Japón en Barcelona

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Sushi, pescado crudo, Maki, Pokémon, Hentai XXX. El Japón en Barcelona nunca había estado tan cerca. En el fumadero de opio Municipal, mi amigo Atori San me comentó:

-Puedes venir a vivir a mi casa, tengo una planta libre donde podrías acomodarte y dedicarte a escribir y a repasar los apuntes de Foucault que nunca terminas debido al exceso etílico. Obviamente, podrías traer a tus amigas del club de Yoga Porno y a los colegas de la secta.
-Es un honor recibir tu invitación, la tomaré en consideración. Valoro tu sentido de la amistad nipona y quiero conocer a los robots de Sony que limpian tu casa y se sodomizan mútuamente para pasar el rato. Será también interesante jugar a la Wii con tus vecinas.
-Sí, especialmente esas chicas del instituto tan hábiles con las manos y los mandos que vibran.
-¿Podré pintar las paredes de negro?-doy una senda calada a la pipa y pongo los ojos en blanco, o eso me creo.
-De negro, de colores hyppies, de azul cobalto. Podrás traer las pirañas, el koala que tienes en una celda en el puerto de BCN.
-¿Y traficar con órganos?
-Tengo una nevera a tu entera disposición.
-Gracias Atori San, voy a consultar el I-Ching en el iPhone para recibir su consejo electrónico.

Pulso la pantalla táctil. I-ching Lite dice algo así:
La solidaridad (El mantenerse unido)

La imagen

Sobre la tierra hay agua: la imagen de la solidaridad. Así los reyes de tiempos antiguos otorgaban en feudo los diferentes Estados y mantenían trato amistoso con los príncipes vasallos.

El dictamen
La solidaridad trae ventura. Indaga el oráculo una vez más, ve si tienes elevación, duración y perserverancia; si es así no habrá defecto. Los inseguros se allegan poco a poco. El que llega tarde trae desventura.

-El I-Ching dice que sí, que le parece muy bien la idea.
Atori San sonríe y le toca el culo a una camarera bajita.

Salimos del antro y montamos los caballos para ir a pasear por la playa. Desde las alturas de un caballo veloz se contemplan mejor las chicas en topless. Pienso en París, el lunes aterrizaré como si nada en la ciudad del amor y la bohemia. Aunque no queda ni amor ni bohemia, los souvenirs kitsch de la Torre Eiffel con luces láser siguen siendo enternecedores.

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