"La verdadera vanidad es subvertir la superficie"

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-¿Quieres que te folle viva o muerta?

El cura había perdido el control. Le sudaban las manos. Al pronunciar las palabras que salían de su boca pero no de su consciencia, se le entumeció el labio superior. Estaba perdiendo la percepción sensorial. Otro Ser le estaba poseyendo. Quizá no el de ahí arriba, más bien el Dios de los bajos. El de los desechos, las raves, las píldoras antidepresivas, el cáncer de próstata, los condones reutilizables. Un Dios nuevo para él. Siempre había esperado la visita de lo divino superior y, mira por dónde, llegaba la visita del sitio inesperado.
La chica, de cuatro patas y con la falda por encima de las rodillas, balbuceaba. Sólo he venido a confesarme-decía entre sollozos-. Padre, fumé un cigarro en la hora del colegio, eso es todo. ¿Cuál es mi penitencia?
Corten.
Vanity se quita la chaqueta de cuero rojo, la deja caer al suelo. Termina de liarse el cigarro sin prisa. Y habla:
-No está mal, un buen comienzo, buena frase. Pero estamos tocando el tema de la religión de nuevo, ya debería estar superado. La mayoría de curas están en el paro por falta de creyentes y la otra mitad en la cárcel por pederastia. Nietszche allanó el camino teórico para terminar con la religión. Y ellos solos ya han hecho el resto. Comprendo, sigue siendo criticable e incluso divertido meterse con estos zumbados, pero no podemos repetir esquemas. ¿O sí?
El discurso artístico de las vanguardias rompió moldes a principios del s. XX, y hasta llegó a ser incómodo para el resto de la sociedad, por aquel entonces puritana. El problema vino cuando la liberación de las formas y las tradiciones artísticas no fue una rebelión en sí misma, tan sólo una democratización del arte, con la consecuente perdida de calidad y la disipación de la disciplina selecta. Por esta razón, con la ruptura de formas y la desaparición de los movimientos artísticos consistentes, ahora tenemos artistas de pacotilla en cada esquina. El arte ya no escandaliza, como mucho puede ser un entretenimiento estético, una postura cool. ¿Es esto lo que queremos? Nuestro querido Kerouac abría un maravilloso camino que, más tarde, la publicidad convertiría en un negocio. Hay más creatividad en la jodida tele que en los museos de arte contemporáneo. Y este es un problema, porque no queremos acabar como publicistas engominados con bambas Converse y un BMW, ¿No es así?. Cierto, lo del BMW no es una mala idea, pero tiene que haber otra forma de conseguirlo. Robando, por ejemplo, o sodomizando a los concesionarios para que proporcionen bólidos a los que nos dejamos las uñas escribiendo.
Unos segundos de silencio, el árbol con el que está hablando, su pilar existencial que visita siempre en épocas navideñas, agita las hojas. La lluvia sigue cayendo, pero el cigarro continúa incandescente. Vanity lanza una oleada de preguntas retóricas.
-¿Debe la vanguardia, en caso de que exista, seguir luchando por la innovación de formas y contenidos? ¿El discurso político tiene aún algún sentido? ¿La moral es cosa del pasado? ¿Lo que queda del arte es, en definitiva, un ejercicio estético plagado de guiños lúdicos?
Demasiadas preguntas para el pobre anciano árbol. Una fina rama se desprende de la copa y cae en un charco. Silencio.
-El desamparo creativo prosigue, la falta de directriz común, unificada y con ciertos objetivos compartidos ha dejado paso a la creación individual, a la personalización de la experiencia artística. Ya no hay movimientos, sólo artistas desamparados que logran hacerse un hueco en un stablishment de lo más mediatizado y el consumidor poco aprecia la autenticidad y calidad del producto. Paradójicamente, esta falta de rumbo y descrédito del artista auténtico ha converido al artista en el triunfador de la sociedad posmoderna. Everybody can be an artist. Todo el mundo hace fotos, toca la guitarra, escribe en blogs, viaja para encontrar su yo interior. La autenticidad de lo creativo no existe, todo son copy & paste y remixes y versiones descafeinadas de épocas pasadas. ¿Cómo separamos la paja del oro?
Corten.
La chica, con el debido escote pactado antes de la entrevista por el manager de Vanity, Karl Straüss, pregunta.
-¿Cómo enfocas tu discurso narrativo ante una sociedad plaga de fakes y sobrecargada de mensajes?
-Cada día, cuando me levanto, me pregunto lo mismo, nena. La respuesta se encuentra siguiendo el camino, es a cada paso y a cada raya (doble sentido) y a cada post que uno entiende lo que está haciendo. Para mí, no hay mejor placer que encontrar a otros de mi especie. Nos reconocemos como las chicas que llevan el mismo vestido en una fiesta (aunque ellas se odien al segundo). Es cuestión de tiempo, la respuesta se está articulando de nuevo. Quizá sea el momento de dejar de buscar nuevas formas, nuevas maneras, y reconocer que el artista situacionista o vanguardista es un modelo a seguir. Querer superar sus logros es inyectarse una dosis de vanidad demasiado tóxica. Por mucho que desde el sistema se promueva lo mismo (la creatividad barata y libre) es cada uno el que debe exigirse el serlo, y no ponerse la etiqueta "cool" y salir a pasear los sobacos para impresionar al personal. Ser artista implica sufrimiento, no es divertido. Hay momentos de lucidez, de interacción, de satisfacción, pero es tremendamente jodido. Es experimentar el dolor, la perdición, la soledad, quizá más intensamente que en una vida común. Dedicarse a crear es un entretenimiento, pero sufrir para crear, estrecharse los sesos, no dormir y sodomizar, esta es la actitud que suele estar, para bien o para mal, a las puertas del acceso al arte no plagiable. El que consiga llegar por otro camino, le felicito.
Respecto a la seriedad de nuestro trabajo: como mucho, algún zumbado que haya leído a Lipovetsky conseguirá ironizar sobre el tema, y reducir el sufrimiento a una burla, pero esto no debe preocuparnos, son efectos secundarios de que lo estamos haciendo bien. Y lo verdadero se reconoce en el Otro. Entre nosotros, nunca nos damos golpecitos en la espalda; trabajamos sin más, por necesidad. Es una manera de vivir. Regresando a las vanguardias, no estamos en el momento para elegir que vida común queremos y cual es la sociedad del futuro que nos merecemos. Pero sí es el momento para trabajar en la dirección honesta y sincera, sin más pretensiones, y el camino se formará a si mismo, y de la unión de drogadictos esquizofrénicos y profesores de universidad y políticos regionales emergerá el movimiento que recobrará el curso perdido. Si Dios los crea, cuando ellos necesitan metadona, se juntan.
-Vaya, no sé si seré lo suficientemente buena para transcribir todo lo que acabas de decir...
-Estás de prácticas, ¿Verdad?
-Sí, no cobro nada. Pero de hecho me apunté a esta revista porque sabía que podría entrevistarte...
-¿Lo ves? Dios nos cría y luego nos junta para compartir nuestras inquietudes artísticas, ¿No es maravilloso?
-¿Es ahora cuando debo hacer el streaptease?
-Bingo.
Soliloquio deconstruído
El arte, ¿Quién fue el listillo que se atrevió a definirlo? Ese es uno de los mayores problemas que acarreamos a nivel histórico. El arte existe, se consume, se aprecia, se valora no por lo que es, sino porque quién lo hace y quién lo consume comparten, hasta cierto punto, algo. Una algo indescriptible, una complicidad, tan excelsa como putrefacta, sin más. ¿Es el artista quién debe hablar de su dirección, a qué movimiento pertenece?. ¿Acaso las olas se ponen de acuerdo para ir en dirección a la costa?
Si pensamos demasiado en estas cosas, nos olvidamos de nuestra verdadera misión, que es muy concreta. El arte, si hay que definirlo, es una unión entre semejantes, a la vez que un excelente mecanismo para separarse de los adictos a las televisiones privadas y a los best-sellers.
Interrupción de la entrevistadora en prácticas:
-Perdone, Vanity, creo que este soliloquio se contradice con lo anterior.
-Te lo resumo para que no te pierdas de nuevo. Por cierto, me encanta tu trasero.
-Gracias, explíquese...
- El arte de las vanguardias, el Dadá y demás sucedáneos, tenían una clara pretensión, una consciencia social y una aspiración colectiva. Se trataba de provocar y subvertir para cambiar algo. Ahora, en el posmodernismo, la provocación se ha vuelto gratuita, como algunos malos conocedores de mi obra creen. No es así, lo que ocurre es que crear de un determinado modo, llamémosle extremo y provocativo, genera complicidades, actitudes, que luego abarcan algo más allá de sí mismos, y transforman el entorno. Como por ejemplo, el otro día destrozaron un Caferrour con pintadas que decían " La verdadera vanidad es subvertir la superficie".
- ¡Qué bueno!-al sonreír y agitarse en la silla, los senos de la joven entrevistadora en prácticas se balancean en un precioso zig zag hipnotizante- ¡ahora lo entiendo!. Muy buena frase, podría ser un buen eslógan para algo.
-Lo sé, este es el problema, que las mentes privilegiadas servimos también al sistema, ya que formamos parte de él. ¿De dónde crees que viene el 28% de visitas de este blog? De publicistas en busca de inspiración. Pero esto es parte del juego. Si tú me has entendido, y encima follas bien, estoy contento. Que IKEA use mi producción para vender muebles a crédito, son sólo efectos secundarios.
Corten.

Fuente Imagen: http://media.aftenposten.no/archive/00946/US-FINANCE-ECONOMY-_946377x.jpg
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