La humillación de la chica de los Jeroglíficos

Ella me dice que escribe jeroglíficos y que los publica en una revista universitaria del Norte de Argentina, pagada por la Asociación de amigos de la egiptología sudamericana. Se trata de una serie de esbozos con un mensaje espiritual que sólo pueden descifrar los expertos en el campo y, obviamente, los amigos de la asociación. Me entra sueño cuando trato de imaginar un tipo con los brazos robóticos arqueados y en dos dimensiones con un pájaro al lado también en dos dimensiones y detrás un cofre lleno de riquezas y una pirámide detrás a modo de ubicación tempo-referencial, también en dos dimensiones. Mi interés fingido le llena de ilusión y Marlène sigue contándome animosamente su trayectoria en el mundo de la egiptología. Primero se dedicó a la prostitución en El Cairo. Mentira, no, eso no lo ha dicho. Los psicotrópicos están quebrando mi percepción sensorial. Primero se dedicó a trabajos arqueológicos gracias a una beca. Viajó a Egipto y se compró una linterna frontal de segunda mano. Después coleccionó, en un arrebato Kitsch, pirámides en miniatura. Metálicas, de madera, de bronce, de plástico, con luces y vibratorias. Lleva diadema. Es extraño ver a chicas con diadema, pensaba que era una cosa capitalizada por las emos. Tiene el pelo encrespado.-vengo de excavar, lo siento si huelo mal-se excusa al ver palidecer mi rostro. Me siento como en un capítulo no emitido de Encuentros en la tercera fase. Y todo por poner un anuncio en una página de contactos "se busca chica rasurada para humillar". Le pregunto si lleva algún libro en el bolso. No, responde, pero tiene una reproducción de la pirámide de Keops a escala real. Pienso que esta vez soy yo el que está siendo humillado. Me entran sudores fríos. Debo ir al baño, la cocaína es el mejor antídoto para las situaciones embarazosas. 3 rayas más tarde, regreso a la mesa. La chica rasurada (no pienso comprobarlo) murmura en voz baja palabras ininteligibles. Afirma que está adorando al Dios de la lluvia y el frío, que se ha comprado una chaqueta en el Bershka y como hace mucho calor aún no la ha podido estrenar. Mierda, necesito esnifar de nuevo. Regreso a la mesa. No está. La veo fuera adorando una columna con unos bailoteos bizarros. Me ve y sonríe. Estaba adorando al Dios de la rasuración virginal. No, creo que esto no es lo que dice. Pero ya no escucho. Saco el iPhone y miro mis planes a corto plazo. Tengo una cena en el Hotel Paladium de la Zona Franca. Me encantan los hoteles corporativos construidos en barrios basura. El contraste determina la paupérrima calidad del progreso social. Me gusta su diadema. Saco mi grabadora Panasonic y busco los archivos de la colección de eructos ingleses. Le doy al play. Una compilación de eructos de duración superior a medio minuto resuena en las paredes del local. La chica dice si esto forma parte de la humillación. Le explico que es un mitin político de las juventudes laboristas. Ella cree en el sistema totalitario, como en el Antiguo Egipcio. La Asociación de amigos a la que pertenece está organizando una campaña: "El retorno de los emperadores". Me interesa el tema. Necesitan financiación. Extiendo un cheque por valor de 12.000€. Agradecida, dice que esto es una señal de Cleopatra y se ofrece a enseñarme su vagina rasurada. Agradezco el detalle pero me conformo en que me regale la diadema. Estoy preparando una exposición itinerante con música de John Cage formada por objetos pop. Queda fascinada por la idea. Es fácil impresionar a la gente que no conoce a John Cage. Es hora de irme, tengo miedo de que me hayan rallado el coche en el parking. Normalmente, aparcar en las zonas céntricas es un riesgo a tener en cuenta. Me despido de la chica rasurada y promete enviarme algún ejemplar de sus jeroglíficos. Espléndido. El papel de váter temático es una de mis predilecciones.
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