Las chapuzas demagógicas de Risto Mejide en sus charlas sobre liderazgo y triunfar muy fuerte: «El éxito es que los que admiras lleguen a admirarte a ti»

Suelta esto y se queda tan ancho. Y es aplaudido como si esta sentencia —y las tropocientas obviedades dichas anteriormente, condimentadas y teatralizadas ante un público necesitado de dopamina de winner— tuviese algo de cierto y, no solo eso, sino que la frase tan mindblowing es percibida por muchos como la culminación perfecta de toda una trayectoria hacia la cima, de una filosofía de vida. Veamos, chicos, que ya somos mayores para andar con estos cuentos.
Normalmente paso infinito de este tipo de chorradas en las redes, ni tan siquiera las leo, son como una especie de spam intelectual bastante peñazo y adolescente. Pero como voy de reenganche y he grabado un set y estoy de bastante buen humor, vamos a poner algunos puntos sobre las íes y a comentar por qué esta frase es una chorrada de grandes proporciones, sponsored by Mejide Business Selfhelp Industries Del Palo.Y que alguien de supuesta reputación, como él, la deje como última frase de su speech, sentando cátedra y pretendiendo dejarnos iluminados, es una fundida de plomos ridícula urgentemente to avoid.

1. ¿SE LLEGA AL ÉXITO ALGUNA VEZ? 

¡No! Si hablamos con cualquier persona que goza de un reconocimiento —acreditado, influyente en ciencias o artes, por ejemplo— lo primero que nos dirá es que nunca tiene la sensación de confort, de haber alcanzado el éxito. De hecho, la palabra éxito le sonará bastante ridícula. ¿Es un físico tan ególatra como para creerse exitoso sin haber podido responder a, pongamos, estas 125 preguntas? (búsqueda aleatoria en Google). ¿Puede un Dj actual compararse con los épicos inicios de Jeff Mills? ¿Acaso su intención será ser admirado por Jeff Mills? ¿Acaso la electrónica no ha evolucionado tanto que, por mucho que admire a Jeff Mills, este ni siquiera entienda el estilo en el que está trabajando la joven promesa?
Admirar y que te admiren es un simple juego basado en roles de superioridad e inferioridad. O tú me admiras o yo a ti. Se parte de la desigualdad como condición sine qua non para desarrollar el talento y la vocación de uno. Y siempre partiendo de esa palabra tan perniciosa llamada admiración. ¿Acaso no va muy ligada la admiración con una posible envidia, competitividad? Es decir, si admiras a alguien pero no deseas que ese alguien te admire a ti, el camino es bastante sano. Pero en el momento en el que consideras que tendrás éxito si y solo si esa persona a la que admiras te admira a ti, muchos otros estados anímicos, deseos y pensamientos entran en juego.
2. ¿ADMIRAR A SECAS? A CURRAR JUNTOS, COLEGA

Tal y como Mr. Mejide ha planteado la frase, intuyendo su contexto, es curioso detectar lo solitario e individualista que presenta el camino hacia el éxito. Tu vas haciendo tus asuntos, aumentando logros y grados de admiración por parte de los demás hasta que, ueah, el detector de admiración llega al TOP y LOS ADMIRADOS TE ADMIRAN. Ya puedes morir tranquilo.
La admiración mutua, concepto que Mejide, o bien da erróneamente por sentado o bien no contempla, no es una mera cuantificación de logros del otro y una señal de thumbs up.
Creo que se entiende la movida. Y podría seguir alargando el post alegremente, hurgando en esta soez frase con ansias de notoriedad que podría ser de un ambicioso y confuso estudiante de primer año de marketing en una Universidad Privada. Pero la cuestión es que me sabe mal que Mejide, de una frase tan simple y corta, se haya equivocado justo en una sola palabra: lo habéis adivinado, admiración. Se supone que es un experto en tareas comunicativas, vender y dárselas de que provoca un poco y es un tío hecho a sí mismo (la figura del selfmade man muere en los 60 en USA. Y ahora Mejide se la apunta. Spain is different. A nuestro ritmo). Y va y se mete en este embrollo moral tan atrasado, superado por un lado por el taoísmo ancestral (el éxito y el fracaso oscilan y uno no debe aferrarse a ellos ni confrontarlos, sino convivir con ellos, interactuarlos, no ponerles nombre y valorarlos, etc) y, por el otro, por todo el desarrollo ochentero de la Inteligencia Emocional. Goleman y su crew consideran que compararse con los otros en términos de mejor/peor acaba generando ansiedad y frustración (¿cuanta gente a la que admiramos nos tiene que admirar para que podamos decir 'éxito', nos vale 1 tío, 4? ¿100? ¿Cómo sabremos si esa persona que nos admiraba y que certificaba nuestro éxito deja de golpe de admirarnos? ¿Del top al bajón?).
Lo tenía fácil, y también es una palabra muy de moda. Muy ambigua y sobrevalorada. Pero, si la hubiese jugado como cierre, posiblemente este post no existiría y yo admiraría a Mejide como lo que dice ser.
Inspirar, damas y caballeros. Miren cómo cambia el mundo:
«Un motivo de realización personal —eliminemos éxito, realización personal es más naïf y cute— puede llegar el día en el que aquellas personas que nos han inspirado, y a las que consideramos referentes en su particular disciplina, tienen nuestro trabajo en cuenta y les sirve a ellos para hacer mejor sus proyectos, creaciones e investigaciones.»

No me digáis que visto así no da ganas de dar abrazos.
Y hasta aquí mi respuesta serena y sin haber dormido a Risto Mejide. Si tengo que ser sincero, me inspira y admiro muchísimo más a:
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