'Inmune' de Almudena Vega: el crudo abismo en 19 poemas

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Inmune, Almudena Vega y Sonia Márpez (fotografía), Ediciones En Huida, 2015.

Cuando Almudena Vega me escribió para pedirme que hiciese el prólogo de Inmune respondí con un sí rotundo, halagado y desconcertado a partes iguales, ya que un prólogo siempre exige una tremenda responsabilidad por muy onfireista que sea uno. Me mandó la versión más actualizada por mail y recuerdo que la leí del tirón, atrapado también por el trabajo fotográfico de Sonia Márpez. El artefacto que acababa de perforar la pantalla de mi ordenador ardía y, todavía no sabía cómo ni por qué, me sacaba de mi zona de confort y me mandaba a un territorio inhóspito y desolador.

—Por eso te lo mandé —me comentó Almudena en nuestra segunda conversación respecto al tema—, creo que va con lo que escribes. Y tenía razón, vaya si tenía razón.

Inmune de Almudena Vega * Vanity Dust

Desde la primera lectura, hasta que un día entre semana, a primeras horas de la madrugada, terminé el prólogo, comencé a dormir mal. Revolviéndome en la cama, en el sofá y en alguna que otra noche electrónica, intentaba racionalizar, entender exactamente qué tenían esos poemas para provocarme esta oleada de pesadillas killer. Y no había manera de lidiar con ello, de resolver esta sobredosis de sensaciones oscuras en forma de versos arrolladores. La cuestión, cuando finalmente me senté a escribir y a afrontar Inmune, fue dejar de intentar comprender su mensaje para centrarme en aceptar y resistir el golpe en el estómago como un fakir aguanta implacable las pruebas que decide marcarse, a cada cual más salvaje.

Almudena Vega y Sonia Marpez * Vanity Dust

Y fue así, fascinado por este nuevo chute de adrenalina, como un pirómano que cruza corriendo una cortina de fuego estallando de placer kamikaze, que resolví lo mejor que pude el texto. Podéis leer aquí el prólogo de Inmune si os sentís lo suficientemente interpelados y bien dormidos como para ponerlo todo patas arriba y comenzar la purgación. La inmunidad ha sido puesta a prueba y, creedme, merece la pena perderla, especialmente si de lo que se trata es de situarse, al final del trayecto, en una realidad mucho menos artificial y sin filtros de colores que aspiren a mejorarla sacrificando, con impostura y frivolidad, tanto su crudeza como su ingente poder liberador.

Inmune

Almudena Vega — blog

Fotografías de Sonia Márpez

Ediciones En Huida, 2015.