Jecks no es un psicótico

El día en que Jecks pegó a aquella chica de su clase, cuando ambos tenían 9 años, comprendió, al verla llorar retorciéndose por el suelo, que la vida podía ser bastante divertida. Estaban de campamento en una zona próxima a l'Empordà, en una casa rural con piscina exterior. El cielo mostraba un espléndido horizonte primaveral y, mientras, la rodilla de Jecks presionaba la nuca de la chica y sus amigos, fascinados por la violencia amateur de su autoproclamado líder, escupían en su cara. La pobre chica, renqueando, alcanzó a la profesora y le contó el maltrato de Jecks y sus amigos. La joven profesora, que en realidad suplía a la anterior, de baja por depresión, acudió al lugar de los hechos y no halló rastro de los gamberros a los que había que castigar. Por contra, desde los matojos circundantes, comenzó a recibir pedradas en la espalda. Los chavales, entre risas y bastante puntería, destrozaron la columna vertebral de la docente y, de nuevo, acribillaron a la pobre chica que perdió el conocimiento para no recuperarlo jamás.
La vida, pensaba Jecks en ese momento, valía la pena, ¡repartir dolor! Así de sagaz era ya a los nueve años.
Tras el incidente, la joven profesora quedó tetraplégica y con una pensión vitalicia. La chica perdió su vida. El hecho trascendió, el campamento quedó cancelado y los padres se enteraron por los medios de comunicación del inaudito desastre. Jecks y sus compañeros pasaron a disposición policial antes de ser vistos por sus hundidos y estupefactos padres. El autor intelectual del crímen, Jecks, abandonó la escuela y fue internado en un centro para menores. Gracias a las influencias de su padre, lo mandaron a Suiza, lugar en el que pudo gozar de una nueva vida sin crímenes sangrientos pero que, gracias a su talentosa inclinación a la violencia cotidiana, obtuvo el respeto de sus compañeros y profesores. En todo el internado se sabía: el padre de Jecks era uno de los españoles con más dinero metido en el país del paraíso fiscal y, cada día de fiesta, un Porsche Cayenne conducido por un tutor autorizado lo transportaba al aeropuerto para viajar a España a ver a la familia. Su padre, en realidad, era el único que no veía en su hijo ningún tipo de problema mental ni tendencia psicótica. Todo lo contrario, entendía perfectamente lo que era vivir en un mundo violento y competitivo. Esperaba que pasaran los años para poder iniciarle en los negocios de la familia y convertirle en el nuevo heredero de su fortuna.
A los 16 años, Jecks se inició en la prostitución. A los 18, en la cocaína. A los 21, en los negocios de su padre. A los 23, conoció a Vanity y le contó su vida y éste no tuvo más remedio que celebrar su gran peripecia vital y relatarla con cariño y respeto.
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