Jack in the jail

En la cárcel aprendió a traficar con cigarrillos. El colectivo gay de su pasillo le tatuó el culo con hierro caliente, esnifaba yeso de la pared. Jack pasó unos años en un oscuro pozo, recluído por haber violado a una abuela de 93 años, por calentón irrefrenable que tuvo en un autobús de la zona yonki de la ciudad, sodomizada por un gran centro comercial con más de 400 tiendas y unas 20 Jennys embarazadas de varios meses, ahorrando para el BMW de su marido, repartidor de congelados en la otra punta de la ciudad.

Habían pasado dos décadas, y por fin Jack era un hombre libre. Se atenuó su pena porque la mujer murió de alzheimer y no recordaba nada de lo ocurrido, hasta dijo que era su amante y que había sido todo voluntario.
Al salir de la cárcel, se tomó una cerveza en el bar de la esquina, y rascó cuatro perras para la máquina de tabaco.
No tenía casa, así que se fue directo bajo un puente a meneársela entre los hierbajos. Paseó por la ciudad durante varios días, buscando empleo pagado al negro o pidiendo algo de limosna con el cartel "e ma trite roba que pedi".
Pese a su desesperación, su vida estaba a punto de dar un giro casi maternal, que devolvería a su reseco corazón pulsaciones alegres y rítimicas, como mariposas aleteando alrededor de dos mujeres desnudas y tocándose(?¿).
Al salir de un baño público, dónde estuvo esnifando algo de crack robado a unos gitanos-que sin duda irían a por él en breve- vio un grupo entrañable de chavales cogidos de la mano, cantando canciones con una letra inocente, casi religiosa. Eran unos boyscouts, lo supo por su bufanda, de dos colores, igual que en las pelis porno "dirty girls in the mountain".
¡cuánto amor tenían estos niños y niñas! ¡qué inocentes eran!.

Colocado y con el subidón de crack, se acercó a un chico algo mayor que era el responsable del grupo.
- Qué maravilla de niños, qué ángeles...
- Disculpe señor, tenemos prisa, estamos llegando tarde al teatro, veremos una función.
- ¿puedo acompañarles?, no tengo dinero pero me apañaré.

El pobre chico era muy sensible a los desamparados, trabajaba en un centro de reinserción y vio que este hombre con cara rojiza y hecho polvo necesitaba su ayuda.

- Está bien señor, venga con nosotros, confiamos en usted.
- ¡gracias, gracias!

Ya en el teatro, Jack se durmió. Despertó con los aplausos y rodeado de las sonrisas de los niños, extasiados ante tal representación.

Jack entró en el centro de reinserción. Decidió escribir su experiencia y abrió un blog: Jack in the Jail, que tuvo un éxito impresionante y le catapultó a los 50$ anuales por publicidad de Adsense.

Ahora vive con una modelo rusa de 14 años, profundamente enamorado y con ganas de reproducirse en breve, para llevar lo antes posible a su hijo a los boyscouts.

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