Infusiones y ponencias

Me duele el cuello, joder. No creo que sea la cocaína, hace tiempo que estoy limpio. Bueno, en realidad sigo traficando, quiero decir que las dosis que tomo ahora son solo en eventos sociales, en los baños de galerías de arte o debajo de las mesas en salas de conferencias, para cumplir con el protocolo, ya sabéis. Cada vez me cuesta más acudir a presentaciones y conferencias como ponente. Miro al público y veo chicas sonrientes que buscan el contacto visual para morderse los labios y recordarme que más que mis libros quieren mi polla ondeando en su boca. Los tíos ponen cara de atención y concentración, como si estvuieran pensando profundamente en lo que se dice, creyendo que en pocos meses serán ellos los que den la charla. Es deprimente, por eso cuando luego me concertan una cena con un editor extranjero que ha venido para renovar contratos, trato de emborracharme y manosear a las camareras, y contarle que estoy en medio de un nuevo libro, y saboreo cómo se ilumina su arrugada cara y me avanza un cheque para que "write as much as you can!". Por pura probabilidad, si el editor pesa más de 80kg, su mujer será fea, así que es más fácil convencerlo para irnos de putas. Los ingleses son más dados a los bukkakes, aunque más de una vez he tenido que pagar yo el extra, ya que consideran que será un gasto difícil de blanquear en su editorial. Comprendo, no todo el mundo tiene la suerte de trabajar en una editorial española. Fellagrama se ha convertido en una editorial para jubilados, tienen un gran fondo pero a nivel contemporáneo publican chorradas, con escasas excepciones. Haber decidido publicarme forma parte de su estrategia "lectura joven", algo así como lo que ocurrió en los 80, toda una generación con ganas de hacer y decir cosas. Como decía, me pagan las putas. La situación actual no es asemejable, ahora hay una cantidad escandalosa de decrépitos personajes que ansian tener algo que decir, mas llenan páginas de bazofia facebookiense creyendo que ilustran a sus fieles. Por ello, los que sí conseguimos elevar nuestra mierda-que no deja de serlo, claro está-por encima del basurero dominante podemos considerarnos entre afortunados y malditos, con el consecuente derecho a hacer lo que nos plazca.
Joder, me sigue doliendo el cuello, probaré con una infusión de marihuana.

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