La Avenida del Generalísimo

Era la hora de la siesta. En los comedores de las casas acomodadas del pueblo, las pantallas planas de 32 pulgadas emitían el telediario de Tele 5 con el volumen a media voz. Los hombres estaban sentados en el sofá, espachurrados con el café en la mesa auxiliar y fumando un puro. Las mujeres, cumpliendo con su obligación matrimonial, lavaban los platos en la cocina. Todo indicaba que era un día cualquiera en el poblado. La tribu de conservadores, pensamiento hegemónico en el lugar, proseguía su ritual asentado a lo largo de años y generaciones. La calle principal "Avenida del Generalísmo", carecía de transeúntes. Todo era, pues, normal.
En el bar del pueblo que, como no, se llamaba "Paco", los clientes asiduos seguían enzarzados en debatir el paradero de Bin Laden, el exceso de inmigrantes en la zona y la crisis causada por la corrupción de ZP y su conexión con grupos terroristas y con partidos comunistas.

Como salido de la nada, un atronador ruido irrumpió y rompió y desmenuzó la paz ideológica y mental de los habitantes del pueblo. ¿qué diablos estaba pasando?. Una melodía tenebrosa, horrible, a golpe de "bum bum" desasosegó y alteró la cotidianidad de los habitantes.
Los más avezados salieron a ver qué pasaba.
Dos furgonetas Volkswagen de los 80 y un Audi TT circulaban dándo tumbos por la Avenida "Generalísmo", la calle emblemática del pueblo y orgullo local. Generalísmo, con él si que se estaba bien en España.
La furgoneta que iba delante, de color rojo y con la oz y el martillo impresas en amarillo en los laterales, tenía el techo abierto. Ambient sacaba la cabeza con una botella de Vodka en la mano, tirándosela por encima-hacía mucho calor- y dando sendos sorbos. En el asiento del copiloto, una chica con los pechos al aire esnifaba una raya de cocaína en una pitillera metálica. Conducía Androlios (o manolios, ni idea) con las manillas puestas y una bolsa de plástico en la boca.
La segunda furgoneta reproducía el mismo patrón, pero eran Rick Terror y Fag los que sacaban la cabeza por la ventanilla. La furgoneta tenía un estampado Pop con las caras de Mao, Stalin, Bukowski y Lenin en los laterales. Conducía Belalogosis, el único que podía conducir sereno, puesto que no quería morir, ya que tenía novia. De hecho, Rick Terror también tenía novia, pero no tenía carné de conducir, sólo carné de aviador de las fuerzas armadas Latinoamericanas (impulsadas por Lula, Chavez, Castro y él mismo).
Vanity conducía el Audi TT negro, 250cv, llantas de aleación de 17', radio conectada a un iPod touch de 32gb, tapicería de cuero, cristales traseros tintados y la mesita y televisión que quiso tener el President del Parlament de Catalunya valorados en más de 9.000€. Tenía también, un robot que leía en voz alta los libros que Vanity quería. En ese momento estaba relatando "La senda del perdedor".

Fag, probó el nuevo cargamento ruso comprado a la mafia por un precio módico y lanzó una granada al bar de "Paco". ¡Son los rojos! fue lo último que se escuchó antes que el local saltara por los aires y algunas piezas cayeran encima del tejado metálico de la estación de servicio Repsol. No eran los rojos. No sabían lo que eran, quizá los jinetes del posmodernismo, los profetas de la perdición humana, los dioses del posbeat liofilizado.

Pasaron por la Avenida del Generalísimo al ritmo de los eructos que profería Fag, experto en provocárselos y reproducir las vocales. Burp "A", burp "E".
La Lerenda estaba fregando el suelo de su casa, situada en la zona pobre del poblado. Su marido solía emborracharse a eso de las 15h y vomitaba distribuyendo generósamente el contenido estomacal por el pasillo. Las últimas palabras de La Lerenda antes que su frente fuera atravesada por el disparo de un miembro del grupo fueron "A veces ángel, a veces demonio, pero siempre yo".

Había un plan, ocupar la casa abandonada. La mansión, como decidieron llamarle a la hora de trazar la acción, estuvo punto de ser derrocada en su momento para hacer un casino, pero había quedado olvidada debido a la quiebra de los constructores por culpa de la crisis.

Los requerimientos eran variopintos, y rozaban lo utópico con tintes de realidad.

Versaban así:

Fag: muchas chicas del Este, Nestea de Naranja a hectolitros, libros de Bukowski y alguna Xulikàáh17 reXulönA.
Belalugosis: espacio para meditar, una figura de Buda tamaño natural, una estantería gigante con los libros ordenados alfabéticamente.
Vanity: Un jacuzzi, una masajista oriental, un Macbook Air con el programa Live7, una pantalla de ordenador gigante para poder trabajar con Adsense, conexión permanente con las webcams de Youporn, Skype para poder llamar a Beigbeder diariamente. Un poster de Paris Hilton. Varios quilos de cocaína.
Rick Terror: una mesa para autopsias, una radio para buscar señales extraterrestres, una figura de cera de Slavoj Sizek. Una máquina para revivir a Einstein. Altavoces Bang&Olfusen para escuchar grupos trance.

Llegaron a la casa ya perseguidos por la policia. Fag lanzó un par de granadas más que reventaron los patéticos Citröen Picasso de la nacional. Burp "I".

Tenían secuestrado al tal Androlios, Manolios o como quiera que se llame.Él y sus amigotes seudoanónimos o neoanónimos( tíos que escupían al suelor recién salir de la cama) reformarían a golpe de látigo la casa. Empezarían por el jacuzzi, a petición de Vanity.

Cuando estaban dentro, algunos durmiendo (llevaban 3 días sin dormir), entró el cerebro de la operación, la chica Merveilles.

- Os dije que este sitio era de puta madre.

- Tienes razón. Burp "O". Dijo Fag.

- ¿Hay algún restaruante BBB por la zona? te invito- Vanity seguía empeñado en tirarle la caña a Merveilles, especialmente cuando iba encocado hasta las cejas (probablemente lo que quería era tenerla en la cama y decirle "habla en inglés, ponte el perfume fairy dust, y una peluca rubia, tira dólares por el suelo.)

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