Flow sin tiempo, en modo "on"

La historia es la que sigue. Llegas a casa, ya sin camiseta (te la has quitado por el camino, al ver a una joven morenaza en patines, y con la camiseta has hecho de torero mientras ella ha tratado de evitarte y ha pagado con sus dientes el zigzag, más amateur de lo que ella pensaba, ante un árbol cuya resistencia al otoño es encomiable). Entonces sacas la ropa de la lavadora. Y ves que lleva tres semanas, ahí, quieta, incapaz de secarse, como en un zulo de un loco austríaco en el que perpetra actos familiares de dudosa aceptación para el vecindario y los telediarios de Antena 3. La ropa, habrá que tirarla. Tampoco supone un especial problema, especialmente desde el día en que decidiste comprar en el comercio justo. Comprar en el comercio justo es, precisamente, eliminar intermediarios. Es decir, robar la ropa del comercio justo y luego mandar botellas de cerveza a los más necesitados. No sé si realmente necesitan cerveza...pero, haciendo un análisis de mi vida muy frío y calculado, deduzco que lo que (yo) más necesito es cerveza, con lo que envío cerveza alegremente a ultramar en pos de un mundo mejor. Eso sí, con mis camisas de franela con cotón bio y colores tintados a mano. Y entonces, tras tirar la ropa por el balcón tratando de apuntar a los clientes de la peluquería de la esquina, abres el ordenador. Hace una semana que no escribes. Síndrome de abstinencia. Ya lo notabas, escribir Tweets resulta hasta cierto punto, luego, si no pasas de ahí, te sientes como gilipollas. Enciendo el iMac, y se enciende con un sonido cuyo sentido nunca he logrado comprender. 2 entrevistas por hacer, crónicas que escribir, colaboraciones que pronto anunciaré, y movidas parecidas, algunas más divertidas que otras. La pena es el tiempo. No lo puedes lograr en el comercio justo y, cada día que pasa, este tema te obsesiona más. Del mismo modo que hace 7 años me interesaba Trotsky, ahora me interesa la gestión del tiempo, las palabras encadenadas, el tamaño de mi pene en modo "stand by" (es decir, no activado, solo preparado para ser usado, pero siempre conectado). Y luego me doy cuenta de que estoy ya vomitando delante de la pantalla cosas con sumo interés, trascendentales, pero puntúo mal por culpa del tiempo. O eso me digo. Y es una pena para el que lee estas cosas tan trascendentales, aunque puedo chutarme una buena y demagógica respuesta. Que viene a ser esta: si vivo como vivo, puedo escribir como escribo, si viviera de otra manera, quizá estaría emulando a Paulo Cohelo en vez de vomitar fantasmas y delirios que, creo yo, son algo más divertidos).

Temas interesantes:
Al fin, estoy leyendo a Pynchon. Es grande, "La subasta del lote 49". Con una violencia sutil (que no deja de ser violencia) la sobredosis de información es brutal, pero soberbiamente distribuida. Los inputs encajan, los derrames del párrafo gotean en tus manos y se pudren en tus sienes. Entre el thriller humorístico, suponiendo que dicho género existe, una señora algo corta trata de cobrar una herencia, aunque no tiene ni puta idea de como hacerlo, cosa que tampoco le importa especialmente. Un abogado con pintas corruptas que, obviamente, me cae genial. Y que se tira a la señora corta (¡spoiler!)
Otro tema interesante:
Últimamente mi fuero interno discute con otro ser externo. Llamémosle R.Ü.A. NO HAY QUE EMULAR SIEMPRE LA MISMA FORMA, JUGANDO CON LA MISMA BASE. Eso es ser manierista, o a esas conclusiones llegamos a altas horas de la noche en un paraíso fiscal rodeados de plantas que emanan gintonics. Esta reflexión -que bien podría partir del párrafo inicial de este post-, que no dudaré en explotar en nuevos textos autoreferenciales y liteflows va a acompañarme un ratito más hasta que, por causas ajenas a la organización, tengo que poner mi miembro viril en modo on. El stand by, ese intermedio en el que pasamos la vida, esperando el momento para encendernos. Cuando nos damos cuenta, nos han cortado la luz, y nos sentimos terriblemente gilipollas. El peliculón lo daban en la casa de al lado.
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