Las notas de iPhone

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El siguiente relato está formado por diferentes notas que he tomado en el iPhone a lo largo de los últimos meses. El método es apuntar ideas y/o chorradas y/o chicas del vecindario que necesitan cierto auge emocional para luego juntarlo y samplearlo todo en un relato.

Las frases para esta ocasión son:
-Dónde tirarías algo para quitártelo definitivamente de encima.
-Grey Market (el target de viejos en aumento).
-Todas las generaciones quieren ser la última.
-Plátanos con drogas.
-¿Quién lee hoy a los estoicos?
- Creo que ya es suficiente.
La gente mayor, pobrecita, se marchita en asilos de bajo presupuesto, pagados a duras penas por unas familias que se desprenden de ellos como de los restos de una barbacoa. Están a las últimas. Contemplan desde sucias ventanas la calle, el aire ajetreado que ya no les pertenece. Algunos se abocan a la demencia, incapaces de afrontar una realidad que les aparta a codazos mientras duermen.
Pese a las arrugas, la dificultad de erección, la miopía acentuada, el vómito sobrellevado y la escasez de neuronas, aun se puede vivir un poco. Eso pensaba Flatulence Senior. Miembro destacado de una importante empresa de publicidad especializada en implantes de pecho, ya jubilado y en una "maldita" residencia, Flatulence Senior veía a diario el escaso entusiasmo de sus compañeros de celda senil. Esta gente necesita vidilla, ¿qué coño les puedo vender para que realcen su espíritu?. En efecto, Flatulence Senior creía que en el Grey Market tenía mucho por hacer.
El único tipo divertido de la residencia, con el que Flatulence Senior intimaba a menudo contándose batallitas medio inventadas, era un viejo hyppie. Estuvo en Woodstock y conoció a Jimi Hendrix, hasta fumó algunos canutos con él en el Backstage, rodeados de mujeres de 19 años embarazadas y con cintas en la cabeza y el coño sin rasurar. Hyppie Senior hablaba a menudo de drogas. El LSD, eso sí era un buen colocón y no las mierdas de ahora. Flatulence Senior escuchaba, y su mente tomaba nota...Drogas, viejos...viejos, drogas. Eureka. La mayor inquietud de esta tropa de carne en proceso de descomposición era la falta de experiencias fuera de su rutina de televisión y partidas bizcas al dominó. Flatulence y Hyppie Senior llamaron a un viejo dealer amigo y le comentaron la jugada. Estos viejos necesitan un chute. Ahora ya solo faltaba meterla dentro de la residencia y comenzar a vender píldoras de felicidad. Los viejos tenían la medicación muy controlada, y los enfermeros procuraban así evitar las sobredosis. Había que entrarla de otra manera. El Frutero Junior era un escalón más hacia la felicidad. En una visita furtiva le comentaron la jugada. Hecho, podrían droga en los plátanos.
Lo llamaron estrategia Epicuro, el filósofo hedonista que clamaba por la felicidad hasta la muerte. En la era del capitalismo post-tardío, ¿quién lee hoy a los estoicos? La actividad principal de los estoicos era vivir en pelotas por la calle, clamando por una vida auténtica, sin lujos, libre. En definitiva, los estoicos eran un reducto de frustrados sexuales con poco que contar y mucho numerito por hacer. Unos niños histriónicos sin pasta ni tías ni drogas. La vida es mucho más divertida, señores. Los Hyppies, por ejemplo, una versión actualizada del epicureismo, aceptaron su completa inaptitud para integrarse en el sistema capitalista, sacaron una guitarra, cuatro flores y un pareo, un ukelele y dos libros de Alan Watts y la liaron hasta morir de sobredosis. Ellos, como todas las generaciones, querían ser la última.

Con la llegada de los plátanos LSD, la residencia vivió una revolución parecida a la de 1919 en Rusia, con la diferencia de las luces de neón y las sillas de ruedas haciendo piruetas y los viejos manoseando a las enfermeras y algunos suicidios involuntarios justificados como "¡Puedo volar, soy libre, tengo 17 años!" Un viejo, de 107 años, que llevaba tanto tiempo metido en la residencia que su familia ya no podía pagar las mensualidades, se dedicó a hacer malabarismos con los peces del acuario. Ante el éxito, terminó por comérselos crudos, sin saber lo que era el Sushi, con el correspondiente mérito de pionero culinario. Una vieja, de 98 años, creyó estar poseída por el espíritu maligno de su hija. Terminó por suicidarse y con su sangre dejó escrito un mensaje tembloroso en el cristal del baño: Dónde tirarías algo para quitártelo definitivamente de encima. En realidad, la frase estaba entrecortada y tenía muchas faltas de orografía, aquí se ha reconstruido en su versión mejorada 2.0.

Visto el éxito y el caos, Flatulence Senior y Hyppie Senior le llamaron para explicarme lo sucedido y me dieron la oportunidad de reescribirlo y compartirlo. Le pregunté si habían ganado mucho dinero, y si yo podía participar en el negocio, pero Flatulence Senior me dijo Creo que ya es suficiente.

Congratulations Mr.Vanity, all tasks completed, thank you for playing this funny game.


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