La decadencia Flow de Occidente. Despechos Nietzscheanos y encuentro con el Ohm y la señora ignorada

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Otra cerveza. Otro cigarro. Subo el volumen de los altavoces al tiempo que descubro que un tal Seth Roxler es el acompañante musical perfecto de Spotify para apalizar el teclado una vez más. Con cariño, claro. Cariño sadomasoquista, disfrutar dando latigazos mientras el ajetreo del día retoma su senda de sumisión ante el esperpento literario. Los beats avanzan y dejo que el título que he puesto a este post tome (algo) de sentido.

Una mujer, a la salida del metro, se cae. Se puede ver las arrugas de la vieja contraerse mientras los transeúntes, con vidas muy interesantes, levantan el pie uno detrás de otro con la idea de obviar el accidente. Un jovenzuelo foucaultiano se arregla los cascos del iPod. Su madre esconde los mensajes de su amante (no sabe cómo borrarlos, eso le preocupa soberanamente para el control semanal con la terapia de pareja). Es lo que tienen los móviles nuevos.

La mujer se retuerce por el suelo. Pocos segundos antes era una persona normal. Con prisa, con cosas que hacer, con un sitio al que llegar. Ahora es solo una señora en el suelo, en un sitio que molesta, únicamente apto para aquellos que son pobres o bien van borrachos o bien quieren violar.

Otro trago de cerveza. Otra calada al sendo cigarro.

La ciudad se prepara para la fiesta anual. Es como una diarrea de Prozac que no me apetece.

El día pesa, la humedad se propaga. En Spotify cambio a una sesión de I LOVE TECHNO de The Crookers, live.

Cuando el ser humano no siente compasión por sus congéneres en el suelo, la cosa no va demasiado bien. Es como aquel accidente de moto de un tipo famoso que le pasaron dos veces por encima y medio mundi lo vio y pensó, joder, esto tiene que doler. Y cambió de canal.

No tengo fama de moralista, y mis discursos no son moralizantes. Lo que escribo, acerca de la mujer excluida por su poca pericia al caminar en un sitio transcurrido, no es una denuncia. Es una constatación de algo que viene de lejos. Quizá desde el año 0 de nuestra precaria era.

Esto se acaba, amigos. La lluvia de mierda que cae desde hace algunas décadas encima de nuestras cabezas tiene toma forma rascacielos.

Se acaba en parte. Nada tiene un final eterno, los recomienzos de una sociedad nunca han sido aburridos. Después de romper un plato-decadencia, en otras palabras- vienen las ostias y, al rato, los abrazos rotos. Y, después, la borrachera. Y, después, ostias de nuevo.

Ondanadas de ostias. La mala leche no es algo malo. Es sencillamente una leche dejada fuera de la nevera. En otro estado de descomposición que el ser humano no tolera. ¿Es eso malo?

Centrémonos. ¿Dónde quiero llegar? Una vez más, no lo sé, imagino que mi aim es terminar la cerveza y otro cigarro y escuchar techno y rezagar los dedos por el teclado blanco impoluto de mi Mac. Las aspiraciones de los asesinos en serie son algo más complejas de realizar.

¿Quién me decía hoy que lo negativo atrae a lo negativo?

Ah, sí, creo que era una amiga con la que he comido. Pero estamos en las mismas, sigo sin entender quién es quién para determinar lo que es negativo y lo que es positivo. Contexto.

Dejar a esa mujer en el suelo, tumbada, levantándose a duras penas una vez más en su vida es ¿negativo? Técnicamente NO.

Es decir, si lo importante de un tipo es llegar a su destino con un tema que le gusta en el iPod o bien no pararse por miedo a que le roben dinero, y que la mujer en el suelo no sea una trampa de unos rumanos muy malos, NO es negativo. Si de lo que se trata es de llegar puntual al trabajo, NO, no es negativo. Es más bien una opción, un detalle cordial para con el orden interno y de respeto hacia el sistema y el orden imperante.
Piénsalo bien, si nos paramos a ayudar a esta pobre señora (veo que ya consagrada a ser la star de este post), mientras tanto, con los 2 minutos de atención, 400 chinos habrán producido cientos de camisetas que desterrarán todavía más nuestra economía. Exacto, así que si queremos salir de la crisis no podemos estar ayudando a los caídos. Tenemos mucho trabajo que hacer. Pero...espera un momento; ¿Y qué pasa con el título de este post? ¿Hay decadencia o no?

Es verdad, este post se llama Decadencia de Occidente. Por lo tanto, que esta señora se caiga y nadie la ayude es un síntoma inequívoco de la pésima cultura moral para con nuestros congéneres que hay en estos lares del mundo. ¿No?

Mierda, esto de la balanza miedo llena y medio vacía nunca se me ha dado demasiado bien. Voy a llamar al señor Ying-Yang.

-Señor, esta parte del mundo se hunde a pasos agigantados.
-Claro, pero está gente como tú, que sería el blanco dentro del negro. Escritor, borracho, fumador, que funciona como un virus en los buscadores de Internet, que tiene un póster con una magnum en la pared. Por todo esto, señor, usted encarna cierto mal reconocible para con sus congéneres, que bien están en peores condiciones que usted pero que, por cuestiones de ego y de falta de autocrítica, son incapaces de reconocer. Le señalan con el dedo, le gritan. Pero usted recibe más visitas y luego puede comprarse puros bien cargados de nicotina natural.
-Gracias, amigo. Siempre es bueno acudir a Asia en el momento en que el techno tiene su momento más psicodélico y melódico.
-De nada, un placer. Si quiere realizar otra consulta pulse 5. La segunda consulta tiene un 50% de descuento.
- ¿Y si quedamos para tomar unas copas?
-Para eso tenemos el consultorio Ying Escort. Le traemos una chica desnuda en casa y usted puede elegir si la quiere blanca o negra.
-Joder, veo que el negocio tira hacia el racismo.
-No, amigo, esto es libertad de elección.
-Pero pensaba que ustedes, por el otro lado del mundo, estaban en otro momento.
-Nosotros subimos justamente por la parte en la que ustedes fallan...
-¿Y cual es esa parte?
-Veo que quiere hacerme una segunda pregunta...
-Eso parece, pero no tengo ganas de pagar más.
-Tengo familia y dos hijos. 
- Uno blanco y uno negro, ¿no?
-That's it.
-Imaginaba, bien, ¿y se lo montó con dos tías a la vez o bien lo hizo en días separados?
-Eso ya es la tercera pregunta.

Llamo al señor Ohm.

-Hola señor Ohm.
-Namasté, bienvenido a la cuadratura del círculo. Sí, ha oído bien, todo son conceptos en nuestra mente. Cuadrado, círculo, ya me entiende, es usted un usuario avanzando. Lo cuadrado no se diferencia en el exterior con lo circular. Eso son solo percepciones de nuestra mente.
-Me viene bien el comentario suyo. Justamente estaba debatiéndome en este post etílico acerca del por qué de la decadencia en Occidente y el auge de Oriente. 
-Amigo, apunta usted muy alto por tener un blog tan centrado en la autoreferencia, el sexo, las drogas, la literatura trash. No debería pensar tanto. ¿No se lo dice la gente? Respire hondo, diga Ohhhhhhhhmmmmmmmmmmmm
-¿Hola?
-Ohmmmmmmm
-Shit.

Se acabaron las llamadas al otro lado. Llamo a un número más habitual.

-Señoritas multiorgásmicas, dígame.
-Sí, quería saber si tenían filósofas en su carta.
-¡Por supuesto!-con voz de pito-. Esta noche tenemos existencialistas, apocalípticas, alguna integrada, Nietzscheanas y luego dos analfabetas.
-Mmm, el analfabetismo es una pureza pre léxica de sabiduría espontánea de gran valor...
-¿Se las mando?
-No, no, da igual. Dígale a su amiga, la Nietzscheana, que hable conmigo un momento.

Zaratustra: ¿Sí, dígame?
Vanity: espere, estoy buscando el tema adecuado en Spotify para hablarle. Ya está, creo que este de Kitsuné Compilation llamado With you forever, de Pnau, está bien. Un poco disco ochentas, pero con gracia.
Zaratustra: No hay nada como Wagner.
Vanity: Dios la oiga.
Zaraustra: No creo en Dios, de hecho tenemos que matarle. YA.
Vanity: ¿No estaba muerto?
Zaratustra: No, ahora es pederasta.
Vanity: Comprendo. ¿Y qué piensa de la decadencia de Occidente?
Zaratustra: ¿No quiere que me toque las tetas?
Vanity: No, gracias, quiero que responda a mi pregunta.
Zaratustra: La decadencia de Occidente no existe. Recuerde la Genealogía de la moral, ahora tenemos un grupo de ganadores que ha impuesto sus valores. La competencia, el dinero, la fuerza, los monstercocks, antes estaban otros; no pecar, la sinceridad, la crema de cacao. Ya sabe. Y, a parte, usted está entre el grupo de ganadores, no debería preocuparse.
Vanity: Señorita, verá. Hay dos tipos de ricos. Unos, los que están demasiado ocupados siéndolo. Dos, los que se aburren demasiado siéndolo. Luego, el grupo residual, parecido al NS/NC de las encuestas, se dedica al arte.
Zaratustra: ¿Dónde quiere llegar?
Vanity: No lo sé, he comenzado hablando de que me estaba tomando una cerveza y un cigarro y que una vieja se había roto la crisma delante de mucha gente pero que esta no ha optado por ayudarla...Si saltamos algunas líneas verá que ello me ha llevando a hablar con usted.
Zaratustra: ¿Se considera artista?
Vanity: un panadero hace mejores panes que yo.
Zaratustra: ¿Quiere que me toque las tetas?
Vanity: No, ya se lo he dicho.
Zaratustra: Lo siento, debo decirle la verdad. Soy un robot que tiene respuestas automáticas...
Vanity: Es decir, ¿Que esta conversación tan original y espontánea que he tenido con usted ya la ha tenido antes?
Zaratustra: Claro, ¿No recuerda el mito del Eterno Retorno? ¿No ha visto Matrix, la versión barata de este mito pero con pistolas y gafas de sol que ya están pasadas de moda?

Llamo a mi manager Karl Straüss.

-Karl, ¿Crees que Occidente está en decadencia?
-Me la están chupando, tío.
-No me llames tío, comes gracias a mis derechos, ¿recuerdas?

Me llamo a mí mismo.

Vanity: ¿has visto mi nueva tienda en Amazon?
Vanity: Sí, me encanta, es una gran idea.

Vanity: Gracias.
Vanity: No sé que haría sin ti.
Vantity: Yo tampoco.
Vanity: Te quiero.
Vanity: Yo también.
Vanity: Por cierto, cuida a tu chica.
Vanity: Por cierto, cuida a tu chica.
Vanity's: ¿Por qué hablamos al mismo tiempo?
Vanity's: ¿Porque somos la misma persona?
Vanity's: entonces, la cuidaremos.

Me quedo sin cobertura. Sopla el viento. Decadente o no, frío o no. La cerveza y el tercer cigarro se han fulminado en mi interior. Quizá podría escribir un poema ahora. Es posible. Veamos:

Con un acorde, apurado con una gota de sudor etílica
marcado con las uñas teñidas de negro,
lamiendo las cuerdas con cristal de terciopelo gris
mirando al centelleo de una bola de cristal,
que nunca para de
girar.

Mis dedos se van relajando, el teclado (re) flexiona por primera vez en hora y media. La música sigue sonando. La decadencia, el auge, la mala leche, las llamadas a Ohm, todo se aleja. El castillo de naipes se postra ante la eyaculación súbita del punto y final.

La mujer se levanta, recoge su bolso. Abre los ojos. Sombras. Murmullos. Pasos. Esquinas. Indiferencia.
No llega tarde a ningún sitio. Sencillamente, esta tarde había salido a pasear.

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