Lo mejor de cada casa. El cierre con Lu Cont manda en #sonar2012

Foto-16-06-12-06-21-21.jpg
Jaques Lu Cont chapando el SónarPub a eso de las 6:40 a.m auspiciado por gente de bien.

Es morir antes, pero no pasa nada. No es tan grave. Una de las falacias más chungas de Occidente ha sido meter en la cabeza de un paleta, un camarero, un calvo o una ama de casa, así como a médicos e, incluso, escritores de novelas por entregas, que la vida es maravillosa y hay que vivir cuanto más mejor. Pues no lo tengo tan claro, señoría. Y menos tras las 30 horas de festival vividas hasta ahora. El sentido de la vida se define por sí mismo en cada sujeto, y pasar más tiempo en este zurullo que da vueltas alrededor del sol, pongamos 90 años, puede ser un gran #epicfail.
Suelto esta verborrea de primer párrafo porque he fumado como 60 cigarros y he puesto mis fosas nasales mirando a Cuenca gracias a una aplicación muy guay de iPhone que te señala Cuenca todo el rato. Y tras haber escuchando y llorado con Talabot, su madre, Austra, Squarepusher, Hawtin y Lu Cont. Entre estos músicos hay momentos en los que no sé ni con quién estaba ni qué hacía. Son cosas del directo.

El Sónar día se caracteriza porque el jueves llegas con una sonrisa a las tres de la tarde. El viernes a las cinco de la tarde dando tumbos, y el sábado entras a las seis tras haber dormido en la plaza del MACBA, rodeado de latas de cerveza vacías y apestosas.

Al llegar vimos Austra y la tía es rubia y algo gordita pero es una delicia y las dos coristas son realmente yonkies de la vida. De estas que quizá vivirán más tiempo que yo y no me lo tomaré como algo personal.

La batería está maciza y el del teclado es un Cristiano Ronaldo con algo más de inquietudes.
La del vestido hacía los coros y bailaba como sale en la foto, a lo Silent Hill en modo Hipster.

Cuando terminó el concierto de Austra, tras haber sido muy feliz durante ese rato, regresé a la zona de prensa y esperé a la cantante. Un tipo la esperaba para hacerle una entrevista, de las peores que he escuchado nunca, por radio. Algo así:

-¿Qué revistas lees?
Y la tía pasando de todo a lo "pues, revistas".
-¿Y radio?
-¿Radio?

Entonces la pillo del brazo y le digo que lo han hecho muy bien y que vuelvan pronto a Barcelona que prepararé una paella con sangría e iremos a los toros. Sonríe, me da las gracias y se las pira, a su dimensión.

Creo que en ese momento fui al baño y hubo un momento de gran relevancia. Un tío cabizbajo, camiseta negra, ojeras de pez, pelo corto, abiertamente deprimido, mira la cola que hay delante nuestro y suspira.

-¿Qué te pasa?
-Tengo una úlcera y me estoy cagando.
-Joder, pues lo llevas claro. ¿Y por qué no estás en casa?
-Porque la fiesta está aquí-más lógico imposible, y también esta actitud reafirma mi primer párrafo de reflexión profunda-.
-Bueno, yo te dejo pasar.

La cola avanza, pero tenemos un problema. Si yo le dejo pasar y luego entro a drogarme voy a morir súbitamente, porque no quiero ni imaginarme cómo huele un post-shit-style-úlcera. Pero todo se arregla solo porque entramos juntos al baño y le invito a una clencha y luego salga cagando ostias y vamos al césped. El césped sirve para contar escotes, mirar los árboles, fumar pipa, beber cerveza y menear la cabeza.

Deambulamos sin demasiado éxito musical y nos avanzamos para Talabot, no sin antes escuchar a un fucker que pincha en la plaza principal, que tiene sesenta tacos y le da al techno con una solera de chapeau.

Poco se puede decir de Talabot, salvo que mi amigo periodista inglés va megaciego con el M que le conseguí y nos abrazamos y recordamos el festival que nos pegamos el verano pasado en Tomorrowland. La recomendación más sincera que puedo hacer al respecto es que hay que ver a Talabot en directo, a ser posible antes de morir.

Hace calor en el SonarHall pero no importa. Al salir, vamos a ver a la hija de Lenny Cravitz, lo que se puede decir de ella es que está buena y que tiene una voz de lo más normal y que está buena.

Pasamos por mi casa #hiptheraval y ampliamos el festín. Taxi y llegamos tarde a Nicolas Jaar. Entonces vamos a James Blake y pensamos que estaría genial partirle las piernas, porque es malo de cojones.

El Sonar Noche está muy bien organizado, los conciertos terminan siempre a la hora exacta, con dos minutos de margen. Vamos a los Dj que pinchan antes de Hawtin y son un espectáculo techno de luz y de color. Hawtin está bastante atrapado, no acaba de arrancar. Lo discuto mucho con mi colega Mount y le doy la razón. Fumo todo el rato. Nos largamos de Hawtin a por birras.

Los currantes birra-man, que se pasean con una puta mochila de 50 litros por toda la sala, apaleados y acribillados por decenas de alcohólicos, cobran 5 euros por mochila. Hay que tener en cuenta que una birra vale cuatro euros. Así que el tío factura unos 200 pavos por mochila y se lleva cinco. Heavy Metal. Como mucho, se puede sacar unos 100 pavos la noche. Lo que comentábamos antes de la fe en la humanidad, y tal.

Lo flipamos con Squarepusher. Eso es.

Squarepusher pinchando con una guitarra de ruido. Adiós al rock, sí.

Lo flipamos porque el baño ha sido limpio y rápido. Salimos fuera con K y hablamos del futuro. De su curro y de mis movidas y un tipo habla solo al lado, muy borracho, unas frases entrecortadas muy chunguers.

-Me pregunto de dónde coño saca la pasta esta peña para venir al Sónar.
-Ni idea, pero lo jodido es que están aquí cada año.

Entramos ya para Jaques Lu Cont. Sale el sol, suenan temas clásicos de Carl Craig y de otros fuckers más comerciales, pero de eso se trata. Al ser un pabellón exterior tan grande, hay espacio de sobra. Para los yonquies, los guiris, sus padres, los pivones, mis colegas que encuentro que van de M, los flashes, las pantallas, los vasos por el suelo, el sudor, las gafas de sol, las ropas rotas, los móviles sin batería.

Lo mejor de cada casa.

http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust