Y teníamos anuncios así: 
Anuncio de los años cincuenta.
En cambio, en los sesenta, la gente se puso a follar y también flores en la cabeza. Los anunciantes también estaban cansados de llevar trajes, así que todos juntos, nuevos consumidores y publicistas, se dieron la mano y cambiaron el capitalismo, haciéndolo más friendly y rebel style. Y entonces pasaron a comprar otras cosas, tales como Dr. Pepper o coches que anunciaban de manera chunga, a lo rebelde. Incluso las líneas aéreas iban de listas, cosa que sabemos gracias a Riot Über Alles:
En esta ocasión Riot Über Alles nos trae un anuncio de American Airlines de los sixties.
Mirad que maja la azafata. Qué tetas.

Tengo ganas de irme de viaje.
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