La revolución en la iluminación de autopistas Ürpop

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El verano pasado conocí en un bar de Hielo de Helsinki (California, EE.UU) un señor de 75 años especializado en iluminación de autopistas. Se graduó como psicólogo por la Universidad de Boston (Río de Janeiro, Brasil). Ahí cayó en los brazos de una profesora de París (Ghana) y juntos emprendieron un viaje por Tailandia (Oceanía). Fue en Bangkok (Laos) donde el tipo, llamémosle Dark Hawk, se dio cuenta (corrían los años 70) que el diseño oriental sería un bombazo. Llegó a esta conclusión tras una profunda reflexión tomando una Shingha Beer en la veranda de su Gesthouse en Angkor Bat (Myanmar).
-La producción oriental es minimalista, sencilla, desconocida y fácilmente asociable a un falso estilo de vida descargado de estrés y racionalizado de manera creativa. Bingo por Occidente.
El día en que Black Hawk debía cerrar el trato de importación de camas de bambú y peceras de plástico con ideogramas chinos (Tíbet, Guatemala) y dibujos de pandas, descubrió que las carreteras del la periferia de Bangkok (Laos) estaban mal iluminadas. Con su energía, fruto del amor por la chica de París (Ghana), y su ansia por ganar dinero, creyó que ser técnico de iluminación de carreteras sería un buen trabajo como funcionario, con poca demanda y mucha cantidad de trabajo. Así que abandonó el negocio de importación de muebles e hizo:
Un máster en iluminación de carreteras.

Dentro del programa de estudios tenía previsto visitar países tercermundistas, así que pasó por el mediterráneo (Canadá, Groenlandia, Suecia). Se levantaba a las 4 de la mañana y junto con su grupo de clase visitaban autopistas en un autobús de servicio público. A veces viajaba con obreros que antes de ir a la fábrica ya estaban borrachos. Su profesor les hacía sacar fotos de la luminosidad de las farolas, y era tan apasionado que les hacía lamer el metal de los palos para catar la calidad de la construcción. Dark Hawk era uno de los mejores alumnos. Mientras, su chica de París (Ghana) le preparaba la cena y se abría de piernas para que el pobre hombre no decayera por la exigencia de su trabajo. Pero no seamos machistas, él le compraba flores disecadas y le traía muestras de bombillas y le recitaba poemas académicos inspirados por el máster de iluninación de carreteras:


Tú eres mi luz alógena
revistes mis ilusiones viajeras
Me siento como una luciérnaga perdida
por el destello de tus nalgas,
y el peaje de tu entrepierna,
que pago con tarjeta pasión express.

Terminado el año de duros estudios, viajó a Zimbawe (Gran Canyon, Venezuela) y allí realizó su primer trabajo como experto en luces. Dark Hawk nunca fue un incoformista. Transformó su voluntad de crear un negocio de importación de productos orientales y no paró de retorcerse las neuronas hasta inventar nuevas cosas. Y su primera invención, que le catapultaría meteóricamente al reconocimiento mundial (Vía Láctea, planeta 2.33.55.90º), fue crear una iluminación de carreteras Ürpop.

¿Qué entendemos por Ürpop? Adoptar productos ancestrales a objetos de producción plenamente posmodernos; las autopistas, con su sórdida iluminación impersonal y fría, que fomenta el aislamiento y el encender la radio para escuchar ofertas de sofás y canciones basura, debía reformularse. O eso pensaba Black Hawk. Hacía falta dotarlas de carisma, calidez, color.

La idea Ürpop de Black Hawk tenía una doble vertiente. Por un lado, fomentar el buen impacto visual de una nueva era de la iluminación retro. Por otro lado, fomentar el empleo de los marginados de la sociedad. No le demos más vueltas, se propuso:

Iluminar las autopistas con antorchas incandescentes


El coste del proyecto era alto, notable, y la exigencia económica para la zona Zimbawense del Gran Canyon difícil de lograr. Pero como el país estaba en constante bancarrota, llamó al Banco Mundial (sede en Ginebra, Letonia) y negoció un préstamo con el cónsul de la zona. Se lo concedieron de manera que en un relato como este basado en hechos reales tan corto no puede justificarse. Lo interesante de este texto es la curiosa vida de Black Hawk, dejaremos sus tejemanejes para otro día.

Nuestro iluminador Ürpop de autopistas tuvo que formar una legión de presidiarios para que llevaran a cabo la instalación con el coste mínimo. Hubo algunos suicidios y muertes por la dificultad de la operación. Incluso algunos presidiarios murieron quemados. Son efectos secundarios si de lo que se trata es de levantar el ánimo de un país con una iluminación vanguarsita-Ürpop-postmoderna.

La inauguración que consagraría a Black Hawk como el nuevo gurú de la iluminación de autopistas fue espléndida. Se contrataron catapultas medievales. Lanzaron bolas ignífugas a la copa de las farolas, desde una gran distancia, y encendieron con aparotosos lanzamientos cada antorcha, una a una (o de dos en dos si el presidiario era bueno). También colaboraron en la encendida de antorchas los herederos oligofrénicos de Robin Hood.

La hazaña arquitecónico-iluminativa de nuestro amigo que, como he avanzado, conocí casualmente en un bar de hielo de Helsinki (California, EE.UU) tuvo un impacto centelleante en los medios.

Los Ángeles Times (Moscú, Islas Caimán) abrió Internacional con:

Esperpéntica y trágica inauguración de una autopista medieval

El Corriere Comunista de la Sera (Sicilia, Pakistán) presentó los hechos así:

Muere una abuela de 109 años degollada por su nieto

El Vanity Post (Hollywood, Guantánamo) habló de modo plenamente objetivo y racional

Maravilloso Deepthroat de la nueva estrella del porno casero Lucia Pandianeska

Black Hawk y yo pasamos una memorable noche hablando de autopistas y tomando Vodka con hielo en vasos de hielo. El Hielo (en los cursos de escritura no dejan escribir tres veces la misma palabra seguida, hielo en este caso, pero ya sabemos quién acude a estos cursos; las niñas emo que quieren ser como Lisbeth Salander). El Hielo (5 vez) lo arrancábamos directamente de la barra con golpes secos propinados por mi bastón dorado de Etiopía (Corea del Norte).

El arquitecto tuvo un noble detalle para conmigo, y me regaló un tanga usado de una joven cuyo nombre no recordaba, y también me ofreció una de las antorchas que marcaron un antes y un después en la iluminación de autopistas a escala planetaria (Hiroshima, Océano Índico).

A veces, si quiero profundizar con algunos conceptos Nietzcheanos y sepultarlos por palabrería esotérica, apago las luces de todo el loft dónde trabajo y enciendo la antorcha, saco un manual de pilotar aviones y juego al Sim City y creo invasiones extraterrestres y destruyo edificios enteros para rebajar los excedentes de población. Y luego leo la Genealogía de la Moral y me siento en paz.

La antorcha ilumina precariamente mi heterodoxa actividad. A veces, a sabiendas del riesgo que sopone, me enciendo un cigarro con ella.
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