Inquietudes sobrevenidas

La sensación que tenemos al pasar página de nuestra novela vital es una incógnita en sí misma. Puede oscilar entre la euforia y el pánico, la jovialidad y el miedo. Muchas veces es una mezcla de todo ello. Contradicciones emocionales que se superponen en nuestra rutina y desestructuran lo anterior y estructuran el posible futuro. El pasado se queda en un tren y hacemos transbordo hacia un nuevo destino. Pocas veces pasamos página queriendo. En realidad, dejamos nuestra novela encima de la mesa de un café concurrido y el propio vaivén y ajetreo de la gente produce el viento que pasa las páginas y abre nuevos capítulos ante nosotros. Así es la vida, ese libro que no sólo escribe nuestra pluma. Somos los protagonistas y a veces escribimos algunos fragmentos de nuestro puño y letra, pero, ¡fútil deseo el de aquel que trata de borrar o quitar o cambiar las demás huellas que circundan al protagonista!
La vida y su libro nunca llegan a ser un best-seller ya que, a la hora de repartir los derechos de autor, no quedaría ni un centavo para todas las manos escritoras que merecen reconocimiento.

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