La solidaridad no ha fracasado en los karaokes

Foto-14-04-12-03-06-12.jpg

Nunca verás una chica así en un karaoke. Por eso siempre están tan llenos.

Todos sabemos que los japoneses inventaron el bukkake y el hentai. Y sabemos tienen vidas monacales (sonríen sin motivo, son bajitos y tienen micropenes y microtetas); coleccionan tangas usados de teenagers, que se pueden comprar en máquinas expendedoras en sitios públicos. Inventaron a Pikachu y lo petaron con Gran Turismo y Final Fantasy. Pero una de las cosas más freak que tienen, por si todo esto nos sabe a poco, es la pasión por los karaokes kitsch. Se pasan el día currando, unas 12 horas. Pero los fines de semana se reúnen en estos localitos para cantar todos juntos canciones que deberían estar penadas. Beben sake y se ponen rojos. En este tema, son los jefes.
En Europa, el tema karaokil, como en tantas otras cosas, juega en una liga de tercera regional. Barelona no es una excepción. El viernes, a eso de las dos de la noche, entré en uno de estos bares “musicales” para desahogar mis penas tras mi última derrota en el buscaminas de Windows 97. No sabía hasta que punto visitar un karaoke puede solucionarte la semana. Soy #muyfan de la gente que hace el ridículo para sentirse mejor. Los karaokes son un lugar de peregrinaje para frustrados freaks que buscan sus minutos de gloria antes de la dosis de prozak y la visita al médico de cabecera, que les rechaza por coñazo y les achaca que lo único que tienen es falta de atención y que se compren un perro de una puta vez. De una PUTA vez.
El local, llamado Sing Under la Lluvia, está oscuro y tiene una barra lateral a la derecha con dos camareras perfectamente conscientes de la mediocridad de sus clientes. Caras largas, no especialmente bellas, mala leche, fruto de un evidente mal sueldo y de una repulsión al frikismo imperante de cantantes más que amateur. Yo diría que engrosan las filas del terrorismo musical.
La aparición estelar que presencio es propia de un awkward que haría las delicias de un buen usuario de Youtube. Pelo largo, suciaco, esas greñas con pelo liso y ligera ondulación tan propias de un heavy más deshubicado que un abuelo con parkinson haciendo de cirujano. El heavy sucio, de todos modos, lucha contra sus múltiples defectos sociales y canta un tema indescibrable simulando que toca la guitarra. El truco de la guitarra invisible siempre me ha parecido ridículo, y en esta ocasión supera cualquier otra pésima actuación oligofrénica que haya visto en anuncios de la Wii en horario familiar, volviendo de after.
El heavy lo está dando todo, a su manera. Tiene la expresión de un cadáver, y hace muecas que parecen tics de nacimiento. Canta algo. Balbucea. Sí, es super feliz en este momento. No pensaba que los etelares 5 o 10 minutos de fama Warholianos pudieran ser tan jodidamente necesarios para personajes secundarios de la vida. Gente desconocida batallando por unos desganados aplausos. El bar colabora a crear este clima propenso a la fama fútil y efímera. Hay unas 15 personas, repartidas en tres mesas bajas con sofás oscuros, que ocultan sabiamente la mierda y la escasez de limpieza. El heavy tiene algunos amigos. Miran todos con pasión el libro tocho que contiene decenas de páginas con cientos de canciones. De los Beatles a AC/DC pasando por Amy Winehouse o Bisbal. Un repertorio on fire, que deleita tanto al subnormal profundo como al cazurro habitual.
La tele con los videoclips y los subtítulos y una foto de los Beatles para humillar a la clientela.
La canción del heavy avanza y su implicación guitarrera fake está siendo terrific. Cuando no canta, toca su instrumento. Es como aquella gente que, cuando no sabe qué hacer, fuma para estar ocupada. Está claro, lleva toda la semana esperando esta noche. Su entrada triunfal en una tarima de dos metros, unas lucecitas guarras tricolor, un audio parecido al de un Nokia 3210.
Confirmo que el 95% de clientes-cantantes son feos. Los pivones no cantan en un karaoke, prefieren chillar en la cama, y que las humillen con juegos eróticos. Por contra, el percal que está montando esta gente es una entrega absoluta al NO TENGO NADA QUE PERDER.
Imaginaos un heavy cantando con esta vola a pocos centímetros de su cabeza.
El espectáculo no hace más que continuar. Saboreo cada segundo, incluso los momentos entre canción y canción, en los que los grupillos de gente se miran con complicidad, y con respeto al mismo tiempo. El show no tiene pérdida, pero prefiero descansar del impacto cerebral -el heavy ha matado más neuronas en mi cabeza que dos meses de speed en intervalos de 3 días-, ha sido como un holocausto para mi paciencia neandertal. Voy a la barra en busca de las sosas y amargadas camareras.
-Qué hay, chatiña. ¿Tú no cantas? -apuesto a que tiene que aguantar este comentario gracioso varias veces cada semana, y esto me encanta.
-¿Qué vas a tomar?
-Algo que me aclare la voz, en breve voy a cantar un tema de Frank Sinatra. ¿Le conoces?
-No personalmente, je je, pero es bueno.
-Está muerto. Dicen que fue el FBI.
-¿En serio? Pues yo lo he visto en la tele.
-Sí, suele pasar. Si grabas a alguien cuando todavía está vivo luego lo puedes pasar por la tele y ves esa persona y parece que esté viva. Pero no es real, no sé si me explico, petarda.
-¿Cómo?
-Que la copa ya tarda.
-Perdona, ¿Te pongo un gintonic?
-Que así sea, chochete.
Me quiere cobrar 10 pavos por la copa. No me parece bien.
-Chata, ¿Por qué es tan caro esto? Me has puesto gin de garrafón, y encima me petas la VISA.
-Tenemos tarifas de club nocturno.
-Pero si aquí no me la chupan. Bueno, no sé si tú te ocupas de eso.
-¿Cómo?
-Digo que no veo la razón de peso. Para que sea tan caro, sabes.
-Es toda la instalación, el montaje del karaoke. Es un servicio añadido.
-Parece más un suplicio.
-Sí, tienes razón, en realidad me aburre este curro. Pero era peluquera y no hay trabajo.
-Bueno, ponme la copa que voy a fuera a fumar. Ciao ragazza perraca.
Ya fuera, relajado, sin un heavy que esté mermando mi capacidad auditiva a marchas psycho, me entra el pánico total. A lo lejos, quizá unos cien metros, en la misma acera, se acercan como unos puntos gigantes de colores con patas. El ataque de las gordas del karaoke. Esto se pone demasiado fail. Vienen practicando, es decir, cantando ya por la calle. Los pocos transeúntes que hay a esas horas cambian de acera. Un joven borracho se desmaya. Los cristales de los retrovisores de los coches se van reventando a medida que sus michelines expanden las ondas acústicas. Una mezcla de voz de pito y graves, se turnan. Están on fire. En plan BigMac con música de Happy Meal, pero en modo pesadilla.
UNA GORDA CANTANDO.
Entro corriendo en el Sing Under la Lluvia mareado, copa en mano. La termino en dos sorbos. Trato de esconderme detrás de un sofá, pero está lleno de mierda y paso. No me queda otra, ver el recital grasiento. Mis conocimientos musicales son principalmente techno, con lo que no reconozco ninguna de las canciones que la gente ha cantado. Eso me hace sentir mejor. El suelo vibra, como un terremoto fukushimesco muy local. Como las pisadas de los dinosaurios de Jurassik Park. Vaya marrón está cayendo con las gordas. Y eso que no han pillado todavía el micro.
Las otras mesas las reciben animadas, como si les hiciera ilusión o se conocieran de antes. Lo dicho, el fracaso se reconoce a sí mismo, sin excepción. Igual que los clanes de la Camorra, que tienen sus códigos comunes, los fracasados se confabulan en comunicaciones secretas para identificarse. Qué miedaco.
Suben tres gordas al escenario, moviendo caderas, dentro de sus evidentes limitaciones. El esperpento se multiplica cuando la graciosa del grupo pesca unos sombreros dorados y se los mete en el cuchitril de cabeza de tres toneladas de las otras dos rockstars. Cantan algo de Mecano y me entran náuseas muy serias. Rebusco en mi bolsillo y encuentro una bolsita de Speed restante de mitades de la semana pasada, cuando se presentó una merca rara en una librería pequeña de Gràcia. Me meto una clencha en una mesa de solteronas que en su vida han pasado del vodka con blue tropic y me miran como un delincuente. Las gordas se desmelenan. A tope. Boing boing. Los rebotes del tetamen casi tocan al techo. Y al póster de los Beatles y de María Chutney.
El sombrero que se pone la GORDA.
La solidaridad no ha fracasado en los karaokes. No importa lo mal que lo hagas, porque el muermazo de público apoyará tu esperpéntica actuación siguiendo el ritmo con la cabeza y tarareando el tema que estás destrozando con pasión.
Las gordas, sudando a mares y sonriendo, se sientan en un reservado para siete personas, siendo cuatro y ocupando como diez. Así que sus carnes se mezclan como el bacon y la doble burger del MacDonalds.
Salgo a cantar, no me queda otra, malbaratar el local antes de pirarme cagando leches y sin pagar la copa. Michael Jackson, claro. Los moonwalks siempre han sido mi especialidad, igual que la marcha atrás en la cama. Me coloco una boina plateada y ajusto mis pitillos. Antes de subir a la tarima, hago una ruta por las mesas chocando manos, como hacen los jugadores de basket antes de un partido importante. Obvio la mesa de las ballenas y le doy una colleja al heavy.
Billie Jean is not my lover. Esto es lo que se ve en la pantalla y yo debería estar, supuestamente, cantando. Pero estoy sentado en el taburete de la tarima fumando un cigarro y mirando al infinito. Es muy entretenido contemplar las caras del “público”. Se hace el silencio. Un chico flaco y muy alto, muy motivado al principio por la elección de mi tema, deja de tararear chapuceramente cuando se da cuenta de que está solo. En la tarima se está la mar de bien. Me levanto del taburete y lo lanzo hacia una de las pantallas con el videoclip y las letras llenándose con color fucsia. Tele rota, gritos por doquier. Eso es lo que me gusta, que la gente chille y no cante. Hago unas flexiones dando palmadas, saco un cigarro liado previamente con una puntilla de speed y echo a correr a muerte. Las camareras se preocupan por las chispas que saltan de la tele. Las gordas han aprovechado para saquear la barra del bar. El heavy metal está diciendo:
-Uau, heavy metal.
Es otro de sus momentos de gloria.
http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust