La muerte por el tubo de escape

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En un país lejano de la zona Este del mundo (en un planisferio de proyección Robinson), plenamente desarrollado tecnológicamente y lleno de dibujitos juveniles y bukkakes reprimidos fruto del trauma castrador de la II Guerra Mundial, han tenido lugar algunos eventos de digna mención.

Reproduzcamos el final del suceso y luego reconstruyamos, a modo de flashback acumulativo, toda la historia.
Encendió el motor y no aguantó ni cinco minutos.

Encendió el motor una vez los coches de sus amigos aparcados a su alrededor lo habían hecho, y murió a los cinco minutos. Poco rato antes, el tipo, con su traje y corbata para un día tan especial -iba a morir y lo sabía- colocó desde el tubo de escape de su Poyota una manguera directamente a su ventanilla. Era cuestión de encender el motor y morir al momento por la peste del humo.
Había 10 tipos como él haciendo lo mismo, con una manguera cada uno, a punto para encender su Poyota y reventar el sistema respiratorio con su polución. No aguantaron ni cinco minutos, los alveolos se encontraron con el dióxido de carbono en una cantidad que jamás habían previsto y decidieron abdicar de sus funciones.

Confirmación: han sido reconstruidos los últimos minutos de vida del grupo de zumbados que decidieron suicidarse en grupo convocándolo a través de internet. El blog se llamaba "morir por un tubo", que en japonés venía a ser como "tubokasanmortusushimakibukke".
La iniciativa tuvo buena acogida, y en todo el país hubo varias muertes relacionadas.
Lo más interesante era el trabajo de la policía que tuvo que sacar los cuerpos muertos de dentro del coche y luego llamar a las familias y decirles:
"Mire señora, su marido ha creado un blog con unos amigos para suicidarse en el coche llenándolo de polución."

Y los familiares lloraban, y luego creaban un blog conjunto de "víctimas de los tubos de escape" para hacerse el Harakiri.

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