Llegada al caos spaguetti [3] Stand by antes de petarlo

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Este es el hotel de Radioslave. No el mío.
Mientras los belgas tenían al dedillo el planning del festival al que me llevaron en bandeja este verano, el caos está servido desde mi aterrizaje en Pisa. De Pisa a Florencia hay unos 50 minutos en tren, única opción viable para la organización, rancios. En la estación de tren coincido con la chica lectora de cosas ecologistas y arquitectura. Es maja. Normal. Entablamos una conversación que versa de lo banal a la política, de la política a ciertos puntos de la vida -su paso por Barcelona, la falta de trabajo en su campo, y en todos- y luego le cuento la movida en la que me han metido los macarronis florentinos de su ciudad. Un momento curioso, interesantemente tenso, es cuando los padres de la chica, que lleva viviendo en Barcelona tres años y estudia un máster en arquitectura sostenible, me ven salir con ella del tren. Me presento como si fuera alguien importante en la vida de su hija. Me dan la mano, algo extrañados. 
-La he conocido en el tren. Joder, es una máquina su hija. Y eso que los baños entre vagones son pequeños, pero se apaña la mar de bien. Enhorabuena.
Dicho esto, sentando las bases para una esperpéntica discusión familiar, salgo en busca del coche que me espera. 
El tipo tiene rollo. No es pijo, tampoco ortera -italian style-, aunque lleva gomina y un jersei anodino. Me recibe efusivamente. Me deja fumar en el coche. Está escuchando el fútbol. Florentina-Milan. El es del Milan. Me la suda el Milan. Me la suda todo. Quiero ducharme. Llegamos al hotel tras cuatro infracciones graves con el coche, cosa que me tomo con simpatía y deportividad. 
El Hotel parece bastante potente. Se llama Continental. Amueblado minimalista, sobrio, elegante. El tipo me deja ahí y se larga. Me pasa a buscar a las 00:30. Mezza notte e mezo, o como se llame. Bien. Resulta ser que no hay ninguna reserva a nombre de SR. DUST. Me cago en la ostia. Llamo al spaguetti engominado. Ha habido un error. Ese NO era el hotel. Dicen que me envían otro coche. Básicamente, creo que solo unas rayas y un par de copas pueden sacarme de esta mierda caótica berlusconiana. Tardarán muchos años en superar el crapulismo pachanguero de su jefe. 
Aparecen dos tíos con otro coche. Hola. Hola. Me llevan a hotel. Está más cerca del club. Me lo paso bien cuando alcanzamos la calle de las prostitutas. Es bonito ver un oficio tan extendido y próspero, con y sin crisis. Hace frío. Van abrigadas. Llevan minifalda y medias.
Pasamos esa zona y salimos a las afueras. Hotel Ibis. Es gracioso, me trae bonitos recuerdos. Es donde monté aquella tierna orgía en Berlín. Ibis y discoteca son una buena combinación. Llego a la habitación. Hay pocas cosas para robar. No hay pasta de dientes. No hay jabón en botes robables Solo un bolígrafo. Me dan ganas de romper alguna cosa. Por gastar, enciendo el aire acondicionado al máximo, quiero recrear un ambiente hawaiano en plena Florencia invernal.
Me ducho, llamo a por Internet en la recepción. Me dicen que no se lo puedo cargar a los de la discoteca. Que tengo que pagar. Durante el trayecto, he perdido mi mechero.
El club cierra sobre las 4:30. Me parece que no saben con quien están jugando. Solo hay una manera de que esto salga bien. Y todos estáis pensando lo correcto. Por eso somos tan amigotes.
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