Koalas

Llamé con insistencia a la puerta de Anne con los nudillos prietos. Vivía en un tercero. Una finca de los años setenta, sin ascensor. Estaban renovando los apliques de cada planta; había bombillas colgando provisionalmente (esta fase de las obras duraba desde hacía meses).
Anne abrió la puerta. Tenía una taza de I love NY de color blanco en la mano. Su albornoz rojizo estaba atado sin presión, dejando entrever el escote.
La taza de Anne, su albornoz medio desabrochado, su pelo ligeramente despeinado, me aportaron una dosis de normalidad matutina que consiguió serenarme durante un breve lapso de tiempo. Los 3 Diazepan que había tomado mientras subía las escaleras estaban haciendo efecto.
Jadeando, balbuceé un -buenos días-. Fumar un paquete y medio de tabaco al día durante 12 años tenía consecuencias como ésta.
Anne me miró de arriba a bajo, su mirada se detuvo en unas manchas de vino rosado que tenía en mi camisa, yo también me fije por primera vez. ¿Vino?.
Intenté iniciar la conversación mostrándome espontáneo y ocurrente.

-Soy el cartero, tengo una carta para usted- sonreí Mis dientes amarillentos salieron a escena. Noté una punzada, en el labio superior, lo tenía tan reseco que al tensionarlo se cortó. Un sabor salado se mezcló con mi saliva. Sabor a sangre. Anne permaneció impasible, parecía que no había querido escuchar mi gag matutino.
Tenía un saludo mejor.
-Anne, he venido a decirte algo, estoy embarazado.

Ella sabía porqué había venido en realidad. Nos unía un contrato y mis visitas formaban parte de lo estipulado. Mi sustanciosa cuota mensual contemplaba entre 5 y 10 visitas al mes. Si iba menos, no pagaba, si pasaba de 10, me tocaba pagar un plus. Algo parecido a las tarifas planas de teléfono. De 18h de la tarde hasta las 8h de la mañana. Anne estaba disponible las 24h del día. El servicio que me prestaba por mi cuota de afiliado era ocultarme en su casa durante el tiempo necesario. Tenía derecho a té, usar la ducha y mirar la tele y a un ágape.
La policía tenía mi dirección, sabían en lo que estaba metido y de ahí sus visitas rutinarias, para registrar el apartamento en busca de pistas sobre Koalas, Osos Panda, Tigres de Bengala y Pikachus. El tráfico de animales era mi especialidad, aunque importar Sushi de salmón también resultaba rentable y funcionaba bastante bien durante el verano. Lo que no sabían y esperaba que nunca descubrieran era donde tenía el almacén. Evidentemente estaba en una zona industrial próxima al puerto. Después de varias ordenes de registro de mi domicilio haciéndome el capullo, los policías creían que era tartamudo y ante su presencia fingía un nerviosismo incontrolado. Contestaba sus preguntas pronunciando palabras incomprensibles y al poco rato me dejaban en paz. Suerte que no entraron en el baño el día que tenía escondido un cocodrilo en la bañera.

-Pasa- Dijo Anne compasivamente- Tengo café preparado en la cocina.-¿ Qué ha ocurrido ésta vez, Cocodrilo Dundee? ( Anne siempre usaba nombres de protagonistas con especial sensibilidad por los animales; su favorito era Ace Ventura).

–Ésta vez no tiene que ver con animales, me dirigí hacía el salón y me dejé caer en el sofá.- Suspiré y examiné con más detalle las manchas de vino.- Estaba en la inauguración de una exposición de arte contemporáneo y unas chicas bailaban una danza vanguardista, para romper con la tradición de copa y charla banal entre los invitados. Su numerito consistía en bailar moviendo brazos y piernas imitando una gaviota sobrevolando el mar. Rociaron sus cuerpos con vino para simular su muerte por unos cazadores de gaviotas (¿existen?). Ninguna de las bailarinas imitaba un barco de activistas de Greenpeace con un mensaje en la proa tipo “Salvad a las Gaviotas”.
Dejaron la botella de Cune muy cerca de donde yo me encontraba. Tenía una sed de camello. Todo el mundo contemplaba ensimismado la matanza de gaviotas. Bebí a morro hasta la última gota, quedaría una media botella. Bostecé ( que no eructé) y mientras me relajaba y paladeaba el vino de buena calidad, el público rompió en aplausos. El sobresaltó provocó que la botella que tenía entre manos saltara volando con tan mala fortuna que chocó contra un cuadro. La botella se rompió en pedazos . El cuadro parecía obra deJack el destripador. –¡Págalo, Págalo! Coreaban los invitados riendo. Algunos pensaban que formaba parte de la performance de danza. Pero no era así. El artista se acercó a mi indignado.

-2300€, puedes pagar en efectivo o con tarjeta.

- Lo demás, Anne, te lo puedes imaginar- puse los pies sobre la mesita del salón, encima de las revistas con la programación televisiva- Usé mis conocimientos de Ju-Jitsu, que me enseñó Morfeo cuando salí de Matrix. Después de la clásica patada voladora golpeando en la entrepierna al artista, corrí por la pared pisando todos los cuadros que entorpecían mi camino hacia la salida. Rompí el cristal que daba a la calle y te llamé para desconectar de Matrrix otra vez y aparecer en tu edificio de apartamentos. Tu apartamento es para mi algo así como la nave en la que vivía con Trinity.

- Me tendrás que regalar uno de tus Koalas.

- Puedo sacarme la camisa?-me estaba resfriando con las manchas de vino y a parte quería lamerlas para limpiarlas.

http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust