La nueva frase de moda y Simina Grigoriu: es DJ, bella, buena y es la novia de Paul Kalkbrenner (ahí es nada)

Esta tarde he andado de psicosis post parto. Como no existe este término, lo definiré: cuando creas algo así como una revista digital con un nombre simpático y entrañable, incluso en plan Brain Training de Nintendo DS, y te sobreviene como un subidón en el que no paras de escribir a antiguas amantes comentándoles la jugada.

¿Me recuerdas? Nos conocimos en el parking de Florida 135. Tú andabas de mañaneo y yo recién salía con los pantalones bajados del club acompañado gentilmente por dos seguratas. Hablamos un rato mientras tú lamías unas pastillas raras. Yo, mientras, sacaba el mapa e intentaba entender cómo podía haber acabado tan lejos de mi casa. Bueno, olvidemos lo de aquella mamada rara que quisiste hacerme. Sencillamente quería decirte que he creado un nuevo magazine con un amigo. Por si te interesa. Besos, chochona. 

Y ella contesta al rato, claro.
Ola wapo k ase. ¿Kien ere? ¿te viene al florida l viernes, lo vamoh a deja ong faier.
Está claro que la expresión On Fire ha ultrapasado lo mainstream, me digo, ya está en el Mercadona del lenguaje coloquial. En estos momentos, si quieres parecer un verdadero retrasado en tendencias de, cómo decirlo, frases hechas, solo tienes que decir 'Hipster On Fire'. Así, todo seguido, es como ir en un carro de caballos mientras zumban Maserattis por todas partes. Porque hay un nuevo bólido lingüístico, la frase de ahora es:

The place to be

No es para nada nueva, se puede considerar incluso un remember. Veamos algún ejemplo concreto. Y recordemos, la norma número uno del lenguaje con aplicación Vanity es sacar el término siempre fuera de contexto. Así que, The place to be es de todo menos un lugar.
1. 
Cuando fui a tirar la basura, me encontré a una antigua amiga del colegio.
—¿Qué tal lo llevas, Andrea?
—Pues en el paro.
—The place to be.
2. 
O haciendo cola en el supermercado. Un joven gordo armado con dos botellas de ginebra te pide paso, ya que tú estás comprando como 500 cosas, de las cuales no necesitas casi ninguna. Te pide si le dejas pasar para ahorrar tiempo. Ni de coña. Aquí dónde me ves, flotando con mis auriculares nuevos de Apple, this is my place to be, respondes.
3.
—¿Por qué te has pasado del Speed a la Ketamina?
—This is the place to be.
4.
Pillas un taxi en Berlín a las 2 del mediodía de un domingo. El taxista te mira expectante, aunque ya intuye dónde quieres ir. En vez de decirle que te lleve Berghain, dices «the place to be».
The place to be en la Barceloneta ha sido especialmente intensa esta tarde. Andaba con la movida que comentaba del postparto, tratando de extorsionar a amigos que me deben dinero y drogas para que enlacen Talented Sugar Magazine y, de golpe, mi Spotify cae en un tema llamado Boondocks. Suena muy, pero que muy bien. Como si Paul Kalkbrenner se hubiese convertido en tía, o algo así. Y la intuición es bastante correcta. Aparto con la mirada la ventana de Safari y chequeo la de Spotify.

Simina Grigoriu mientras cae la tarde en la Barceloneta. Joder con el puto #EpicPlaceToBe.
Un extraño feeling, el vínculo con Paul Kalkbrenner. Lo cierto es que no estoy muy al tanto de las movidas del corazón techno. La prensa rosa electrónica me la trae al fresco. Desde que murió Lady Di que he perdido el interés en estos asuntos. Pero claro, el pivonazo de Simina va y tiene un remix de Paul Kalkbrenner. Vamos a Google. Tengo mi monento de Sherlock Holmes en modo borderline. Como aquel gag flojo pero certero de un detective que entra en una habitación tras el crimen y ve un cigarro y dice «alguien ha estado fumando», el ayudante le responde «the place to be, jefe». 
En efecto, salen dándose besitos. ¿La ha enchufado él en el mundo de las estrellas de la electrónica? En el sentido de, ¿es la típica tía que está buenísima y que es una pésima Dj que se curra al famosos de turno y se sube a su chepa? Todo es posible, pero creo demasiado en Paul y sus movidas mentales como para pensar en esto. Y ella ya pinchaba antes de que comenzasen a fornicar. Veamos:

Si luego Paul le ha hecho unos retoques con el Ableton para que la cosa sonase mejor, tampoco me importa especialmente. Pensemos un momento, montemos una tierna historia de amor. 

Ella es una groupie con talento y esforzada. Se conocen en un rooftop berlinés tras cuatro días de fiesta. Paul justo regresaba a la fiesta tras la rehab y después de rodar Berlín Calling. Se levantaron en la misma cama de hotel. Ella le pasó por DropBox desde su móvil un tema que acababa de producir.

Él la volvió a llamar. E hicieron un The Place To Be.

Ojo al temazo.
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