La universidad y el poder kármico

Hoy tengo la primera tarde de clases en la universidad. El miércoles pasado fueron las presentaciones; los profesores se presentan y te sueltan el rollo clásico:

-Hay que venir a clase para aprobar. Aquí ya sabéis que la asistencia no es obligatoria, pero debéis tener en cuenta que los que siempre aprueban son los que vienen a clase. No es una asignatura difícil, aunque para llevarla bien hay que estudiar cada día. Los libros que necesitáis los encontraréis en la librería de la universidad. Bla bla bla.

Algunos alumnos nuevos hablan mientras el profesor detalla el programa a seguir. Son los pringaos que llegan del bachillerato con la misma mentalidad de hacer comentarios graciosillos y fumar porros entre clase y clase. Debido a mi experiencia como estudiante que ha pasado momentos brillantes y momentos lamentables, tengo los sentidos entrenados de tal modo que con solo estudiar un personaje de la clase puedo determinar si durará más de 2 meses en la carrera o lo dejará. Estoy seguro que la mayoría de vosotros también habéis desarrollado esa capacidad. Más o menos como la maruja que se ha tragado las 400 ediciones de Gran Hermano y ya puede discernir qué tía se follará al cerdo cachas recién llegado a la casa.

En realidad, estoy acojonado, llevo varios años en la carrera, y el año pasado lo perdí entero ya que en uno de mis momentos maniacos me dio por estudiar filosofía y le dediqué algunos meses hasta reconocer el fracaso absoluto. Me sigue gustando la filosofía, en plan freelance, pero paso de dedicarme a ello y a estudiar antropología filosófica a las 9 de la mañana. Con lo cual, este año tengo que terminar si o si el primer ciclo de economía, del que me quedan 6 asignaturas: Derecho civil, Microeconomía II, Macroeconomía II, Contabilidad II, Estadística I y II. Bastante coñazo, teniendo en cuenta que soy más bien de letras. Si todo va como es debido, podré empezar el segundo ciclo de periodismo el año que viene. Ya se verá.

Mi problema con los estudios radica en el exceso de confianza que suelo ir desarrollando a lo largo del curso. Sobreestimo mi capacidad y me desentiendo de las exigencias reales que requiere la asignatura. Necesito trasladar mi agilidad mental al terreno académico, aplicarlo sin miramientos y dejarme de hostias. ya va siendo hora. En el fondo, mi formación académica no es indispensable para labrarme un futuro, pero me tocaría mucho los cojones no poseer ningún título universitario viendo como gilipollas integrales y Xulikas y Jennys se licencian mientras servidor se pajea en el baño de la universidad y se salta las clases quedándose dormido en el retrete. ¿Vale la pena hacerlo por eso? No del todo, pese a que ésta competición es un buen incentivo, especialmente en los momentos bajos.

La cuenta atrás ha comenzado. Para este semestre tengo Derecho civil, Microeconomía II y Estadística I. Dalai Lama, ayudame con tu poder kármico.

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