Ir de museos. Matar en los museos.Live from my iPhone.

Los museos están bien. Espacios diáfanos, limpios. Es fácil robar en su tienda de souvenirs. Desde fundas para móvil, pasando por imanes o la poco consultada sección de libros de arte. Luego están las familias de guiris que van con hijas aburridas que deambulan con sus faldas y se sientan en cada banco de cada sala y tienen unas piernas que complementan la sobriedad de la mayoría de cuadros.

Pero no todo es tan ideal como parece. Siempre hay un problema. Los yonkis de los museos. Sí, estamos hablando de la gente mayor. Esos cuerpos deformados, barrigas imposibles, chanclas bizarras y vestidos de flores con escotes nauseabundos. Los guardias de seguridad dan por perdido el intentar hacer silencio, ya que como esta tropa senil no se entera de nada de lo que dice el otro se ponen a gritar entre ellos. Comentan cosas como "ay, qué cuadro tan grande. Se parece a la casa de mi tía. Ahí pasaba el verano de jovenita, cof cof, y me daba tostadas y leche de granja. ¿Qué hora es? Tengo sueño. Me duele todo. Vamos al café. Voy a llamar a mi nieta. Señora, ¿El baño? Es la próstata, ya sabe. A esta edad, cof. Burp.
Realmente, llegar a viejo es un #epicfail (contexto para ampliar la comprensión del texto. Epic fail se usa como hashtag en twitter para señalar irónicamente un desastre, algo entre ridículo y lamentable. Un error, una cagada como tirarte el café por encima en tu primera entrevista de trabajo, y luego tener gases en el ascensor de las oficinas del banco, delante de tu banquero que va a embargar tu casa).
Y, lo peor de llegar a viejo, es la muy preocupante la adicción a las audioguías. Una voz motivada de chica 'fresca pero culta' y normalmente con bastante morbo que no para de soltar coñazos en una especie de walkie talkie deforme. Ves viejos con el volumen parecido al mainstage del Sónar poniendo cara de rictus, tratando de entender en qué año se pintó el cuadro y por qué. Y tal.

Entonces es cuando entra en juego 'la hostilidad de la supervivencia ante el áspero desierto de Lo Senil'. Codazos, pequeñas zancadillas, tirones de bolso, pequeños hurtos. Sí, por muy pesados que sean los viejos, siempre es posible vaciar una sala de un museo, tumbarse en el suelo. Pasar la resaca, sacar un par de fotos. Poner a Talabot en los cascos y prepararse para robar el catálogo de la exposición.

http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust