Leer entre rayas a Hunter S. Thompson

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Sus cartas. Diamante en bruto. El tipo estaba realmente zumbado. Esta es mi opinión sobre sus misivas, sus borracheras y sus confesiones.

Si nuestro amigo gonzo tuviese un festivo backstage, un making off lleno de tomas falsas, este se encuentra en el volumen que recoge casi todas sus cartas. Unas 250, así que ya están sirviéndose con calma una buena cerveza o, quizá mejor, un buen rum on the rocks; serán brebajes necesarios para ahondar en lo más profundo del autor de Miedo y asco en Las Vegas.
Mientras que los whatsapp no duran ni tres palabras, y la peña manda currículums casi disculpándose, sugiriendo cosas tan naïf como “por si están abriendo una fase de selección…”, Hunter es, sin duda, el gran vencedor de las parrafadas, la mala educación, la impertinencia y el inconformismo más beligerante. Cada carta [en El escritor gonzo, ed. Anagrama] es un mundo en sí misma: amores, editores, amigos, directores de periódicos, revistas… No hay quien sobreviva a su acidez, a su mala leche y a sus delirios de grandeza. Los amantes de este señor lo tenemos complicado; casi cada párrafo es digno de ser enmarcado. Y, sino, pasen y vean lo que le cuenta a un gentil editor que le manda una nota de rechazo de su Prince Jellyfish. Un tal señor Cameron:

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