Incidente escatológico con llantas de aleación

El terror ante lo desconocido es parecido al que Mike sintió cuando tiró de la cadena y el zurullo que tantas almorranas le había causado producir no se fue por el agujero del váter. Había visto esta escena en algunas películas y una vez un colega le explicó algo parecido. Y ahora se preguntaba si tener dinero no funcionaba para evitar este tipo de incidentes.
El agua se acumulaba alrededor del excremento y subía de nivel por momentos. Inquieto, desconcertado, borracho y con el pánico invadiendo su dignidiad, cometió el peor error posible: volver a tirar de la cadena. La chica de la minifalda sin bragas le esperaba sentada en la mesa, terminando su ración de caviar con una baguette fabricada en el Perigord por una micro empresa de slow food. Mike estaba aturdido y mareado por la pestilencia de su producto interior bruto, no entendía como cuidando tanto su dieta olía tan mal. Las primeras arcadas fueron un nuevo incidente que complicó la situación. El chorro de agua sobresalió del inodoro y le manchó sus zapatillas Gucci y también pringó sus pantalones, arrugados en el suelo.
Llamaron a la puerta del compartimento. La súbita invasión de un tercero le asustó y pegó un salto hacia delante. La suela de goma de sus zapatos resbaló. El impacto de su nuca contra el escamarlán dorado que servía como posapapeles le dejó inconsciente. Despertó a los dos minutos, cuando el líquido denso que emergía del váter le golpeaba las sienes y se filtraba por sus orificios nasales.
Le sangraba el cuello. La sangre se mezclaba con el vómito y la mierda. También le dolía una rodilla. Sacó el móvil para llamar al concesionario y pedir unas llantas nuevas. Necesitaba comprar lo que fuera para dejar de pensar. Volvieron a llamar a la puerta. Esta vez escuchó dos voces hablando entre sí.

-Huele a mierda, viene de aquí. ¡joder, el hijo de puta ha cagado fuera! ¡está saliendo mierda de debajo la puerta!

Renqueando, Mike logró abrir la puerta del compartimento. Una oleada de mierda con sangre y vómito invadió el resto del baño hasta alcanzar el de mujeres. La cañería que debía tragar con todo el material escatológico se rompió por excesiva concentración de masa de dudosa consistencia y, no sólo resurgió lo poco que había absorbido del producto de Mike, sino que también salieron a la luz todos los zurullos acumulados a lo largo del día.

-Llantas de aleación, claro, 17' mínimo. Doradas, como si fueran para un Subaru Impreza 555.

Y luego, Mike quedó sepultado por su propia mierda y la de 25 hombres más. El último regusto de su boca fue el de caviar putrefacto con una baguette del Perigord fabricada por una micro empresa de slow food. Su novia también había ido a cagar. En realidad, fue ella la que atascó el sistema de alcantarillado. Pero Mike murió sin saberlo, con unas llantas de aleación de 17' en camino.

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