¡Inédito! Noah Cicero y dos nuevos poemas: 'La verdad indecible' y 'Jesucristo en Wal-Mart'

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Pocas veces tiene uno la oportunidad de contar con una exclusiva de este calibre: publicar en súper première dos poemas inéditos en castellano de Noah Cicero (bio). El prolífico y aguerrido escritor norteamericano está en un momento altamente #epicwin, y también en España. Justo ahora, su novela Pórtate bien acaba de ser publicada por la intrépida editorial Pálido Fuego. La solvente labor de esta traducción que aquí presentamos, los poemas La Verdad Indecible y Jesucristo en Wal-Mart, es obra de Sergio Espinosa, suyo es el mérito de que estos dos poemas aparezcan publicados por primera vez en castellano right here, right now.

A nivel personal,

¿Por qué la poesía de Noah Cicero me resulta tan tremenda, hilarante y reveladora

Valoro, siempre, el sentido del humor en la poesía. No me refiero a hacer chistes o comentarios graciosos acerca de tal o cual cosa. Pienso en ese extraño don de no tomarse demasiado en serio a uno mismo, de saber jugar y retorcer con sutileza y cierta coña tanto lo narrado como la visión del propio narrador-autor. En otras palabras, el que un poeta no se crea el nuevo Baudelaire, maldito, chungo y sentío, me reconforta plenamente. Y Noah Cicero maneja a voluntad su propio personaje dentro de los textos, se parodia a sí mismo, y sabe llevarnos por dónde le plazca, ya sea a un supermercado como Wal-Mart o a un recóndito paraje de Corea del Norte. Las normas las pone él para transgredirlas acto seguido, para dejarnos con una sonrisa incrédula y con ese extraño y complejo toque de humor absurdo que podríamos atribuir a los koans zen. Sus motivos son tanto religiosos como pop, en su versión más laxa y desenfadada, su sentido del humor es tan oriental como inteligente, y sus versos nos enganchan tanto como el best-seller que nunca ha querido escribir. ¿Suena bien? Espero que sí. Nos vemos en el Wal-Mart.

 

Noah Cicero * Vanity Dust

 

La Verdad Indecible

 

Noah meditaba

en su porche de adobe

al noroeste de Las Vegas

 

Cuando un hombre llegó

volando en una nube.

Era Jeon Uchi.

El mago taoísta que vive

en el Monte Taebaek.

 

Se llevó a Noah a Corea del Norte

y lo sentó en un tatami en el Monte Taebaek.

 

Jeon le dio a Noah una taza de té.

 

Noah le preguntó

Cuál es la verdad más indecible.

 

Jeon Uchi respondió: “Qué es

una verdad indecible, sino una verdad

que todos saben pero nadie quiere oír”.

 

Noah intentó beberse el té, pero

quemaba.

 

Jeon Uchi continuó:

“Norman Mailer apuñaló a su mujer,

David Foster Wallace compró una pistola para matar a un tío,

William S. Burroughs disparó

y mató a su mujer. Kerouac

le enviaba pagas a su hija,

pero no quería verla. Toda esta gente

 

era gilipollas.

 

Amaremos a los otros

por muy mal

que se porten con nosotros.

 

Perdonamos a los otros aunque

no nos pidan disculpas.

 

Sin redención

ni penitencia.

 

¿Por qué amamos a los otros?

¿Por qué perdonamos la maldad?

La estupidez

La superficialidad

Los motivos más oscuros.

Perdonamos

porque estamos unidos,

nos conocemos desde hace tiempo,

nos llamamos familia o amigos.

Queremos follar.

Porque nos entretenemos.

 

Hasta perdonamos a los pederastas

si hacen buenas pelis.

 

La verdad indecible

es que necesitamos leyes escritas

con orígenes místicos

con armas

que nos contengan.

 

Porque también

perdonamos a nuestros amigos

y a nuestra familia. Nos ponemos en su lugar,

hasta cuando sabemos

que se equivocan, y mienten.

 

El mundo se hundiría

en un caos sin ley

no porque seamos

bestias salvajes, sino porque

perdonamos tanto.

 

El té de Noah ya no quemaba

y se podía beber.

 

Noah Cicero * Vanity Dust

 

Jesucristo en Wal-Mart

 

Noah Cicero fue a Wal-Mart

a por una receta médica.

 

Mientras caminaba por Wal-Mart

iba notando el cansancio causado

por el ansiolítico de la mañana.

 

Pensaba en el suicidio,

no tanto como para llegar a matarse, pero

si un mágico viento lo hubiera elevado

y se lo hubiera llevado a un cielo

de la luna Europa, no habría

opuesto resistencia.

 

Entre aquellos productos paseaba

un hombre con tatuajes de prisión,

los dientes marrones y una camiseta

con agujeros.

 

El hombre no iba a la moda, probablemente

no sabía qué era American Apparel

ni era capaz de manejar un sistema operativo. Seguro

que su casa estaba sucia, probablemente

no se había bañado, jamás.

 

Dijo: “Eh”

Noah se dio la vuelta: “¿Yo?”

“Sí, tú, Jesucristo me ha dicho

que necesitabas ayuda”

Noah no dijo nada.

El hombre intentó rodear a Noah

con el brazo, pero Noah dijo

con voz nerviosa: “Por favor,

no me toque”.

 

El hombre con los dientes marrones

dijo: “No es para tanto, pronto todo irá mejor”.

 

Noah respondió:

“Qué horror,

esto parece una pesadilla”.

 

El hombre con los dientes marrones

miró a Noah a los ojos y le dijo:

“Todo irá bien”.

 

Noah quiso gritar:

“Pero el dolor está en mi cabeza

y no puedo salir

de mi cabeza”

 

El hombre se fue

y volvió

a su sucio piso.

 

Noah Cicero se sentó en el coche,

con los ojos tristes, dijo:

“¿De verdad estoy tan triste?”, recordó

a todos los que habían tratado de ayudarle

en los últimos seis meses: Bernice, John, Wanda,

Nicky, Sara, Haley, Cameron, Keegan, Mani,

Paulina, Asia, Dana, Samantha, etc., etc.

 

Pero nada funcionaba:

Noah estaba tan jodido

que el mismo Jesucristo había tenido que enviar a un tío

con los dientes marrones para informarle

de que su depresión debía terminar.

 

Se puso las manos en la sien

y dijo: “por favor para

por favor para por favor para

este ruido”

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© de los poemas, Noah Cicero

© de la traducción, Sergio Espinosa

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