A la misma hora

-Vamos, dime qué piensas, lo que te venga a la cabeza- su psicóloga trataba de desinhibir, de liberar a Pablo, para que le contara cuales eran los miedos que tenía si dejaba su ordenada y aburrida vida de estudiante de empresariales para dedicarse a su sueño, la escritura.

-No sé si valdría, no sé si sería constante...- Pablo se revolvía en la silla cruzando las piernas, no podía estar quieto.
-¿Has sido constante con las cosas que te han gustado hasta ahora?
-Sí, creo que sí...
-¿Qué más hay ahí que edifica un muro que no permite acercarte a lo que deseas?
-No me lo creo, no confío en que pueda salir bien.
-¿No confías en ti?- ¿Acaso no has arriesgado en algunos momentos de tu vida para seguir una senda nueva?- ¿Y cuando te fuiste a Italia para trabajar durante el verano, eso no fue algo nuevo que podía salir mal?.
- Me gusta leer, pensar, vivir, contemplar, pero no estoy seguro de merecerme una vida así.
-Una vida no se merece, se hace. Cada uno nace en un punto y va avanzando hacia otros a lo largo de su vida, no se trata de merecerlos. La cuestión es dirigirse hacia lo que a uno le realiza, con independencia de lo que hagan los demás. Fíjate en la cantidad de gente que ha decidido dedicarse al arte, a los negocios, a la moda, a la televisión. Hay muchos mundos ahí fuera. ¿Por qué razón tu no mereces adentrarte en aquello que quieres?
- ¡Ahora lo veo claro-gritó a plena voz Pedro esbozando una sonrisa- voy a ser el Cervantes del s.XXI!
- Me parece muy bien, pero nos vemos la semana que viene a la misma hora.
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