Las abuelas del futuro

Sí, tiene las pupilas dilatadas.
-Qué hay abuela. Buenos días.
-Hola mozo, pues mira, no sé exactamente en qué calle estoy, por la zona del Fórum, llevo un subidón de la hostia. Saliendo de Razzmatazz con mi grupo del asilo nos han hablado de una supuesta reif que finalmente hemos encontrado. ¡Suerte de Google Maps! Aquí lo pasamos en grande, dándolo todo a tutiplén, no veas que jovencitos tan majos, Espit para todos, es genial. Deberías venir.
-Voy para allá en moto, no lo dudes grandma
-Dabuti, pásate por un badulaque y pilla Voll-Damms, que aquí hay sed y las birras andan caras. Ya sabes que con los putos recortes mi pensión es una mierda, suerte que la aprovecho a tope, on fire.
La rave parece un "ball de bastons", es decir, "un baile de muletas y sillas de ruedas". Los colegas de mi abuela que van en silla de ruedas lo tienen de puta madre, no hay nada como ir borracho y, con la excusa de tu tara física, poder disfrutar de un buen asiento y de un paseo por la sala apalancado, viendo el panorama desde otra perspectiva y notando y gozando las vibraciones de los altavoces en el culo ristretto.
Mi abuela no para de mandarme fotos por whatsapp. "Mira que ojeras lleva el Paco, es un faquer". "Mira el morao de María, está zumbada". "Aquí estamos cinco el baño, pero Carlos José no podía hacer ni una puta raya, ¡jodido parkinson! ¡jajajaja!"
Mi abuela no va a visitar catedrales con su grupo del IMSERSO, van a la catedral del techno, Florida 135, con sus faldas estampadas de flores y sus chaquetas de seda fabricadas en el taller de costura del barrio. Entran en tropel en las salas, como si les fuera la vida en ello. Es lo que tiene haber nacido en épocas de sacrificios titánicos y tener unos hijos que le deben pasta hasta a las papeleras. Las abuelas que sobreviven a sus congéneres gozan de un sabor a victoria que respiran por sus fosas nasales hasta el amanecer. De perdidas al río o, mejor dicho, de pérdidas al váter. Mientras sus nietos sudan por ligar en las fiestas universitarias, ellas aguardan el momento de encontrarse a solas en el backstage con el Dj. Nada de sexo o pretensiones, se la suda, llevan follando toda la vida, ahora toca hablar con el Dj, preguntarle por el último tema, pedirle si se las puede llevar de gira, que pueden hacer de grandmas gogó, para elevar los ánimos del personal.

Y luego, con el Mercedes del '92 de Paco, al descampado, a subir el volumen del subwoofer comprado en Andorra y a mover el esqueleto, nunca mejor dicho. Cuando llega la poli y se encuentra un conjunto de abueletes haciendo la conga, con un par de ellos lamiendo el césped pasados de setas, la estupefacción es tal que prefieren no ver nada, seguir su procesión rutinaria y hacer controles de alcoholemia a los domingueros habituales.

Las abuelas del futuro no leen libros, no miran la tele, utilizan el iPad para juntarse y jugar al Chatroulette con las amigas, a reírse de los penes de medio mundo, y preguntando a jóvenes australianos que fuman cachimba si los canguros son tan pesados e imbéciles como parecen en las pelis de Disney.

A las abuelas se la suda todo. Por eso deberíamos aprender algunos trucos y actitudes de ellas o, como mínimo, seguirles la corriente. Pero ojo, con cuidado, no vayamos a cortarles el rollo on faier.

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