London ( Break ) - Paco y los Expedientes X

Distinguidos lectores, pese a encontrarme en London City no creáis que mi blog se ha convertido en un diario hedonista y pretencioso (eso siempre lo ha sido...). Aquí tenéis un relato escrito hace algunas semanas. Veréis que está calentito calentito. Lo dejaré colgado durante el fin de semana, más que nada porque con la de farra que me espera el colgado de verdad seré yo. A disfrutar.

Paco no sabía bailar. Paco no sabía ligar. Era más virgen que María. Cuando iba a la playa con sus amigos se quedaba tumbado boca abajo en la toalla porque se le empalmaba la polla hasta viendo a una vieja leyendo El Mundo. No sabía jugar a fútbol, leía poco y mal y la única tía buena con la que había hablado era una heroína de un juego de Play Station del 98.

Finalmente acudió a una discoteca a los 17 años. Estaba borracho como una cuba y sus amigos le tendieron una emboscada. Jamás hubiera ido allí en su sano juicio.
Lo que no se imaginaba Paco es que ese oscuro, sucio y ruidoso lugar le produciría un asombro que nunca olvidaría, y que le convertiría en los años venideros en un culo de pub y en un asiduo a la farándula y el desfase nocturno.

Su primera experiencia con las discotecas fue, como en la mayoría de adolescentes con su primera experiencia sexual, frustrante. Quizá frustrante no sea la palabra más adecuada. Se podría decir que si tienes una primera experiencia sexual con tu novia, borracho y sin sangre en el pene, vomitas encima de ella y luego entra tu madre y os pilla en medio de los vociferios de amada, sería equiparable a la primera vez que Paco pisó el pegajoso suelo de una discoteca.

Llevaba el pelo negro, largo y con las puntas abiertas, mugriento, sucio y con un tufo a cenicero que tumbaría a cualquier asmático a 100m a la redonda. Un protuberante michelín reposaba en su cintura, encima de un cinturón de cuero desgastado que le regaló su madre, comprado en un chino del barrio por 3€. Camiseta negra de Sex Pistols de mercadillo, gafas desgraduadas, bambas deportivas del Decathlon y pantalones rasgados por la entrepierna. Paco moriría virgen, pero a los 17 años y rodeado de luces estroboscópicas lleno de alcohol en la sangre, todavía no era consciente de ello.

Sudaba y recibía empujones, miraba todos los escotes posibles. Y se enamoró. Una rubia tremenda sacada de un póster de Playboy típico que adorna el taller de cualquier mecánico de cualquier ciudad española, bamboleaba su cuerpo en la tarima, delante de las narices de Paco. La rubia se reía descaradamente de él; el sudor impregnaba la cara de Paco, y los pelos se le pegaban en la frente, dejando entrever una calvicie acuciante.
El monólogo interior de Paco fue el siguiente:

- Ahora o nunca chaval, te está mirando y sonríe, le molas.-

Subió a la tarima y apartó a codazos a toda posible competencia. La chica no se percató de su presencia y se alegró al ver que había desaparecido de su campo de visión. Y acertaba, Paco acerco sus manos a la chica, estaba detrás suyo y tenía una erección tipo Torre de Pisa. Todas las venas de su cuerpo estaban enviando sangre a propulsión hasta su polla. Ésta nunca había alcanzado un tamaño similar, y nunca volvería a hacerlo. Pero a los 17 años, Paco todavía no lo sabía.

El hermoso y prieto culito de la rubia se percató de una especie de palo que estaba hurgando en sus ceñidos pantalones y restregándose en sus braguitas. Unas manos rodearon su cintura. Sin más, la muerte se presentó a jugar al ajedrez con ella. Todos los recuerdos pasaron por la mente de ella, desde su primera bicicleta hasta el primer amor de verano en su pueblo de Cadaqués. Bien, no es que fuera a morir, pero la muerte presintió tal cantidad de negatividad en su mente y áurea que se confundió de día, lugar y hora. La muchacha se giró y todo lo que pudo ver fueron unos dientes amarillos que bordeaban una lengua rosácea con alguna llaga, unas gafas torcidas y una melena con vida propia. Paco, ahora o nunca joder. Paco cerró los ojos y vio un Triangulo gigante que se erguía en la oscuridad, y que le decía, bienvenido de nuevo, hermano. Era Dios, que había percibido en su áurea y mente tal poder que creyó que Jesús había finalmente regresado a la Tierra. Viendo el error, Dios no pudo más que alertarle usando sus grandes dotes, convirtiendo el Triangulo en una señal de STOP.
El cuerpo de Paco cayó desde la Tarima hasta el suelo, dos metros más abajo. La chica se sacó un zapato y se lo lanzó, con tan buena fortuna para ella y tan mala para él, que el tacón le golpeó en las gafas y le rompió uno de los cristales. Paco, inconsciente, perdió el mundo de vista y se vio rodeado de extraños y de Mulder y Scully haciéndole preguntas. Era su amigo:- ¿Estás bien cabrón?-. Sin saber cómo reaccionar, el sistema de defensa de Paco se puso en guardia y sacó con todas sus fuerzas el puñetazo más fuerte que había hecho nunca. Y Paco no sabía, a sus 17 años, que sería el más fuerte que daría nunca.
Su amigo rodó por el suelo. Otra vez se apagaron las luces en la mente de Paco.
Abre los ojos, un fluorescente en el techo le hace pensar que no está en casa de la rubia. No tiene gafas y tiene un corte en la ceja derecha. Unas sombras le rodean y hablan un idioma extraño que no alcanza a comprender. Ahora sí, Mulder y Scully, estaba inmerso en un Expediente X. El secreto no está ahí fuera, está en la rubia,¡ Como en Matrix, Sigue a esa rubia!.
Se incorpora, pregunta a que planeta le están llevando. Una voz grave le responde que le están llevando al hospital y que allí tendrá que responder a unas breves preguntas de los Mossos d’Esquadra. Vaya, piensa.

Sería la última vez que Paco tendría a una rubia a menos de 1 metro, y la última vez que entraría en esa discoteca. Pero Paco, a sus 17 años, todavía no lo sabía.
A la semana, Paco y sus amigos regresaron ala discoteca, deseando encontrar a la rubia y darle un ramo de rosas para solucionar de un modo simbólico el altercado. Terminaron fumándose los pétalos, mezclándolos con hachís. ¿Por qué?

Había, en la cabina expendedora de entradas, cuatro fotografías. Una de cada uno de los 4 amigos. Una especialmente grande.

“NO DEJAR ENTRAR A ESTOS 4 CAPULLOS”

Vaya, se acabó la fiesta, pensó Paco.

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